Entrada 34 – Viljo


Oficial primero Viljo, piloto

Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo escrito

Lumi y Vellamo no han dejado de ser un problema desde lo del segundo refugio. Lumi se bloqueó al ver a Vellamo en peligro y casi nos lo hace pagar a todos. Con el paso de los días, la situación se ha agravado.

No pensarán jamás en el resto si uno de los dos está en peligro. Vellamo responde de forma agresiva y eficaz cuando Lumi está amenazada. Ella se desespera y pierde la concentración. Pero, respondan como respondan, lo preocupante es que olvidan a los demás. Si Lumi hubiese estado alerta, quizás Seppo no hubiese sido herido en el refugio y no habría salido corriendo al despertar desorientado. Si Vellamo no se hubiese centrado en salvar solo a Lumi, yo no habría tenido que soltar mis armas para poder salvarme cuando huíamos del muro de contención. Y lo más importante de todo. Si él hubiese hecho su trabajo, Satu no habría muerto.

Lo comprendí al momento, en cuanto Seija anunció por el intercomunicador que los unaitis habían cazado a Satu. Días de cavilación, de apartarme del grupo para buscar una solución al problema. Los dos mejores tiradores con los que cuento, anulándose el uno al otro. Y ese extraño afán de supervivencia que muestran todos. Incluso Oskari se preocupó por sacarnos del muro de contención. ¿Tendrá que ver con lo que me dijo antes de bajar a Valmeri? Tomé mi decisión, decidí que había llegado el momento de cumplir con mi parte de la misión: asegurar la supervivencia del equipo para que llevasen un unaiti a la Laestisa. Y todos se pusieron en mi contra. ¿Es que no lo ven? ¿No son conscientes de que para esto hemos sido entrenados y concebidos? Tenemos en nuestras manos el mayor descubrimiento de la historia. Vida inteligente, en otro mundo. Hay que llevar a una de esas cosas a la Laestisa, y ellos solo piensan en su fútil supervivencia. Satu los habría llamado traidores, y ciertamente lo son. Ahora que ella no está, soy yo quien debe asegurarse de que entren en razón.


Vellamo gritaba por Lumi. Ella se concentraba en que los unaitis no la arrollasen mientras se retiraba al refugio. Yo buscaba a Satu, mientras todos hablaban atropelladamente por el intercomunicador. Y entonces todo quedó en silencio. Satu ha muerto, dijo Seija. Y comprendí que el equipo había fallado. Vellamo no había hecho su trabajo, Lumi tampoco, incluso Seija perdió de vista a Satu. Y Kaarle… esa escoria probablemente ni se enteró de lo que pasaba. Ni siquiera Oskari estuvo a la altura de las circunstancias, nuestro propio capitán. Tenía que tomar el control, era la única opción.


Vacié otro cargador, tiré el fúsil valmeri y corrí hasta donde estaba Satu. Con las comunicaciones perdidas con la Laestisa, Oskari no podría incordiar llevándome la contraria. Ordené a Lumi que se reuniese conmigo, y a Seija que cerrase las ventanas. Vellamo protestó, por supuesto, pero Lumi, por una vez, fue participativa y le insistió en que obedeciese. Tarde para ella. Mi decisión ya estaba tomada.


Dos de los asesinos de Satu habían sido abatidos por Vellamo. Una vez más, demasiado tarde. Otro estaba sentado a horcajadas sobre ella, abriéndole la garganta a mordiscos. Con repugnancia, le disparé a la cabeza con una de las pistolas de tierra. Maté a otro más, y cubrí la posición hasta que llegó Lumi.


Le obligué a que contemplase el cadáver de Satu, y ella comprendió al instante mi mirada incriminatoria. No habían estado a la altura, y el resultado era ese. Una bella yarvi, tendida en el suelo bajo un charco de sangre, el cuerpo repleto de contusiones y magulladuras, y la garganta abierta en canal a dentelladas. Me hubiese gustado estar así más tiempo, dejando que la consternación se apoderase de ella. Pero los unaitis se acercaban a nosotros. Apagué mi intercomunicador y le obligué a que hiciese lo mismo. Ella dudó, pero no se atrevió a desafiarme como hizo en el muro de contención.


Habíamos llamado la atención de todo unaiti a nuestro alrededor, una vez más. Necesitábamos una distracción, y cambiar de refugio para confundir a las criaturas. Y yo tenía que poner punto y final a la ineficacia del equipo. Creo que acabé con ambos problemas en ese mismo instante.


En la misma plaza en la que estábamos hay un edificio antiguo, semejante al que Seppo describió como un lugar sagrado, donde se produjo el primer contacto. Este es algo más grande, y de construcción más elaborada. Y lo más importante, se podía entrar. No habíamos visto salir ni un solo unaiti de allí, y de haberlo hecho, con el estruendo que estábamos causando no quedaría ni uno en su interior. Mientras no se calmase la situación, sería un refugio ideal. Le dije a Lumi que yo limpiaría el camino hasta allí, mientras ordenaba a los demás que bajasen con Seppo. Lo lógico habría sido dejarlo a su suerte… pero es necesario para investigar a los valmeris. De momento, intentaré que sobreviva. En cambio, Lumi…


Ella será nuestra distracción. Me quité el cinturón de explosivos que encontramos en el muro de contención, y le pedí su fusil. Ella se quedó con ese arma extraña que encontró en nuestra huida al refugio. Dispara muchos proyectiles de una sola vez, provocando muchísimo daño a distancias cortas. Le valdrá con eso. Aunque ya sabía lo que le iba a ordenar, se mantuvo serena. Eso se lo reconozco. Los unaitis estaban ya casi sobre nosotros, y no había tiempo de discutir. Le ordené que entrase en el edificio contiguo a nuestro refugio, atrajese al mayor número posible de esas cosas, y detonase los explosivos.


Ella cargó su arma, y me dirigió una mirada penetrante. Sin discusión, le dije. Soy la máxima autoridad aquí. En esta ciudad, yo soy Mermoa. Maldita sea, lo soy. Y se niegan a verlo. Yo soy la misión. Yo soy el diario. Yo soy Satu. Me obedecerán, o aplicaré la regla básica de la misión: todos son prescindibles.


Por supuesto, me bastó solo con recordarle mi rango y su deber. Mientras me colgaba la correa del fusil, quise darle una motivación extra. Si no lo haces por nosotros, hazlo por salvarle a él. Y con eso bastó. Maldita escoria egoísta. Salió rauda como un torrente hacia el edificio.


No he oído ninguna explosión. Apenas algún disparo de esa máquina infernal suya. Supongo que seguirá viva… O más nos vale. Logramos llegar hasta el nuevo refugio, en el edificio antiguo. Según Vellamo, tiene símbolos y motivos similares a la otra construcción. Otro lugar sagrado. Algún unaiti ha aporreado nuestra puerta, y con cada golpe, se le unen más y más. Es irónico que ahora mis esperanzas estén en Lumi.


Vellamo está lleno de ira. Me sorprende que aún no haya intentado matarme. Le dije que la idea había sido suya, que ella decidió ser la distracción. Ante todo, necesito que Vellamo dirija su furia hacia los unaitis una vez haya muerto Lumi.


Sí, Lumi ya no es prescindible. Ahora es una de las piezas básicas de la misión. Su sacrificio hará posible que el equipo se salve. Llegaremos a la lanzadera con una de esas cosas, y suplantaré a Oskari. Haré una acusación formal de traición, y le relevaré del rango de capitán. Si es el yarvi que creo que es, no se resistirá. Una vez en Mermoa, será juzgado como el Triunvirato crea conveniente. Y la Laestisa logrará cumplir su misión. Y yo sobreviviré.

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Publicado el 2 enero, 2013 en Sin categoría y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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