Entrada 31 – Satu

Tripulante Satu, encargada de personal y salud mental
Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo de audio [Transcrito]

¿Capitán?

– Te recibo. Sigues sin moverte, ¿cuándo vas a ir con los demás?

Cuando esas cosas dejen de aporrear la puerta.

– ¿Estás bien?

Llevo un día entero esperando tu llamada. ¿Por qué no has llamado?

– Estaba coordinando al resto del equipo. Viljo y los demás se han separado, y él necesita un camino alternativo para llegar a su refugio. Los unaitis los han asediado.

Yo estoy sola, Oskari. ¡Estoy sola! Oh, oh, creo que me han oído…

– Te estoy localizando. Estás lejos del grupo. Tienes que moverte, Satu.

Tengo la entereza suficiente para aguantar aquí el tiempo que haga falta.

– Te tiembla la voz. Estás hablando en susurros. No es hora de mostrar orgullo, Satu. Tienes que sobrevivir.

Estoy en un refugio, ¿sabes? Uno de verdad. Hay una cama raída, con mantas sucias y malolientes. Restos de comida podrida, papeles con imágenes de la ciudad, ropas valmeris que apenas abrigan. El techo ha comenzado a gotear, y el agua sabe a tierra y a podredumbre. Y está oscuro. Se filtra luz bajo la puerta, pero no es suficiente. Me siento observada, y noto una respiración en la nuca, un aliento frío que me hace tiritar.

– Sabes mejor que nadie que son…

¡Son ilusiones! Por supuesto que lo sé… Calla, no me hagas gritar… Silencio…

– … ¿Satu?

Están arañando la puerta. Chillidos agudos y algo rasgando la madera húmeda. Y el continuo repiqueteo. Parece que haya cientos de ellos, por toda la habitación, golpeando el refugio por todas partes.

– Tan solo es lluvia. Está lloviendo desde ayer.

Trato de respirar con normalidad y tranquilizarme. Me meto bajo las mantas, encogida, y miro hacia la luz que se dibuja bajo la puerta. Fijamente. Día tras día. Esperando que se abra y cese el ruido. Quiero que dejen de arañar la pared, Oskari. Por favor. Quiero dormir. Si cierro los ojos no veré la puerta, y si no la veo, sé que aprovecharán para entrar.

– No, no es cierto.

Claro que no. Es una locura, pero es así. Ayer cerré los ojos, y entraron. Ahora tengo que apartar el cuerpo del unaiti muerto, no me deja ver la luz de la puerta. Pero no me atrevo a levantarme, a acercarme y a volver a tocarle. Cuando le abrí la garganta salió agua, un chorro de agua que me empapó las manos. Casi llorando, apreté el cuchillo y dejé que me bañase entera por fin. El cuerpo pesaba demasiado, así que lo dejé caer, cerré la puerta y me lavé entera, agradeciendo a la Madre el agua que me traía el unaiti. Luego pensé que era sangre. Y cuando me di cuenta de que me había bañado en la sangre de esa criatura, me escondí en un rincón de la habitación. Ahora está seca, y me tira la piel.

– Tengo tu localización. Van a ir a buscarte, Satu. Tranquila, tienes que dormir. No es real, puedes dormir.

¿Y por qué no iba a poder? Claro que puedo dormir. Eres como ellos, deja de decirme lo que puedo y no puedo hacer.

– ¿Como ellos?

Los que están en la habitación. No los veo, porque está oscuro. Pero me hablan, me dicen que no me duerma. Me soplan en el cuerpo con su aliento helado y me hacen tiritar. Tengo la piel pegajosa, y seguro que también es cosa suya.

– Satu, ¿qué me acabas de decir?

Que estoy cansada, y tengo frío. Se me pegan las mantas a la piel, y no sé por qué. ¿No tenías preguntas para mí? ¿No querías interrogarme? Adelante, yo no tengo otra cosa que hacer que mirar esa maldita luz bajo la rendija de la puerta. Si no, no me dejarán en paz, y quiero dormir.

– Maldita sea…

Habla de una vez. ¡Habla! Chssst, chssst. Vuelven a chillar y a roer. Detrás de la puerta. Háblame, así yo no haré ruido, y los otros no me hablarán.

– Está bien… La otra vez dijiste algo acerca de un experimento. ¿De qué se trata?

No debería decírtelo. Claro, ya da igual. Calla, calla, ya lo sé, no pierdo nada. Muy bien, Oskari, te lo diré, pero no se lo cuentes a mamá.

– No se lo contaré.

¿A quién?

– Da igual, dime.

Somos el resultado final de un gran experimento. ¿Te creías que la misión era investigar unos cuantos planetas? Mucho esfuerzo, los yarvis no tienen tanta curiosidad. Sí, será un avance en conocimientos, en biología, quizás en tecnología gracias a Valmeri. La creación de la Laestisa II fue un impulso a la tecnología de Mermoa. Algo impresionante, se rompió el techo que había impuesto la Laestisa I tras la misión en el Sistema Isholvi. Pero, requirió tal trabajo, tal unión, que el Triunvirato vio un gran potencial en el proyecto Laestisa. ¿Y si se llevase la cohesión que había logrado el Triunvirato al resto de la sociedad yarvi? ¿Sería posible? ¿Cómo hacerlo?

