Entrada 30 – Seija

Tripulante Seija, equipo de investigación, meteoróloga

Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo de audio [Transcrito]


Seppo lleva despierto un rato. Vellamo está acostado, así que me he quedado con él. Aunque mantiene la consciencia, sigue débil y necesita cuidados. La fiebre no ha remitido, pero la herida parece estar curándose. Si estuviésemos en la Laestisa, estaría atendido en condiciones… Aquí solo podemos usar lo que Vellamo trajo en su pequeño botiquín. Solo nos queda un bote de cicatrizante líquido, algo de hilo y vendas, además de antiséptico y analgésicos. Y dos botellas de agua dulce. Aunque, respecto al agua, tengo buenas noticias, ¿sabes?

Eh, te estoy hablando a ti ahora. Escucha, ¿puedes oírlo?

– Oigo un rumor…

Está lloviendo, Seppo.

– ¿Es posible?

Claro que sí. Mira, tengo un cuenco con agua de lluvia.

– ¿No te estás confundiendo?

Por Aisyva, soy meteoróloga. Creo que sé lo bastante para decir que, cuando el agua cae del cielo, es que está lloviendo.

– Ya… Claro. Perdona.

Ten, bebe.

– Gracias. Ah… La bendición de los muertos.

Espera, voy a dejar el cuenco en la ventana, con los demás. Con suerte reuniremos agua suficiente para rellenar dos o tres botellas. Tienes que mantenerte despierto, me lo ha dicho Vellamo. Si te duermes tendré que despertarle. Créeme, con lo preocupado está por Lumi, preferiría que no me tocase las heridas hasta que ella vuelva.

– ¿Ha salido?

Ha ido con Viljo y Kaarle a buscar más agua. Y parece que el agua les ha encontrado a ellos. No están muy lejos, y están bien. Se han mantenido a salvo y los unaitis no los han visto, así que saldrán con la primera luz de Novena.

– Qué suerte.

Oye, tienes que mantenerte despierto. Nada de frases cortas.

– ¿Y qué quieres que diga? Déjame dormir.

No, ya sabes que no. Háblame de la lluvia en Mermoa. De los lagos y sus gentes, de las ciudades en las orillas y las celebraciones en los ciclos. Háblame de lo que llaman nuestra casa.

– Ahora que la mitología amenaza con matarnos, ha vuelto el interés por las clases, ¿eh? Todo eso ya te lo explicó Kalevi.

Sí, pero a ti mejor. Era tu padre, te preparó para que no se nos olvidase nada. Cuéntame.

– De acuerdo… Para empezar, ¿sabes qué significa “yarvi”?

Sí, claro. Los que vienen del lago, ¿no?

– ¿Y de dónde surgieron los lagos?

Supongo que no querrás una explicación científica.

– Claro que no. En el principio, Isholvi reinaba en los cielos. Era el Padre que velaba por sus mundos desde la bóveda celesta. Tenía una hija, Aitivera, que sintió admiración por el trabajo de su padre. Como ella no podía abarcar los cielos, pues era dueña del agua, escogió uno de los mundos de Isholvi y lo llenó de agua, y en ella dio vida a sus hijos. Llamó a ese mundo Valmeri, y los vastos océanos estaban repletos de vida, de criaturas magníficas.
» Pero Aitivera tuvo miedo de que su padre descubriese su obra, y apartó las aguas para que la luz de Isholvi llegase a nuevas criaturas de la superficie. Se formaron pequeños continentes, y así su creación pasó a llamarse Mermoa, la tierra y el agua.

Kalevi no lo contaba así…

– El fin de una generación es superar a la anterior.

Continua, perdona la interrupción.

– Isholvi descubrió el Mermoa. Enfurecido por el rapto de uno de sus mundos, decidió darle una lección a su desobediente hija. Haciendo gala de su poder, secó gran parte de Mermoa, y expulsó la influencia de Aitivera, recluyéndola en los lagos que dejó en el mundo. Aunque muchas criaturas murieron, acogió a los seres de la tierra y les dio su luz, que es vida para todos. Y permitió a las criaturas del agua vivir en los lagos junto a Aitivera. Así, Mermoa se convirtió en un lugar que requería el equilibrio entre Isholvi y su hija para que los seres vivos que hicieron de ese mundo su hogar, pudiesen prosperar.
» Consciente de la magnitud que sus actos tenían para los seres de Mermoa, ambos decidieron instaurar ese equilibrio en todo el mundo, sin tratar de competir entre ellos. Aitivera, que se había convertido en una diosa enfurecida, relegó su parte vengativa a las profundidades de los lagos, y allí la encarceló. La llamó Aisyva, y se convirtió en la personificación del rencor y la ira de la Madre. En su reino de las profundidades, no permite que llegue la luz de Isholvi, y sus actos son un misterio. Por su parte, Isholvi contuvo su calor y mantuvo una temperatura agradable en el ecuador de Mermoa, que permitiese a las criaturas de Aitivera vivir cómodamente en los lagos y sus orillas.

Es bonito. Al final no deja de ser una buena reprimenda de un padre a una hija por un juguete. Aunque menudo juguete…

– Los dioses son dioses por algo.

No me dirás que te crees esas historias.

– No, claro que no. Pero me pareció interesante relacionarlas con lo que estamos viendo allí.

Ya veo, has dado nombre a todo lo que lo ha requerido. Valmeri, unaitis…

– Querías saber sobre la lluvia.

Sí, sigue

– Como ya sabes, la venida de la época de lluvias en Mermoa marca nuestro calendario. Cada vez que se completa el ciclo del agua, y una vez pasadas las semanas de lluvias, los días vuelven a empezar y comienza el siguiente ciclo.

Luego se comprobó que la duración del ciclo del agua coincidía casi con la traslación de Mermoa alrededor de Isholvi.

– Las civilizaciones antiguas eran muy inteligentes. Bueno, pues bien, esta época de lluvias se consideró como un combate entre la Madre e Isholvi. Un nuevo pacto. El Padre permitiría a Aitivera conservar sus lagos, solo si le demostraba que era capaz de superar su luz sin romper el equilibrio de Mermoa. La Madre decidió utilizar ambas cosas en su favor. Creó a los yarvi. Los nombró hijos predilectos de Aitivera, y les hizo asentarse en las orillas de los lagos, en una zona intermedia donde viviesen del agua y recibiesen la luz del Padre dador de vida. Aitivera obligó a los yarvi a mantener el equilibrio de la vida en el lago y en la superficie. Así vivieron los antiguos, venerando a la Madre y sus creaciones, y respetando al Padre y agradeciéndole la vida que otorga con su luz. Y cuando los yarvi mueren y son ahogados en los lagos, la Madre juzga su papel en el equilibrio. Si el yarvi ha sido respetuoso, Aitivera tomará su esencia y la verterá en el lago, permitiéndole formar parte de ella y del equilibrio. Si no, dejará su cuerpo y su esencia caer a las profundidades, donde Aisyva recoge a los yarvis, les arranca su esencia y los pervierte con su odio y su rencor. Transformados en criaturas salvajes, las escorias vagan por los lagos cazando vida, solo pudiendo odiar.

Es curioso que Kalevi no nos enseñase los ciclos relacionándolos tanto con mitología.

– Relacionar los ciclos del agua con la mitología implica pensar en la muerte. No creo que quisiese hacer pensar a unos niños destinados a algo grande, en una muerte todavía muy lejana.

Depende de cómo lo mires…

– Al menos con vosotros todavía acertaron. Yo ya pensé en la muerte mucho antes. Como decía, los yarvis que han respetado el equilibrio acaban formando parte del agua, de Aitivera. Cada vez que se completa el ciclo y las lluvias caen en el ecuador, la luz de Isholvi queda tras una cortina de agua y nubes, y el Padre es superado por Aitivera. De esta forma, usando el equilibrio, la Madre demuestra a Isholvi en cada ciclo que es digna de mantener el control de Mermoa.

Entonces, desde otro punto de vista, ahora mismo están cayendo yarvis muertos del cielo.

– Se considera una bendición. El fin de cada ciclo es una gran festividad en Mermoa. Semanas de celebraciones por todo el planeta. Aun así, esto es Valmeri.

Ya, ya lo sé. Aquí las lluvias son más periódicas. ¿Crees que son valmeris?

– ¿La lluvia? No lo sé, depende de la cultura que tuviesen. Sería demasiada casualidad.

A lo mejor lo son. Quizás su esencia, desgarrada por los unaitis, fuese hasta el cielo y ahora nos de suerte en forma de lluvia, mojando las calles y dándonos de beber.

Voy a por un cuenco. No te duermas, Seppo, no te duermas. Vellamo no tardará en despertar.

Hace frío, pero mientras pienso en las historias de Seppo, me asomo por la ventana. Nada. Solo oigo el repiqueteo de las gotas de lluvia por toda la ciudad. Un sonido monocorde, bello. El agua y el viento me azotan la cara, pero cierro los ojos y disfruto de la sensación.

Sí, sé que son valmeris. Y esta es su forma de decirnos: “Bienvenidos, estamos con vosotros. Lo conseguiréis.”

Anuncios

Publicado el 22 diciembre, 2012 en Sin categoría y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: