Entrada 21 – Seija

Tripulante Seija, Equipo de Investigación, meteoróloga
Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Comunicación lanzadera 3 – Laestisa II

– Supongo que sabes que las comunicaciones entre la lanzadera y la Laestisa se graban, ¿verdad?

– Pues claro, Miska. Pero me he cansado de estar fuera, prefiero hablar aquí dentro.

– ¿Y por qué no hablar a través de tu intercomunicador? Sigues estando dentro de la lanzadera.

– ¿Qué más da? Debería tener el dichoso aparato puesto, y me apetece estar sin nada encima.

– Ya…

– Bueno, háblame.

– Seija, ¿estás bien?

– ¿Por qué no iba a estarlo?

– Normalmente eres tú la que habla.

– Tenemos poco tiempo. No sé qué decirte, solo quiero estar distraída.

– ¿Por algún motivo?

– Hace frío. Llevo mucho tiempo fuera, y quiero aprovechar que han ido todos a montar guardia.

– ¿Y?

– Y este sitio es… espeluznante. Deberías verlo, Miska.

– Bajaré. Eh, ¿te has dado cuenta? Ahora soy yo lo que te escucha y tú quien pregunta.

– Hacía falta un cambio de roles.

– ¿De qué tienes miedo?

– De la ciudad. Está muerta, muerta. Cuando anocheció, no vimos encenderse ninguna luz. Ni una hasta donde alcanza la vista. Y el silencio es espantoso. Solo se escucha el agua, nuestros pasos y nuestras voces. Ni un solo sonido de la ciudad.

– ¿Nos hemos equivocado de lugar?

– No… La situación es ideal. Pero si pudieses verlo, lo entenderías. Cientos de torres se levantan por todas partes. Edificios de todos los tamaños, calles negras, árboles callados. Todo ello alumbrado por la luz del satélite de Valmeri, que proyecta sombras horribles por toda la ciudad. No me atrevo a salir, Miska. No quiero seguir mirando este espectáculo de soledad mientras espero que algo se aproxime a mí. ¿Cómo son, Miska? Tú y Jorma los visteis.

– Los vio Jorma. Dice que apenas pudo distinguirlos bien, pero que su figura se parece a la nuestra. Cree que su piel es más clara, y dice que iban vestidos con ropas anchas y coloridas. Pero no se fijó en los detalles.

– No sé si quiero verlos… ¿Y si nos están esperando?

– No hemos visto actividad en ninguna de las ciudades que hemos estudiado. ¿Cómo iba a ponerse de acuerdo un planeta entero para desaparecer a nuestra llegada?

– No me pidas que piense racionalmente, con esa ciudad horrible a mi lado.

– Deberías dormir, Seija. Siempre me has recordado a mi madre, cuidando de mí y ayudándome. No invirtamos tanto los papeles. Estás cansada.

– Sí. Sí, lo estoy. Y necesitaría meterme en el agua. Por un lado, la ciudad muerta de torres negras. Por otro, un océano corrosivo. Por Aisyva, Miska, ¿a dónde hemos ido a parar?

– Vamos, tienes que descansar. Mañana con luz estarás más tranquila. Si hay contacto, te avisarán. Además, vamos a perder la comunicación…

– Ojalá estuvieses aquí…

– Ojalá estuviese allí. Pero tal y como lo has descrito, a lo mejor estaría más aterrorizada que tú. Descansa, Seija. Hablaremos mañana, te lo prometo.

– Tienes razón. Hemos invertido mucho los papeles.

– No siempre ibas a cargar tú con mis miedos y mis dudas.

– No ibas a acudir a Satu, ¿no?

– ¡Seija, el diario!

– Que le den al diario. No lo va a leer.

– Ya empiezas a estar mejor.

– Sí… Hasta que miro a la ciudad. Maldita luz. Preferiría una oscuridad absoluta antes que esas sombras bailando por los edificios y las calles desiertas. Qué silencio, Miska…

– No pienses en eso. No tenemos más tiempo, se va a cortar la comunicación. Descansa, Seija.

– Sí, igualmente… Y gracias.

 

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Publicado el 6 diciembre, 2012 en Sin categoría y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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