Entrada 25 – Oskari

Capitán Oskari, piloto principal
Ciclo 87
Sistema: 9º
Laestisa II: órbita de Valmeri
Archivo de audio [Transcrito]

¿Es seguro hablar?

– Sí, ahora sí…

Quiero que estés seguro, Viljo.

– Mierda, lo estoy… Es decir, sí señor, lo estoy. Lo siento, señor.

Ya veo que le estás cogiendo gusto al mando, oficial primero.

– …

¿Te das cuenta de lo que has hecho?

– Yo no he sido, señor. Fue Satu. Ella abrió la puerta.

He leído el informe de Kaarle, una copia de lo que escribió en el diario.

– No le ordené hacer eso.

Pues lo ha hecho, oficial. ¿Algún problema?

– No, señor. Es solo que mis órdenes fueron que escribiese los sucesos del primer día en el diario. Nada más.

¿Por algo en especial?

– Pensé que era lo primordial, señor. Guardar constancia del encuentro con los unaitis, para que Mermoa lo reciba con seguridad.

… Ya. Sí, buen trabajo, oficial. Pero sigo siendo el capitán de la Laestisa. La misión está a mi cargo. De ahora en adelante, se informará tanto a mí como al diario. Yo soy Mermoa, ¿entendido?

– Sí, señor.

Y ahora infórmeme de lo que ha ocurrido. ¿Y qué son los unaitis?

– Hemos estado a la altura de las circunstancias, señor. Mi equipo lo ha estado. La misión ha tomado un nuevo significado para nosotros.

Por partes, Viljo. Empieza desde el principio, desde que Kaarle informó la segunda noche.

– Estábamos en la parte baja de un edificio. Si se podía subir a otros pisos, nunca lo supimos, pero nuestra planta estaba vacía y eso era todo lo que importaba. Habíamos estado mucho tiempo huyendo sin descanso, y por fin pudimos descansar. A la mañana siguiente, Vellamo y Kaarle informaron de los resultados de la disección practicada a un valmeri. Supongo que lo incluiría en su informe.

Sí. Continúe.

Sí. Continúe.

– Seppo sigue sin terminar de creerse que los valmeris puedan estar trastornados, que no sean tal y como se nos han mostrado. Insiste en nuestro allanamiento a un lugar sagrado. Aunque dice que la teoría de Kaarle y Vellamo tiene sentido, sigue haciéndose preguntas. Lo cierto es que me preocupa su insistencia. Apenas ha dormido.

Su padre murió con esperanzas de ver todo esto. Seppo nunca habló de Kalevi tras su muerte, y si embargo no para de mencionarle desde que llegamos a la órbita de Valmeri. ¿Hablaste con Satu sobre ello?

– Algún comentario aislado. Dijo que es un yarvi ejemplar. Que ni siquiera oficiar el ahogamiento de su padre pudo con sus ánimos de trabajo, y que heredó la pasión de Kalevi por este sistema. No me pareció que mencionase nada sobre dolencias o afectaciones.

Bien. Prosigue, oficial.

– Satu es lista, más que Kaarle. Cuando dijo que no encontró evidencias que pudiesen confirmar la teoría del trastorno valmeri, ella se adelantó a su cierre y preguntó por daños cerebrales. Obviamente, como ya sabe, la cabeza de esa cosa no era sino pulpa gris y huesos.

Ah, sí. El disparo de Lumi. Parece que ha respondido mejor de lo que esperábamos.

– Sí, señor. La oficial Lumi está resultando ser un recurso más que valioso.

Lo es. No lo desaproveches, Viljo. Continúa.

– Como decía, Satu sugirió buscar otro valmeri para poder estudiar su cerebro. Kaarle la miró con odio. Oh, sí. La odia más que a nosotros. Él y Vellamo no estaban convencidos. Decían que era demasiado peligroso siquiera llamar la atención de un valmeri, por su maldita costumbre de alertar a toda la ciudad en cuanto ven carne.

¿Por qué no se lo impediste?

– No pensé que fuese a hacerlo, capitán. La estancia en la que nos encontrábamos estaba separada de la calle por dos grandes cristales, protegidos por láminas correderas de metal. La puerta era de aluminio y cristal. Nuestra posición solo era segura porque los valmeris no nos habían visto. No habríamos resistido ni un envite de esas criaturas de habernos atacado. Jamás pensé que Satu fuese capaz de mostrar tal iniciativa por la misión.

Encomiable entonces. ¿Salió ella sola?

– Sí, señor. Es toda una yarvi, ¿no cree? Se acercó a Kaarle, y le miró como solo Aisyva podría mirar a alguien. Le arrebató el cuchillo de muestras, mientras le acusaba de traición, y se dirigió a la puerta. Sé que no lo decía en serio, que solo trataba de azuzar a los demás y avergonzar a Kaarle. ¿No es cierto?

Probablemente. Disciplina. Satu es especialista en eso. ¿Qué ocurrió después?

– Satu salió del edificio. Corrió hacia la esquina de la calle, y Lumi y yo tratamos de detenerla. Quiero decir, de protegerla. Entonces llegaron los valmeris. Todo lo que recuerdo posterior a eso son disparos, gritos, carreras, y más disparos. Satu se vio rodeada con facilidad.

¿Y qué hay de los demás?

– Salieron en tropel al oír los gritos. No los nuestros, los de los unaitis.

¿Unaitis?

– Luego se lo explico, señor.

Continúa.

– Dejé a Lumi a cargo del equipo, y fui a por Satu. Había matado a una criatura evitando dañar su cráneo. Lo había degollado, pero el unaiti seguía combatiendo, muriendo desangrado lentamente. La siguiente cuchillada de Satu le dio en una pierna, por encima de la rodilla, y un chorro de sangre brotó de su herida. El ser se desangró en cuestión de segundos.

Agradezcamos al Padre, y a nuestros propios padres, el entrenamiento en la Laestisa. Al fin ha servido para algo.

– Sí, señor. Pero eran demasiados. Pronto, Satu fue superada por los unaitis. No pude llegar hasta ella. Se defendió rápido y bien. Se libró del agarre de dos de ellos, y echó a correr calle arriba. Maté a los que la siguieron, pero… En fin. Supimos qué camino había seguido solo escuchando el coro de voces roncas que se iba levantando por la ciudad. Pudiendo sentir solo admiración por ella, recogí el cadáver del unaiti con la cabeza intacta, y lo llevé de vuelta a nuestro refugio.

Que Vellamo me haga llegar el informe de la disección.

– En seguida, señor. Pero la operación fue breve. No tardaron en encontrarnos, y hemos tenido que cambiar de refugio.

¿Y qué hay de Satu?

– Sin noticias, señor. Aunque su intercomunicador emite señales de vez en cuando. Es posible que no tenga oportunidad de hablar. No la daría por muerta.

Bien, es algo. Apenas queda tiempo de comunicación. Pásame con Seppo.

– Sí, señor.

– Aquí Seppo. Saludos, capitán.

Encantado de oírte, instructor. El oficial primero Viljo ha nombrado “unaitis” a los valmeris. Presumo que es cosa suya.

– Sí, capitán. Verá, no creo que de verdad sean los olvidados. Pero, una vez más, las similitudes con nuestra cultura son… difíciles de explicar.

Hábleme de los unaitis.

– Son seres mitológicos de la antigüedad. El ahogamiento en los yarvi ha existido desde que se tiene constancia de los ritos funerarios. Cuando los primeros yarvi se adentraron tierra adentro, explorando más allá de los lagos de Mermoa, pocos volvían con vida. Y todos los supervivientes estaban deshidratados y suplicando un… baño. Oh, Madre, yo también necesitaría uno ahora mismo.

No pienses en ello. Será peor.

– Es fácil para ti, capitán. Allí tenéis agua dulce. Aquí solo hemos podido remojarnos con algo de agua embotellada que encontramos en el primer refugio. Creo que era un almacén, ¿sabes? En fin, como decía, ya que te veo repentinamente interesado en mitología…

Todo lo relacionado con la misión es importante. Todo.

– Por supuesto, señor. Mientras los yarvi morían en las tierras secas de Mermoa, en los lagos las ciudades primitivas vivían la espera con angustia. Cuando los supervivientes regresaron, anunciando el infierno que había más allá de las orillas de los lagos, lamentaron no poder ahogar a sus muertos y entregarlos a la Madre para ser juzgados. Estaban en el reino del Padre, lejos de la influencia de Aitivera. Si los muertos del agua son suyos o de Aisyva, era lógico pensar que los muertos de la tierra eran del Padre Isholvi.

¿Unaitis?

– Exacto. Los olvidados por la Madre. Los nuevos hijos de Isholvi. Los yarvi reclamados por Aitivera se unen al ciclo del agua. Forman parte de los lagos y de nosotros, combaten al Padre en la época de lluvias. Los que son rechazados caen a las profundidades de la rencorosa y vengativa Aisyva, y se convierten en escorias, criaturas de las aguas.

Déjame adivinarlo…

– Apuesto a que ya lo ha hecho. Los yarvi abandonados eran adoptados por el Padre, según la creencia. Secos, reanimados, muertos en vida que volverían para castigar a los yarvi en el día del fin del mundo. Los unaitis.

Pero los valmeris no están muertos.

– No. Pero son nosotros. Somos ellos. Los yarvi nos asociamos con el agua. Los valmeri con la tierra y el sol. Y si estas cosas no son lo que deberían ser… Entonces no se me ocurre mejor forma de describirlos. Son el fruto del trabajo de Isholvi.

A mi me parece una mera coincidencia.

– ¿Coincidencia? Los unaitis son nuestra perdición, capitán.

 

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Publicado el 12 diciembre, 2012 en Sin categoría y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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