Archivos Mensuales: enero 2013

Entrada 36 – Vellamo

Tripulante Vellamo, auxiliar de medicina
Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo de audio [Transcrito]

Me has arrebatado lo que más quería. No tenías ningún derecho a hacerlo, ninguno. Me mentiste, sabías que me mentías, y solo miraste por ti mismo.

Pensaste, quizás, que me ahorrarías más dolor. Un dolor físico, porque el sufrimiento que nace del corazón no tiene cabida en ti. Tenías la llave para detener esta situación. Vayamos por ella, ayudémosla, puede regresar. Pero no contaba con que tú jamás quisiste que regresara.

Se había acabado, para ti ya estaba muerta, ¿desde hacía cuánto? ¿Desde cuándo lo sabías? Me has mentido desde hace tanto tiempo… Y yo confié en ti. Estúpido, estúpido de mí. Si lo hubiese sabido jamás habría pasado esto. No lo habría permitido. Sí, es probable que te hubiese borrado de mi vida en ese mismo instante. Mi ira habría hablado por mí, y aunque no físicamente, para mí habrías muerto. Tomaríamos caminos separados, volveríamos a nuestras vidas, sobreviviríamos y quizás, algún día, explicadas las razones de cada cual, se podría haber rescatado algo de una relación rota por una acción desafortunada.

Pero ahora… Tras tanto tiempo de engaño, por darme cuenta de tus maquinaciones a espaldas de todos, ya nada queda. Nada posible, nada rescatable. Ahora he de matarte, he de cerrar la puerta. Quisiera que fuese algo simbólico. Quisiera decirte que te equivocaste, que hablases conmigo, que me dijeses la verdad, tus planes para el futuro de todos pues la última palabra siempre fue la tuya. Pero has matado algo tan bello… Una oportunidad única, tan bonita. Has matado a Lumi. Nos has matado a ambos, siendo consciente de lo que hacías, aun pensando que lo hacías por el bien de algo mucho mayor. Queriendo ahorrar un dolor, has provocado un sufrimiento absoluto que solo llevará a más muerte.

Voy a acabar contigo, Viljo. Voy a salvaguardar el recuerdo de Lumi, de aquello que una vez fue bello, y aprender de mis errores. Pero, ¿qué hay de los tuyos? ¿Aprenderás? ¿Serás realmente consciente de que los has cometido? No, probablemente tengas la conciencia tranquila. Y, si Seija o Kaarle se interponen entre ti y tu objetivo, los desecharás de la misma forma que hiciste conmigo y con Lumi. Porque, al fin y al cabo, tu personalidad es la más fuerte de toda la tripulación. Tú eres el yarvi perfecto, pues no cuentas con la debilidad que nos ha hecho a nosotros ser seres reales. Tú eres una marioneta. Una imitación sencillamente superior al original. Eres el futuro que Satu quería, según me ha dicho Oskari.

Tú eres el futuro y la condena del mundo a ser perfecto. Contigo como ejemplo, el Triunvirato creará un Mermoa que sobrepasará sus propios límites, una cohesión social imposible de igualar. Ni siquiera por los valmeris, ya perdidos, que tanta ventaja nos llevaron en ese aspecto. Pero yo no quiero ser partícipe de ello. No a este precio.

Te odio, te odio tanto. Quiero verte morder el polvo, quiero que pagues por el sufrimiento que me has causado, por acabar con lo más hermoso, con Lumi, con todo. Por lo que representas. Aún no sé si tendré el valor para hacer lo que debo hacer, pero acabaré eliminándote de mi vida, por siempre. No… No voy a matarte. No, solo quiero que te marches. No volver a verte nunca más. Vete, vete a tu mundo feliz y olvídate de que una vez existimos. Yo aprenderé. No cometeré el mismo error, no volveré a un lugar en el que estés tú.

Escoria de Aisyva. Me has destrozado por dentro, y no lo harás por fuera. Me recuperaré de mis heridas, al igual que tú tendrás que hacerlo de las tuyas. Creo que llegué a apuñalarte, que el acero valmeri mordió tu carne seca, antes de que me rajases la cara. Al menos te acordarás de mí cuando regreses a Mermoa, dudo que lo hubieses hecho si no te hubiese infringido alguna herida. Para ti, yo no soy nada, tampoco lo era Lumi. Ninguno lo somos… Vuelve, vuelve a tu mundo sin ética ni moral, en cualquier otro lado serías considerado un monstruo. Si es que lo hay…

¿Lo hay? ¿Habrá esperanzas de sobrevivir en Valmeri, de encontrar algo más cercano a nosotros que el extraño Mermoa? Lumi así lo creía, o al menos lo esperaba. Oh, Lumi… Lumi… En estas mismas puertas tuviste la esperanza de salvarte. Debiste tener mucho miedo, pero tus deseos de vivir eran tan fuertes… Qué bien lo hiciste. La entrada del edificio está sembrada por cadáveres de unaitis, y aquí abajo no disparaste ni una sola vez. Allí está tu cuchillo, frío y muerto.

¿Cuántos pisos dijiste que habías subido? ¿Dos, tres? Creo que eran dos. Cariño… Mi amor… No sé si quiero verte. Pero tengo que hacerlo. Quiero volver a abrazarte, besarte una última vez y maldecir a esta muerta tierra por permitir sembrar un horror como el de estas criaturas. La impotencia es… Viljo, Viljo, maldito, mereces la muerte más que nada ni nadie. Aquí caíste, en este rellano, el segundo. Te arrastraste herida… Mi vida, cuánto debiste de sufrir. ¿Por qué no hay unaitis? ¿He matado a alguno de camino a aquí? No lo recuerdo… Te metiste en esta habitación, y te encerraste.

Lumi. Mi amor. Mi vida. Lo siento… Debí llegar mucho antes, estar aquí contigo antes de que apretases el gatillo y te arrebatases la vida. Tan temprano, tanto por vivir, juntos. Y te han apartado de mi lado, obligándote a… a… algo tan terrible.

Voy a abrazarte hasta que completes tu viaje, mi amor. No permitiré que estas criaturas profanen tu cuerpo. Me quedaré contigo y te llevaré al agua, y que la sal te conserve en este lugar extraño donde depositaste tantas esperanzas. Y luego, luego, esperaré mi final en la orilla del agua. Hablaremos por los ciclos que están por venir, hasta que llegue mi hora, y yo también me adentre en la sal corrupta donde descansaremos juntos por siempre.

Aquí estoy, cariño, aquí estoy. Contigo.

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Entrada 35 – Lumi

Tripulante Lumi, oficial de ingeniería de comunicaciones

Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo de audio [Transcrito] 

La primera vez que le vi. Algunas novelas románticas, esas que leía mi madre, empezaban así. La primera vez que le vi, mi corazón se detuvo y sentí una vorágine, una tormenta, que ascendía por mi pecho y me hacía temblar. Yo no recuerdo la primera vez que le vi, tampoco estoy segura de si sé cuál ha sido la última. La única certeza que tengo, es que él me ha llevado a morir. Y que no lo lamento…

Lo vi en la mirada de Viljo, mientras me mostraba el cadáver de Satu. El odio en su mirada, el regocijo cuando me tendió los explosivos, y me dijo: “hazlo por salvarle a él”. Me ha condenado a morir para que Vellamo no se distraiga. Al menos él sobrevivirá. Pero yo…

Yo no quiero morir… Quiero salir de aquí. Volver a abrazarle, a besarle, a sentir sus latidos junto a los míos. Quiero nadar con él en Mermoa. Visitar nuestro mundo, hacer todas esas cosas que dijimos que haríamos. No tolero… No permito la idea de no volver a verle. De sentirle junto a mí. Es demasiado fuerte. No, no. Tengo que sobrevivir. No quiero morir. No voy a morir.


¿Es posible volver junto a él? Antes tengo que detonar los explosivos. Si lo consigo, podríamos aprovechar la confusión y el ruido para correr hacia la lanzadera, o al menos avanzar sin que nos presten atención. Pero, ¿cómo? ¿Cómo evitar que la explosión, o los unaitis, puedan conmigo? Oh, ojalá estuviese aquí conmigo… O Jorma. Alguien, quien sea.


Tengo miedo… Oigo su respiración agitada tras la puerta, sus gruñidos, las pisadas, duras, sobre el suelo que parecen hacer retumbar todo el edificio. En la oscuridad más absoluta no dejo de imaginar a esas criaturas entrando si cierro los ojos. No puedo dormir. De vez en cuando alguno golpea la puerta, y yo me muerdo la mano para no gritar. Tengo que salir de aquí, como sea. Quiero nadar, quiero agua. Quiero volver a verle…


No creo… No creo que me estén escuchando. No puedo escribir, no quiero apartar las manos de mi arma. Pero necesitaba hablar, aunque fuese conmigo misma, con el diario. Dejar constancia de que Viljo me ha enviado aquí a morir, solo por preocuparme por Vellamo. O porque él se preocupa por mí… Oh, Madre, gracias. Gracias por no haber permitido que le eligiese a él. Al menos él verá los lagos de Mermoa. Haz que salga de esta tierra de Aisyva.


[Comunicación entrante: intercomunicador 6. Tripulante Vellamo]


– ¿Lumi? ¡Lumi! ¿Puedes oírme?


… ¿Vellamo?


– Cariño, gracias a la Madre, estás viva. Sí, sí, está viva, está viva. ¿Estás bien? ¿Dónde estás?


Estoy… Estoy bien. Vellamo, Vellamo, no sabes cuánto me alegra oírte.


– A mí también, mi amor. Háblame. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estás?


Estoy en el edificio contiguo al refugio… Creo. No lo sé, he corrido mucho, sin ninguna orientación. Creo que no he salido del edificio, pero…


– ¿Y ahora? ¿Dónde estás ahora?


No lo sé… Está muy oscuro. Es una habitación pequeña, muy pequeña, me he quedado en un rincón esperando a que se marchasen.


– ¿Cómo estás? ¿Te han hecho algo?


Algún golpe, creo… Me duele la mandíbula y la boca me sabe a sangre. Me duele el pecho al respirar, tanto que he tenido que quitarme la pechera de defensa. Había muchos, muchos… No sé, no lo sé, me han hecho daño, Vellamo…


– No llores, no llores. Lo vas a conseguir, ¿de acuerdo? Vas a salir de allí. No sé por qué te presentaste voluntaria, deberías habérmelo dejado a mí.


… ¿Voluntaria?


– Sí. Pero no te preocupes, no pienses en eso. Vas a conseguirlo, ¿de acuerdo? Tú solo tienes que hablarme, buscar…


¿Viljo está contigo?


– Sí, está aquí. Pero escúchame. Busca las escaleras, todos estos edificios tienen unas, como las del segundo refugio, ¿te acuerdas?


Vellamo, Viljo no…


– Solo tienes que bajar, bajar sin pensar en nada más, ¿de acuerdo? No te preocupes por los explosivos, tú solo sal a la calle. Yo te crearé una distracción.


No… No. Cariño, Viljo, no te fíes de él. Él…


– ¿Qué? Me ha dicho que saldría conmigo a ayudar en la distracción, no pienses en eso. Céntrate en salir de allí con vida.


Estoy haciendo mucho ruido… Viljo… me ordenó… que entrase aquí…


– … ¿Cómo?


Espera, espera. No hagas nada…


– Repite eso…


No. Cuando salga… nos ocuparemos de eso… entre los dos… Disimula.


– … ¿Los tienes cerca?


Sí…


– ¿Tienes tu arma contigo?


Sí…


– Estoy contigo, mi amor. ¿Preparada?


Lista…


– Fuerza, cariño. Estoy contigo. Por favor, no dejes de correr.


Allá voy…


– ¡Mierda, esa máquina hace un estruendo horrible!


Es antigua, al menos el sistema. Es como las primeras pistolas de metralla yarvi. Pero muy optimizadas… A distancias cortas provocan heridas terribles.


– ¿Te has librado de ellos?


De los dos que estaban en la puerta sí. En este pasillo no hay ninguno más, pero el ruido habrá atraído a todo el edificio…


– ¿Dónde estás?


En una vivienda valmeri. Estoy saliendo. ¡Mierda!


– ¿Lumi?


Muertos. Tres, los he visto por poco. Les oigo subir…


– Sí, Seija. Estamos oyendo gritos. Y hemos oído tus disparos.


Estoy haciendo mucho ruido… Mierda…


– Debería salir a disparar al aire. Darte una distracción.


Ni se te ocurra, Vellamo. Ni se te ocurra. Dos más.


– ¿Tienes suficiente luz?


Me he acostumbrado a la oscuridad, pero apenas distingo siluetas. Es… Da miedo. Veo sombras acercándose a mí por las escaleras, y cómo se ilumina todo con cada disparo. No sé quién grita y no puedo evitar que lo hagan. Pero lo mismo da, los disparos atraen a todos… ¡¡Joder!!


– ¡Lumi!


Lo tenía encima, maldita sea. Estaba agarrándome la pierna… No puedo más, cariño, no puedo más…


– No te derrumbes. Sigue, puedes conseguirlo. ¿Dónde estás?


No lo sé, no lo sé. Estoy bajando las escaleras… ¡No! ¡Mierda, mierda!


– ¡Háblame!


Se arrastran por el suelo, no mueren… Oh, Madre, oh, Madre…


– Lumi… Vamos, cariño, puedes hacerlo.


Es… No…


– ¿Lumi?


No sé cuántos son…


– ¡Lumi, corre! ¡Sal de ahí!


[…]


– ¡Lumi! ¡¡Lumi!! ¡Háblame, por favor! Lumi…. Dime algo, dime algo… ¡No! ¡Cállate! ¡No está muerta! Lumi, Lumi, vamos…


… Vellamo…


– ¡Está viva! ¿Qué ha pasado?


… Eran demasiados. No me queda munición…


– ¿Estás bien?


No lo sé… Espera… Creo que puedo levantarme. Pero les oigo ahí abajo… Cariño, no puedo más…


– No te rindas. Puedes conseguirlo, vamos. Levántate. ¿Estás de pie?


Sí… Pero me tiemblan las piernas… No han dejado de golpearme… Creo que me han mordido y arañado.


– … ¿Te han mordido?


Creo que sí… No veo mis heridas. Eran muchos, y yo solo disparaba… No puedo más, no aguanto más…


– Tranquila. Si puedes caminar, estarás bien. ¿De acuerdo?


Sí…


– ¿Aún tienes los explosivos?


Los tengo.


– Vas a tener que detonarlos. Lo más lejos que puedas. ¿Tienes alguna ventana cerca?


Sí… estoy terminando de bajar… las escaleras. Allí hay una ventana…


– Muy bien. ¿Tienes algún unaiti cerca? ¿Y algún arma?


Me queda una pistola valmeri… No, al menos no oigo a ninguno aquí… Pero están subiendo…


– No vas a tener que usarla, ¿vale? ¿Sabes cómo funcionan los explosivos?


Sí. Son bombas de mano… Se accionan con una especie de palanca, creo… Con detonar una debería bastar para hacer estallar las demás. Debería dar tiempo a accionar la palanca y lanzarlas…


– Siempre se te han dado bien estas cosas. Confiamos en tu intuición, ¿no?


Sí… Están subiendo.


– Lánzalas, rápido. Lo más lejos que puedas.


[…]


– ¡Eso es! ¡Menuda explosión! Ha temblado todo el edificio. Distracción de sobra. Vamos, rápido, sal de allí. Avísame en cuanto estés al aire libre. ¿Ves algún unaiti?


No… No. Tampoco estoy segura de si les oigo… Me pitan los oídos…


– Ten la pistola preparada y baja con cautela, pero deprisa.


Oye… Vellamo… Lo de Viljo. Él me ordenó venir aquí. ¿Recuerdas lo que hablamos?


– Sí…


Creo que sé por qué es. Le estorba nuestra relación… Debió de estar pensando cómo conseguir separarnos… Creo. No sé, parece descabellado… Pero cuando me ordenó venir aquí… Y el hecho de que te mintiese…


– Puede tener sentido… Pero no pienses en eso ahora.


No, quiero que lo tengas en cuenta. Si es así, no le gustará que sobreviva… Ten cuidado, cariño…


– De acuerdo. Pero ahora tienes que concentrarte en salir, ¿vale? ¿Cómo vas?


Veo la puerta principal… Oh, Vellamo, veo la calle…


– ¡Fantástico! ¡Eh, lo va a lograr, Seija!


Hay mucho humo, no puedo ver bien… Voy a salir. La explosión ha debido reunir a todos los unaitis… Ya casi estoy en la puerta, y no he visto a ninguno…


– ¿Puedes correr?


No lo sé… Me duele todo el cuerpo… Empiezo a estar muy cansada… ¿Tenéis agua?


– Tenemos agua, tranquila.


Viljo se va a poner furioso… Ten cuidado, Vellamo, ten cuidado.


– Ya lo discutiremos cuando hayas descansado. Podremos con él. Tú solo camina, sin que te vean…


Vale… Estoy fuera… No veo nada…. Voy a intentar seguir adelante… ¡Espera!


– ¿Lumi?


Oh, no…. No, no, no, por favor, no.


– ¡Lumi!


Ya vienen… Oh, Vellamo, ayúdame, por favor…


– ¡Lumi, corre! ¡Corre!


¡Están muy cerca! ¡Quietos! ¡¡Fuera, malditas escorias, fuera!!


– ¡No dispares! Atraerás a los demás! ¡Intenta despistarlos!


¡¡Fuera, fuera, fuera!! Oh… por favor… basta ya… ¡Basta ya!


– ¡Lumi!


No quiero seguir cariño. No puedo más…


– ¡Dónde estás! ¡Voy a buscarte, maldita sea! ¡Suéltame, voy a ir a buscarla! ¡¡Lumi!!


Me he encerrado en el edificio… Creo que he subido un piso o dos… No vengas, cariño, por favor.No puedo más…


– ¡¡No te atrevas a tocarme!! ¡¡Suéltame!! ¡¡Lumi!! ¡Lumi, no!


Lo siento, mi amor… Lo siento…


– ¡Lumi! ¡Maldita escoria, suéltame! ¡Tú la has matado! ¡Apártate de mí! ¡¡Lumi!!


Te quiero mi amor. Por favor, sobrevive… Cuídate mucho…


– ¡¿Qué estás haciendo!? ¡Lumi, por favor, no!


No voy a poder seguir… Lo siento tanto… Cuida de todos, de Seija, de Seppo, de Jorma y de Miska. Por favor, no te fíes de Viljo, cariño. Mi amor, te quiero, te quiero tanto…


– ¡¡Lumi!! No, cariño, por favor, no lo hagas. Mi amor, aguanta, iré a buscarte, iré…


Adiós, mi vida. Te quiero… Lo siento… Lo siento… Adiós.


– ¡¡No!! ¡Por favor! ¡No! Estoy yendo, estoy yendo a por ti, voy a salir, vas a volver a…


[Comunicación interrumpida]

Entrada 34 – Viljo


Oficial primero Viljo, piloto

Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo escrito

Lumi y Vellamo no han dejado de ser un problema desde lo del segundo refugio. Lumi se bloqueó al ver a Vellamo en peligro y casi nos lo hace pagar a todos. Con el paso de los días, la situación se ha agravado.

No pensarán jamás en el resto si uno de los dos está en peligro. Vellamo responde de forma agresiva y eficaz cuando Lumi está amenazada. Ella se desespera y pierde la concentración. Pero, respondan como respondan, lo preocupante es que olvidan a los demás. Si Lumi hubiese estado alerta, quizás Seppo no hubiese sido herido en el refugio y no habría salido corriendo al despertar desorientado. Si Vellamo no se hubiese centrado en salvar solo a Lumi, yo no habría tenido que soltar mis armas para poder salvarme cuando huíamos del muro de contención. Y lo más importante de todo. Si él hubiese hecho su trabajo, Satu no habría muerto.

Lo comprendí al momento, en cuanto Seija anunció por el intercomunicador que los unaitis habían cazado a Satu. Días de cavilación, de apartarme del grupo para buscar una solución al problema. Los dos mejores tiradores con los que cuento, anulándose el uno al otro. Y ese extraño afán de supervivencia que muestran todos. Incluso Oskari se preocupó por sacarnos del muro de contención. ¿Tendrá que ver con lo que me dijo antes de bajar a Valmeri? Tomé mi decisión, decidí que había llegado el momento de cumplir con mi parte de la misión: asegurar la supervivencia del equipo para que llevasen un unaiti a la Laestisa. Y todos se pusieron en mi contra. ¿Es que no lo ven? ¿No son conscientes de que para esto hemos sido entrenados y concebidos? Tenemos en nuestras manos el mayor descubrimiento de la historia. Vida inteligente, en otro mundo. Hay que llevar a una de esas cosas a la Laestisa, y ellos solo piensan en su fútil supervivencia. Satu los habría llamado traidores, y ciertamente lo son. Ahora que ella no está, soy yo quien debe asegurarse de que entren en razón.


Vellamo gritaba por Lumi. Ella se concentraba en que los unaitis no la arrollasen mientras se retiraba al refugio. Yo buscaba a Satu, mientras todos hablaban atropelladamente por el intercomunicador. Y entonces todo quedó en silencio. Satu ha muerto, dijo Seija. Y comprendí que el equipo había fallado. Vellamo no había hecho su trabajo, Lumi tampoco, incluso Seija perdió de vista a Satu. Y Kaarle… esa escoria probablemente ni se enteró de lo que pasaba. Ni siquiera Oskari estuvo a la altura de las circunstancias, nuestro propio capitán. Tenía que tomar el control, era la única opción.


Vacié otro cargador, tiré el fúsil valmeri y corrí hasta donde estaba Satu. Con las comunicaciones perdidas con la Laestisa, Oskari no podría incordiar llevándome la contraria. Ordené a Lumi que se reuniese conmigo, y a Seija que cerrase las ventanas. Vellamo protestó, por supuesto, pero Lumi, por una vez, fue participativa y le insistió en que obedeciese. Tarde para ella. Mi decisión ya estaba tomada.


Dos de los asesinos de Satu habían sido abatidos por Vellamo. Una vez más, demasiado tarde. Otro estaba sentado a horcajadas sobre ella, abriéndole la garganta a mordiscos. Con repugnancia, le disparé a la cabeza con una de las pistolas de tierra. Maté a otro más, y cubrí la posición hasta que llegó Lumi.


Le obligué a que contemplase el cadáver de Satu, y ella comprendió al instante mi mirada incriminatoria. No habían estado a la altura, y el resultado era ese. Una bella yarvi, tendida en el suelo bajo un charco de sangre, el cuerpo repleto de contusiones y magulladuras, y la garganta abierta en canal a dentelladas. Me hubiese gustado estar así más tiempo, dejando que la consternación se apoderase de ella. Pero los unaitis se acercaban a nosotros. Apagué mi intercomunicador y le obligué a que hiciese lo mismo. Ella dudó, pero no se atrevió a desafiarme como hizo en el muro de contención.


Habíamos llamado la atención de todo unaiti a nuestro alrededor, una vez más. Necesitábamos una distracción, y cambiar de refugio para confundir a las criaturas. Y yo tenía que poner punto y final a la ineficacia del equipo. Creo que acabé con ambos problemas en ese mismo instante.


En la misma plaza en la que estábamos hay un edificio antiguo, semejante al que Seppo describió como un lugar sagrado, donde se produjo el primer contacto. Este es algo más grande, y de construcción más elaborada. Y lo más importante, se podía entrar. No habíamos visto salir ni un solo unaiti de allí, y de haberlo hecho, con el estruendo que estábamos causando no quedaría ni uno en su interior. Mientras no se calmase la situación, sería un refugio ideal. Le dije a Lumi que yo limpiaría el camino hasta allí, mientras ordenaba a los demás que bajasen con Seppo. Lo lógico habría sido dejarlo a su suerte… pero es necesario para investigar a los valmeris. De momento, intentaré que sobreviva. En cambio, Lumi…


Ella será nuestra distracción. Me quité el cinturón de explosivos que encontramos en el muro de contención, y le pedí su fusil. Ella se quedó con ese arma extraña que encontró en nuestra huida al refugio. Dispara muchos proyectiles de una sola vez, provocando muchísimo daño a distancias cortas. Le valdrá con eso. Aunque ya sabía lo que le iba a ordenar, se mantuvo serena. Eso se lo reconozco. Los unaitis estaban ya casi sobre nosotros, y no había tiempo de discutir. Le ordené que entrase en el edificio contiguo a nuestro refugio, atrajese al mayor número posible de esas cosas, y detonase los explosivos.


Ella cargó su arma, y me dirigió una mirada penetrante. Sin discusión, le dije. Soy la máxima autoridad aquí. En esta ciudad, yo soy Mermoa. Maldita sea, lo soy. Y se niegan a verlo. Yo soy la misión. Yo soy el diario. Yo soy Satu. Me obedecerán, o aplicaré la regla básica de la misión: todos son prescindibles.


Por supuesto, me bastó solo con recordarle mi rango y su deber. Mientras me colgaba la correa del fusil, quise darle una motivación extra. Si no lo haces por nosotros, hazlo por salvarle a él. Y con eso bastó. Maldita escoria egoísta. Salió rauda como un torrente hacia el edificio.


No he oído ninguna explosión. Apenas algún disparo de esa máquina infernal suya. Supongo que seguirá viva… O más nos vale. Logramos llegar hasta el nuevo refugio, en el edificio antiguo. Según Vellamo, tiene símbolos y motivos similares a la otra construcción. Otro lugar sagrado. Algún unaiti ha aporreado nuestra puerta, y con cada golpe, se le unen más y más. Es irónico que ahora mis esperanzas estén en Lumi.


Vellamo está lleno de ira. Me sorprende que aún no haya intentado matarme. Le dije que la idea había sido suya, que ella decidió ser la distracción. Ante todo, necesito que Vellamo dirija su furia hacia los unaitis una vez haya muerto Lumi.


Sí, Lumi ya no es prescindible. Ahora es una de las piezas básicas de la misión. Su sacrificio hará posible que el equipo se salve. Llegaremos a la lanzadera con una de esas cosas, y suplantaré a Oskari. Haré una acusación formal de traición, y le relevaré del rango de capitán. Si es el yarvi que creo que es, no se resistirá. Una vez en Mermoa, será juzgado como el Triunvirato crea conveniente. Y la Laestisa logrará cumplir su misión. Y yo sobreviviré.