Entrada 26 – Miska

Tripulante Miska, equipo de investigación, planetóloga

Ciclo 87
Sistema: 9º
Laestisa II: órbita de Valmeri
Archivo de audio [Transcrito]

Ya esta. Me sorprende que quieras grabar esto Seija.

– Es algo que se me ha ocurrido.

¿No te basta con hablar conmigo?

– Sí, y no. Podría hablar contigo, con Lumi, incluso con Kaarle. Pero quiero que quede constancia de ello.

Es solo un diario. Ni siquiera sabemos si llegan a recibirlos en Mermoa. O si tendrá más interés que los informes adjuntos.

– ¿Estás segura? No lo sé. Esta noche he estado hablando con Kaarle a escondidas, en una habitación en la que Lumi y Vellamo dormían. No sé quién de los dos estaba más sorprendido de ello. Me dio la palabra para algo distinto al trabajo de investigación, y me trató como… como a un igual. Y él parecía sorprendido conmigo. Yo pensaba que solo estaba delirando delante de la única forma de vida despierta en la ciudad que no quería devorarme.

¿Y qué te dijo?

– No mucho, a decir verdad. Hablé yo, y él simplemente me miraba, estudiándome. Mientras se disipaba mi miedo a sincerarme, su cara se iba iluminando, y cada vez prestaba más atención. Apenas hizo una o dos preguntas. Luego se durmió.

¿Sin decir nada? ¿Sin hacer algún chiste cínico acerca de tus capacidades como investigadora? ¿O como yarvi?

– Nada de nada. Solo asintió, y con gesto serio se recostó en la pared y cerró los ojos. Luego susurró “hay esperanza”, y se durmió.

Raro.

– Muy raro.

¿Qué le contaste?

– Sensaciones, pensamientos extraños. Miedo. Dudas. Ni siquiera sabría repetirlo. Podría resumirse en que yo no haría lo que Satu hizo.

Por lo que me has dicho, fue muy valiente. Se sacrificó por la misión. Era prescindible.

– Satu está viva. Y tú también eres prescindible, todos lo somos, y aun así Jorma te sacó de las montañas cuando los unaitis se acercaron a vosotros.

… No había pensado en eso.

– Tu obligación habría sido llevarte a una de esas cosas contigo, para estudiarla en el laboratorio.

¿Subir a un unaiti a la Laestisa? ¿Estás loca?

– ¿Por qué te preocupa, Miska? ¿Por tu seguridad?

¡Por la de todos!

– Exacto. Pero no has dicho nada de la misión.

Bueno… nosotros somos la misión.

– Entonces, ¿quién es prescindible?

Ya veo. Por Aisyva, Seija, eso es traición.

– Pero tengo razón.

Y ahora el diario lo sabe.

– Miska, niña, en Mermoa no van a poder hacerme nada. Para cuando este diario les llegue, si es que lo hace, yo ya estaré muerta.Así que al menos sabrán que les he descubierto.

No digas eso. Saldrás de allí, lo conseguiréis.

– ¿Sabes dónde estamos?

En la tercera planta de un edificio. Una vivienda valmeri, a priori.

– ¿Tenías que decirlo exactamente con las palabras de Viljo? Me das escalofríos.

Bah…

– Miska, estamos en una vivienda valmeri, sí. Es un lugar extraño. Abandonado. La decoración es extraña, y los muebles también. Pero hay imágenes, por todas partes, de los dueños de este lugar. Todos tenían una vida aquí, en esta ciudad, en este planeta. Su vida. Todo lo que nosotros no tuvimos, todo lo que se nos negó por nacimiento, lo disfrutaban. Los niños sonriendo, la pareja expresando su amor. Más imágenes, de amigos, conocidos, compañeros, familiares. Y todos ellos, a su vez, tenían un hogar, y tendrían más imágenes de personas que a su vez… Ah, lo que quiero decir es que ellos perdieron todo esto. Acumularon sabiduría y aprendieron los unos de los otros en libertad. Vivieron, y murieron. ¿Cómo esperamos sobrevivir nosotros? Nosotros, pobres yarvis abandonados, que moriremos ya muertos por haber vivido sin vida.

Seija…

– Qué perdida, Miska. Qué lamentable es pensar en este planeta. Tan lleno de vida y experiencias, y tan frío y muerto. Recuerdos arrancados, futuro cercenado. ¿Y nosotros? Nosotros no tenemos más pasado que la Laestisa, ni más futuro que la misión. Sin ambición, no estaremos a la altura de los valmeris. Y ellos no estuvieron a la altura de los unaiti. Maravillosos seres de piel clara y ojos sonrientes, convertidos en bestias sanguinarias, escorias cosechadoras de vida. Allá donde los valmeris fracasaron, nosotros no podremos vencer.

Seija, basta, por favor. Me estás asustando.

– Está amaneciendo. Veo el agua desde aquí. Tengo la piel seca. Pero sé que bajar sería peor. Que prefiero no poder alcanzar el agua, antes que tenerla besando mis pies a sabiendas de que me corrompería. Tan cerca, y tan lejos. Necesito agua, Miska.

Seija, se va a cortar la comunicación.

– No llores, mi niña. Gracias por hablar conmigo. No sé que hubiese hecho sin ti.

Seija, por favor, no te derrumbes. Saldrás con vida. Seija, escúchame.

– Adiós Miska. Te quiero.

Seija…


[Comunicación interrumpida]

[…]

Oskari. Capitán, aquí Miska. Sácalos de allí. O juro por el maldito Padre que lanzaré la Laestisa a por ellos si hace falta.

– Tranquila, Miska. Volverán a casa.

¿A casa? No tenemos casa, capitán. Nos la arrebataron al concebirnos.

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Publicado el 14 diciembre, 2012 en Sin categoría y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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