– Espera. El Triunvirato no tiene poder en los lagos. Los Tres son simples representantes escogidos entre los lagos que formaron los primeros programas espaciales. El lago Vanharvi es el único que tenía un programa espacial único, así que tiene asegurado un puesto en el Triunvirato… Pero los otros dos deben ser escogidos entre muchísimos lagos. ¿Cómo iban a ponerse de acuerdo para controlar los gobiernos?

Mira lo que consiguieron, Oskari. Si pudieses verlo tan claro como veo yo la luz… Mírala, tenue, apenas entrando en la habitación. Poco a poco. ¿Lo ves? Ningún lago habría sido capaz de crear las misiones Laestisa. Necesitaban el apoyo de todos, que los yarvis fuesen conscientes de que debían continuar avanzando como especie, y el único camino que quedaba era el espacio. Así que se creó el Triunvirato, y con aportaciones de dinero, tecnología y personal, cada lago se implicó en la creación del programa espacial definitivo. No representando a un lago, sino a Mermoa. La unión, el trabajo de todos, se logró gracias a este programa que inculcó responsabilidad, acabó con el egoísmo de los lagos y dio paso a la solidaridad. Tecnológica, al menos. ¡Qué gran avance! Sí, sí, chssst. Ya vuelven a roer la puerta.

– El Triunvirato hizo posible un avance común en todas las ciencias. Sí, eso ya lo sabía. ¿Qué intentas decirme entonces?

El Triunvirato logró poder, dinero, tecnología, conocimiento. Representaba a todos los yarvis. ¿Por qué no gobernarlos también? Si todos los yarvis tuviesen un objetivo común, dejasen a un lado su individualidad y viviesen por y para el Triunvirato, estos tendrían la capacidad de lograr que Mermoa alcanzase un modelo de Gobierno tan exitoso como el programa Laestisa.

– Vivir por y para la misión.

Exacto. Exacto. Pero pocos aceptarían eso, ¿no? No hablo solo de los lagos, sino de cada individuo. Toda una vida trabajando, predestinada a cumplir con la felicidad yarvi en lugar de la propia. Qué aburrido. Qué pereza. Qué poco interés. Vagos. Traidores. Así que se creó un programa. Algo maravilloso. Un entrenamiento para formar a los yarvis perfectos, tan conscientes de su misión y fieles, que su felicidad radicaría solo en lograr la satisfacción de todos. Se aprovechó para llegar allá donde nadie pudo, para así tener un mensaje que dar a Mermoa. Esto es lo que hemos logrado gracias a esta tripulación perfecta. Funciona, aquí lo tenéis, imaginad lo que lograríamos si instaurásemos esto. Es perfecto. Tan bello.

– ¿Nuestra existencia tiene como único fin servir? ¿Eso es lo que quieres decir?

Calla, calla.

– Maldita sea Satu, te han lavado el cerebro. Nacidos sin hogar, sin más vida que la estúpida misión, de planeta en planeta, para luego llegar a nuestra supuesta casa y que nuestro sufrimiento sea extendido por todo Mermoa. Más niños sin destino. Sin capacidad de decisión. El Triunvirato está sediento de poder, Satu, tienes que verlo.

Traidor, traidor, traidor.

– ¡Escúchame!

¡No! ¡No quiero escuchar más! ¡Haz que se callen! ¡Haz que se callen!

– Satu, te van a oír.

Y a ti también, ¡y a ti también!

– ¿Quién me va a oír?

Mermoa. Te estoy grabando, Oskari. Igual que me graban ellos.

– ¡¡Maldita escoria de Aisyva! ¡Dijiste que podía confiar en ti!

Ellos me graban. Ellos me escuchan. Están aquí, están en mi cabeza, los unaitis me hablan y me dicen que abra la puerta. Que tienen más agua en su interior. Quiero agua, Oskari, tengo sed, y necesito agua. ¿Tienen razón? Su agua es dulce y cálida, pegajosa si la dejo secar, pero no me importa. Solo quiero nadar. ¿Puedo?

– Escoria…

El Triunvirato está muy lejos. No te preocupes. No te hará daño. Ellos dicen que no nos harán daño. Me hablan, me acunan. Otras veces me pinchan, y duele. Ay, como ahora. Duele, duele. Voy a salir. Quiero el agua de los unaitis, ellos me ayudarán, ¿verdad? Sí, verdad.

– La comunicación se va a cortar. Te acordarás de esto, Satu. Más te vale morir allí abajo, o que esa locura se apodere de ti del todo y no seas capaz más que de gemir atada a una cama. Hija de Aisyva, escoria del agua.

¿Agua? Hay agua, afuera, seguro que sí.

– No, no, mierda, no salgas fuera.

Si no lo hago no se callarán. Me lo han dicho. Me lo han prometido.

– Espera, hablaré con el equipo. Les daré tu localización, irán a buscarte. Y luego podremos hablar con tranquilidad.

¿Hablar? No, no quiero que sigan hablando. Haz que se callen, por favor, Oskari, diles que me dejen en paz.

[Comunicación interrumpida]

Silencio, silencio. Ya vienen. Ya están aquí.

Anuncios

Publicado el 27 diciembre, 2012 en Sin categoría y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: