Archivos Mensuales: febrero 2013

Entrada 39 – Viljo

Oficial primero Viljo, piloto

Ciclo 87

Sistema: 9º

Valmeri

Archivo escrito

Sin duda, Valmeri es un mundo extraño. No solo por sus habitantes, por la similitud con Mermoa, sino por el agua. Incluso su comportamiento escapa a mi comprensión. Aquí el nivel del agua sube y baja conforme pasan las horas, y las playas desaparecen, y las rocas contienen el ímpetu y el rugido de las olas. Las torres valmeris, ahora ya conocidas, observan la crecida del agua como guardianes silenciosos, testigos de la catástrofe que ha asolado esta ciudad, imperturbables al paso del tiempo, albergando ahora criaturas siniestras y enloquecidas.

Y allí encontré a Vellamo. Frente a las torres blancas, observando la subida del agua que había anegado la playa, con la mirada perdida en el horizonte nuboso. Estaba apoyado en la barandilla de metal blanco, tan clara como se había convertido la piel de Vellamo. Sin duda había estado nadando en el agua corrupta de sal. Fue extraño encontrármelo así, y no acechando como había supuesto.

Era la oportunidad perfecta para acabar con él y salvar la misión. De espaldas a mí, desarmado, distraído. Saqué la pistola valmeri, tiré de la corredera, y el chasquido hizo que Vellamo levantase la cabeza. Se dio la vuelta con parsimonia, y me miró con ojos cansados. Tenía en la cara la marca de mi cuchillo, la carne blanquecina por la sal alrededor de la herida que le cruzaba el rostro de parte a parte. Y entonces me habló.

[Reproducción de grabación: Oficial primero Viljo]

– ¿Qué haces aquí?

– Voy a matarte, Vellamo. Eres un peligro para la misión.

– ¿Yo? Ya… No, yo no soy ningún peligro. Al menos para la misión… Nuestra misión.

– Nuestra misión, la de todos. Tú la pones en peligro. Has enloquecido, igual que Seppo, pero tú te has contagiado de la locura de los unaitis. Nos has puesto en peligro a todos, Vellamo, más de una vez, tú y Lumi casi hacéis que fracasemos.

– No te atrevas a pronunciar su nombre…

– Ambos sois traidores. Ella pagó con lealtad sus errores sacrificándose por la tripulación. Tú, en cambio, has intentado matarnos a todos.

– Eso es mentira…

– ¿De verdad? Entonces, dime, ¿qué es esta herida? Mírame. ¡Mírame! Casi acabas conmigo, pero debiste cortar más arriba.

– Cállate…

– ¿Por qué estás aquí, Vellamo? ¿Tratas de planear tu próximo ataque? Has escogido un escondite pésimo. ¿Tan loco te has vuelto como para nadar en agua salada?

– Yo… Solo quería alejar a Lumi de ellos. Y de ti. De todo. La he entregado a Aitivera, y he dejado que ella me juzgue a mí también.

– Has perdido la cabeza si aún crees en los cuentos de Kalevi. El cuerpo de Lumi se corromperá, se volverá quebradizo por la sal, y desaparecerá en un mundo que no es el suyo. Debería haber descansado en Mermoa.

– No… Mermoa no era su mundo. Tampoco lo es este. Eres demasiado inocente, Viljo. Satu te engañó igual que a todos, con sus cuentos de honor, de la vuelta a casa. No tenemos casa, Viljo, quizás jamás llegues a pisar Mermoa. Y aunque lo hicieses, será un lugar tan extraño como lo han sido todos hasta ahora. Aquí al menos, algunos despertamos.

– Traidor.

– Satu fue la traidora. Traicionó a todos al evitar que supiésemos quiénes somos. Nos arrancó la vida de las manos, toda intimidad, todo momento realmente único y nuestro, lo aplastó con indiferencia. Satu era una asesina de mentes, y contigo hizo un trabajo espléndido.

– ¡Cállate! ¡Cómo te atreves a hablar así de ella!

– No he dicho ninguna mentira. Todos lo piensan, Viljo, en el fondo todos saben que no tenemos esperanza de llegar a casa, porque no existe. Aunque… Yo sí que tenía un hogar… entre los brazos de Lumi. Y tú me lo quitaste. Tú me lo quitaste. Me has quitado la vida. Maldita escoria, ¡tú mataste a Lumi!

– Salvé lo que pude de la misión. Aseguré la vuelta a la Laestisa quitando el elemento que desestabilizaba nuestra precisión contra los unaitis. Fui práctico, al contrario que tú. Habrías dejado que muriesen todos si con eso hubieses podido salvarla. Por eso murió Satu, porque mis dos mejores tiradores estaban demasiado centrados en salvarse el uno al otro.

– Eres tan egoísta como lo fuimos nosotros. ¿No te das cuenta? Pero no importa… Eres el yarvi perfecto, Viljo, el fruto de tantos ciclos, de tanto trabajo, de dos generaciones sacrificadas por la tiránica evolución impuesta por unos pocos. Eres un ser triste y sin esperanza, sin vida. Voy a ahorrarte ciclos de sufrimiento…

– Atrévete.

– Tú mataste a Lumi.

– Y volvería a hacerlo si con eso asegurase el regreso a casa, maldita escoria. Tú mataste a Satu.

– Y volvería a hacerlo sin con eso pudiese traer de vuelta a Lumi.

[Fin de la reproducción]

Esa maldita escoria… Ese hijo de Aisyva. Sus mentiras, su tranquilidad al hablar de la muerte de Satu, su indiferencia respecto a la misión. No podía aguantarlo más.

Levanté la pistola y disparé mientras él corría hacia mí. Sé que le di, pero se abrazó a mí y ambos caímos al suelo. Perdí la pistola, y él, sentado a horcajadas sobre mí, gritó como un animal desesperado. El agua rugía a su espada, y una ola rompió contra el muro. Y cuando las gotas de agua cayeron sobre el suelo, él comenzó a golpearme con furia. Con los ojos encendidos de cólera, me asaltó la imagen de un unaiti con forma yarvi, y el sobresalto fue tan grande que no pude reaccionar a sus golpes. Con la cara y el pecho doloridos, le rodeé con las piernas y giré sobre mí mismo, sentándome yo sobre él. Desenfundé mi cuchillo, pero él aferró mi mano con una fuerza inusitada, y me golpeó el rostro con la cabeza. Caí hacia atrás, y por un momento perdí la noción del tiempo.

Él se levantó, agarró mi cuello y me obligó a levantarme. Aún no alcanzo a comprender de dónde sacó esa fuerza y esa furia, pero yo estaba al borde del desmayo, y él seguía sin darme oportunidad de contraatacar, aun cuando le había alcanzado mi disparo. Me lanzo contra la barandilla y choqué contra el metal con estrépito. Aún mareado, no pude evitar su patada que volvió a lanzarme contra la barandilla. Herido, apaleado y sin resuello, estaba desesperado. Y entonces, como un relámpago, por mi mente cruzó un recuerdo. Vellamo jamás pudo vencerme en los entrenamientos en el agua.

Vi venir su siguiente embestida, me abracé a él y salté hacia atrás aprovechando su impulso, cayendo ambos por la barandilla y zambulléndonos en el agua. Estaba helada, pero al principio la recibí con placer. Hacía tanto que no nadaba… Luego comencé a sentir la picadura de la salitre en mi piel, y apenas podía abrir los ojos. Salí a la superficie, tomé una bocanada de aire, y volví a sumergirme. La fuerza del agua me arrastraba contra el muro de piedra, pero tras unos momentos pude moverme con libertad. Y Vellamo seguía sin aparecer… Entonces algo chocó contra mí, y volví a sentir los golpes de Vellamo. A pesar del dolor, abrí los ojos y le vi. Esquivé su siguiente embestida, y nadé a su alrededor impulsándome con la cola. La piel empezaba a tirarme, la sensación era terrible, y cada vez sentía más sequedad pese a estar en el agua.

Sabía que no podía verme, daba vueltas en rededor buscándome, pero yo me movía más rápido que él. Me lancé contra él, saqué su propio cuchillo, y lo hundí hasta la empuñadura en su cola. Soltó un grito bajo el agua, y me alejé de él. Era patético verle tratando de nadar solo con las manos y los pies. Salí a la superficie, y aproveché el impulso de una ola para saltar sobre el muro y agarrarme al borde. Trepé por la barandilla, cansado y dolorido, y me arrastré hasta la pistola.

Por Isholvi, la piel empezaba a clarearse, y sentía con dolor que me tiraba, penetrando la sal en mi interior. Los ojos me ardían, y apenas podía mantenerme en pie por los golpes de Vellamo. Me dejé caer sobre la barandilla, herido como estaba, y vi a Vellamo gimiendo de dolor, liberando el cuchillo de su carne mientras trataba de mantenerse a flote con los pies. Pude decirle algo. Pude reírme de él, decirle que tenía el final merecido. Pero la imagen era tan lamentable, tan triste, que simplemente levanté la pistola y disparé sobre él.

El agua se tiñó de sangre, y él yació boca arriba flotando inmóvil, boqueando en sus últimos estertores. Guardé la pistola y me apresuré a marcharme antes de que el ruido de los disparos atrajese a los unaitis, que sin duda darían buena cuenta de su cuerpo cuando bajase el nivel del agua.

Estoy malherido, pero el cumplimiento de mi misión me da fuerzas para continuar. Satu está vengada. Con la muerte de Lumi y Vellamo, la misión está a salvo. He contactado con Oskari, y él ha dado orden al resto del equipo de que se dirijan a la lanzadera y me esperen allí. Y cuando vuelva, relevaré al capitán del mando, y el trabajo de Satu continuará.

Volveremos a Mermoa, a casa. Y yo sobreviviré.

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Entrada 38 – Seija

Tripulante Seija, equipo de investigación, meteoróloga

Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo de audio [Transcrito]

Seppo ha enloquecido. Delira, pero no tiene fiebre. Gime angustiado tan pronto como parece querer gritar. Se agita en sueños, susurra palabras que no entiendo, incoherencias, locuras. Hace un rato creí que estaba hablando conmigo, manteniendo una conversación corriente, hasta que me llamó “padre”. Cuando le dije que yo no era Kalevi, me miró como si fuese yo la que hubiese perdido la cabeza. Luego se recostó dándome la espalda, musitando algo acerca de que “siempre le hacía lo mismo”. Se echó a llorar y volvió a quedarse dormido.

Kaarle y yo hablamos siempre que podemos. Me lo ha contado todo. Dice que el capitán también ha hablado contigo. Suena extraño, ¿verdad? Ya no sé quién soy, ni qué hago aquí. Bueno… En realidad, nunca he sabido por qué estaba aquí. Ni siquiera cuando dormía en la inocencia de Satu, en la misión, en el mundo de la Laestisa. Cuando Kaarle terminó de hablar, apenas me sorprendió lo que me contaba. Raro, sí. Pero me quedé sumida en mis pensamientos, adivinando que siempre había sabido que había un yo y no un nosotros. Que todo esto es injusto, que no nos lo merecemos. Pero la mentira era tan agradable… Daba paz, acallaba los pensamientos angustiosos, permitía que me centrase en la misión silenciando la pregunta que trataba de matar cada vez que enviábamos un diario a Mermoa. ¿Por qué? Entonces llegaban las felicitaciones de Satu, su mirada orgullosa, lo juegos en el agua y la celebración, el homenaje a nuestros padres y su sacrificio.

¿Qué queda ahora? No sé qué pensarás de mí, pero preferiría seguir siendo ignorante. La verdad es demasiado… Demasiado real. No sé cómo expresarme. Es superior a mí. No sé, ¿tú quieres regresar? Mermoa no es ningún hogar. A decir verdad, quiero salir de aquí, salvar la vida, seguir pensando ya libre del sueño de la misión. Pero cuando volvamos… ¿Qué será de nosotros? ¿Qué nos queda allí? No podemos regresar. No podemos reclamar nada allí que una vez fuese nuestro. Ni siquiera de nuestros padres… Podemos construir un hogar, hacer de Mermoa nuestro lugar, pero ni siquiera sabemos cómo es eso. Si podremos vivir en los lagos, si nos tratarán como a seres extraños, venidos de otro mundo… Que al fin y al cabo es lo que somos. ¿Cómo habrá cambiado en ochenta y siete ciclos? Sería un mundo nuevo incluso para nuestros padres.

– No lo sé… No tengo respuestas. Tú siempre me las dabas, ¿te acuerdas? Yo solo quiero que regreses sana y salva. Aquí, con todos. Quiero que volváis.

Estamos listos.

– Lo de ayer casi puede conmigo… Tener que mantenerme serena para indicaros el camino a seguir, los movimientos de los unaitis, perderos de vista cuando os metisteis en ese edificio…

Lo hiciste muy bien, Miska. Conseguimos salir, los unaitis no nos vieron. La distracción de Lumi funcionó.

– Pobre Lumi… Aún no sé cómo pudisteis evitar la concentración de unaitis sin que os viesen. Era un suicidio.

Lo hiciste bien.

– Fue suerte. Al menos vuestro camino estará más despejado… Casi todos los unaitis de los alrededores debieron acudir al reclamo de la explosión. Había tantos…

Suerte…

– Mira a Seppo, por ejemplo. Quién iba a decir que sobreviviría a sus heridas tanto tiempo.

Seppo… No… No sé qué va a pasar con él. Le mordieron, Miska.

– Sí, eso dijisteis.

No, no lo entiendes. Kaarle me lo contó también. Y hay tantas cosas que tengo que contarte… A ti, y a Oskari. Oh, ¿por qué he estado hablando de tonterías?

– ¿Qué pasa?

Kaarle y Vellamo estaban seguros de que los valmeris… es decir, los unaitis, están enfermos. Que sufren de alguna enfermedad nerviosa que les empuja a comportarse de manera agresiva e instintiva.

– No lo entiendo.

Te lo contaré con detalle cuando volvamos. O mejor, que te lo cuente Kaarle. El caso es que se trata de una enfermedad, y por tanto es contagiosa.

– Quieres decir que…

¿Cómo se comportaba Satu cuando hablabais con ella?

– Igual que lo que me has contado de Seppo. Oh, Madre…

Sí… Seppo está tiene la enfermedad de los unaitis.

– Pero, ¿ha intentado atacaros?

No, no. Kaarle dice que es posible que el virus, o lo que sea, no debe de afectar a los yarvis de la misma forma. Somos muy parecidos a los valmeris, pero hay diferencias. Puede que la enfermedad no se haya adaptado a tiempo a nuestro cerebro, pero habría dañado el cerebro de Satu y Seppo.

– Suponiendo que no se haya adaptado.

Sí. Teniendo en cuenta lo que hemos visto aquí abajo, los unaitis arrasaron la ciudad como una plaga, apenas hay signos de combate en las calles. Si el proceso de contagio fuese tan lento y evidente, deberían haber contenido a los unaitis. No, no creo que sea una enfermedad tan lenta. Es decir, Kaarle no lo cree.

– Subir a Seppo a la Laestisa es un riesgo entonces…

No podemos dejarle aquí.

– No, claro que no. Pero…

No hay más que hablar.

– De acuerdo. ¿Qué hay de Vellamo?

Oh, por Aitivera, parece que sea yo la enferma. Miska, Vellamo ha encontrado valmeris.

– ¿Valmeris? ¿Reales? Quiero decir, ¿no unaitis?

Sí, sí. Hablé con él poco después de que llegásemos a este edificio. Fue a buscar el cuerpo de Lumi, y lo encontró. Cargó con ella hasta la playa, dijo no recordar cómo lo hizo ni cómo se orientó, pero lo logró. Estaba allí, llorando por ella, con las piernas y la cola secas por la sal del agua de Valmeri, cuando se le acercaron.

– Pero eso es… ¡Seija! ¿Por qué no me lo dijiste antes?

Son tantas cosas… Pero él apenas me ha dado detalles. Está obnubilado… Destrozado por la muerte de Lumi. Me lo contó como si no fuese con él, como si no le importara lo más mínimo. Ni siquiera cuando me contó que uno de ellos hablaba nuestra lengua.

– ¿Hablaba en lengua de los lagos? ¿Cómo es posible?

No lo sé. Dice que solo uno de ellos comprendía algo de lo que él les decía, y que se expresaba de forma extraña. Apenas entendía lo que le decía, solo algunas palabras. ¿No es extraño? En comparación con los demás valmeris, dice, este era más alto, y el vello de la cara y la cabeza era claro, amarillo. Eso es todo lo que pude sacarle.

– ¿Qué le hicieron? ¿Qué le dijeron?

Cree que nos llevaban siguiendo un tiempo, quizás desde el primer día. No parecían muy sorprendidos de verle, aunque sí extrañados. Les comparó con la de Kaarle ante un nuevo planeta, con esa mirada perdida y escrutiñadora. Le invitaron por gestos a salir del agua, le cubrieron el cuerpo con una manta, y le lavaron la herida de la cara con agua salada.

– ¿Con agua salada? ¡Qué horror!

Eso pensé yo. Parece más una tortura… Pero él ni siquiera parece tomarlo como una opción. Está arrasado por el dolor, Miska. No es él… Parece un… un unaiti.

– Me pregunto… cómo debe ser amar así a alguien.

Sí… Al final le alimentaron y se marcharon. Por gestos y apenas alguna palabra entendible, el valmeri alto y pelaje claro le indicó que les esperase en la playa, y se marchó. Es entonces cuando conseguí hablar con él.

– Entonces, ¿sigue allí? ¿Iréis a buscarle?

No lo sé. Es arriesgado… Pero quiero tenerle de vuelta. Y Viljo le está buscando para acabar con él. No es ningún peligro, al menos no para nosotros. Puede que ni siquiera lo sea para Viljo. Me dio la impresión de que Vellamo solo quiere estar solo.

– No volverá, al menos mientras Viljo esté con vosotros.

Desde luego, es imposible congraciarles. Y no es para menos…

– Ya… ¿Vais a estar bien?

Estaremos aquí hasta que vuelvan. Cualquiera de los dos. Si no tenemos noticias de ellos en un día, Kaarle y yo hemos decidido que saldremos hacia la lanzadera por nuestra cuenta, con Seppo. Podríamos pilotar la lanzadera, aunque preferiría que lo hiciese uno de ellos…

– Tened cuidado, por favor. ¿Estáis armados?

Sí. Vellamo dejó su rifle de precisión en su huida, así que lo llevo conmigo. Kaarle tiene una pistola también, y un fusil que dejó Viljo. Estaremos bien, no te preocupes.

– Hablaremos mañana, ¿de acuerdo? Volveré a guiaros, con Viljo, Vellamo, o a vosotros tres. Pero quiero que salgáis de allí de una vez.

Gracias Miska. Por todo… No podría seguir cuerda sin ti.

– Seija…

¿Qué?

– Es Viljo. Oskari ha logrado contactar con él.

¿Qué dice? ¿Dónde está?

– Ha encontrado a Vellamo.


[Comunicación interrumpida]

Entrada 37 – Kaarle

Tripulante Kaarle, equipo de investigación, biólogo
Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo de audio [Transcrito]

Viljo va a matar a Vellamo. No sé qué pensarás al respecto, pero el oficial primero se merecía la puñalada más que nadie. Traicionó la confianza de ambos. Llevó a Lumi a morir, esa fue la acusación de Vellamo, y él no la negó. Por eso no traté de separarles… Confiaba en que Vellamo no fallaría. Pero entrenaste muy bien a Viljo, mejor que a Vellamo.

– Él no recibió la instrucción militar completa. Cambió por la medicina.

Y eso le ha salvado el cuello a Viljo. Literalmente. A Vellamo le bastó una membrana para rebanarle la garganta. Estaba furioso… fuera de sí. Viljo le rajó la cara de lado a lado, y Vellamo escapó.

– ¿Hacia dónde?

¿Cómo quieres que lo sepa? Yo estaba todavía pensando si debía meterle un proyectil en la cabeza al primer oficial.

– Kaarle…

Lo siento, capitán. Pero esto se le ha ido de las manos. Mira, sé que no soy el más indicado para decir esto, pero su sentimiento de superioridad está llevando a que nos trate como a carne de cañón. Nos ve como oportunidades para distraer a los unaitis, no como yarvis.

– Es el yarvi perfecto para cumplir la misión…

¿Cómo dices?

– Kaarle, ¿sabes cuál es el propósito de la misión?

¿Lo sabes tú?

– Satu me lo contó. Y creo que tú lo conocías desde el principio y escapaste del control de la misión. Por eso tu conducta ha sido tan… ajena al resto.

Capitán…

– El Triunvirato tiene planeado gobernar los lagos. Pretende utilizar la unión de recursos económicos y yarvis, para crear un avance social y tecnológico en todo Mermoa. Eliminar la individualidad, crear un objetivo común, controlar el cumplimiento de una misión. ¿Te suena de algo?

La Laestisa.

– Exacto. El diario de la misión es un experimento. Nosotros somos un experimento. Y Viljo es el resultado.

Capitán, ¿sabes qué significa Vellamo?

– ¿Cómo? ¿Qué tiene eso que ver?

Que si sabes qué significa el nombre de Vellamo.

– No. No siquiera sé qué significa mi nombre. A eso me refiero, ni siquiera…

Vellamo es un nombre femenino.

– ¿Femenino? ¿En serio?

Sí. Los padres de Vellamo esperaban una hija, y eligieron el nombre mucho antes de concebirle. Cuando descubrieron que no era mujer, bueno… Decidieron mantener ese nombre. De todas formas, ninguno de nosotros tenía por qué saber que Vellamo es nombre de mujer. Igual que muchas otras cosas. Ese era el mayor miedo de nuestros padres.

– ¿A qué te refieres?

A que no puedes estar seguro de todo lo que das por sentado. Satu te contó la historia que jamás podía contar. Su madre se lo hizo jurar cientos de veces, por Aitivera, por Aisyva y por Isholvi. No debía hablar de ello nunca, solo llevar a cabo un seguimiento, controlar que no nos desviásemos de la verdad.

– El experimento del Triunvirato.

No, capitán. De la crueldad del Triunvirato. Del horrible destino que nos esperaba.

– Explícate.

¿Cuántos ciclos lleva viajando la Laestisa?

– Ochenta y siete, estamos cerca del comienzo del ciclo ochenta y ocho.

Eso es mucho tiempo. Nuestros padres embarcaron en la Laestisa II con unos… veintitantos ciclos, ¿no es así?

– No lo sé exactamente, pero sí, creo que sí.

Nuestros padres iban a morir en su viaje. Lo sabían, sabían que el viaje era solo de ida. Engendrarían a la siguiente tripulación y la prepararían desde que naciesen para llevar a cabo la misión más ambiciosa de toda la historia espacial yarvi. Todo un honor servir así al Triunvirato. Sus hijos serían héroes. Ya, sí, embarcaron con mucha confianza y felicidad. Pero tras los primeros ciclos, con la madurez, y fuera del control del Triunvirato, llegaron las dudas. Morir allí arriba, tan lejos de casa… Y la obligación de procrear. Aquello fue demasiado para ellos. Con los hijos, llegaron las emociones, las ilusiones y los sueños de futuro; pero todo ello se golpeaba de frente con la inevitabilidad del destino. Nosotros jamás seríamos niños normales. No tuvimos una infancia para recordar, la libertad de decidir qué hacer con nuestras vidas. Por no hablar de que no contaríamos con la posibilidad de ver las cosas que ellos vieron, de hacer las cosas que ellos hicieron, de conocer a las familias que ellos quisieron. Si lográbamos sobrevivir al viaje, nuestra visión de Mermoa jamás sería la misma.

– Nunca me lo había planteado así… No entiendo lo que quieres decir. O sea, sí, lo entiendo, pero…

Tú también lo has pensado, ¿no es así? Jamás habría apostado por ti, la verdad. Sabía que Lumi era diferente, me sorprendió que Seija también reaccionase ante la mentira de nuestros padres. Pero de ti, francamente, no me lo esperaba.

– No podía arriesgarme a que Satu me denunciase a Mermoa. Estaba cometiendo traición con mi forma de pensar. Tenía miedo.

Satu no hacía nada. No podía hacer nada. Si sobre algo tengo curiosidad, es sobre qué pensarán en Mermoa acerca de esta segunda tripulación. Pero para que lo entiendas… Verás, nuestros padres sufrieron mucho por no poder mantener esa inocente ilusión de servidumbre. Lo pasaron mal, muy mal. Pero luego se desesperaron al pensar qué podríamos llegar a pensar nosotros. Al fin y al cabo, ellos subieron a la Laestisa por sus propios medios, a nosotros nadie nos dio a elegir. Tuvimos la mala suerte de ser hijos de nuestros padres. Así que a la madre de Satu se le ocurrió una idea… Utilizar esa ignorancia servicial a su favor.

– Espera, ¿ellos se inventaron la misión?

Sí, más o menos. La importancia última de la misión, el potenciar el pensamiento grupal, lo colectivo por encima de lo individual, era nuestra única escapatoria a nosotros mismos. Si tuviésemos las mismas inquietudes que nuestros padres, acabaríamos por volvernos locos. Lo mejor era cumplir con la misión en el plazo establecido y enfrentarnos a la verdad en Mermoa. Odiar a nuestros padres tras haber terminado la misión sería más sencillo que hacerlo en otros mundos, sin posibilidad de regresar a casa, si es que la tenemos. Nos educaron desde que tuvimos uso de razón con un único objetivo, cumplir la misión, enterrar la individualidad, trabajar en equipo, favorecer únicamente nuestro fin último como yarvis… Terminar nuestra tarea, regresar a Mermoa, y escapar del destino al que nos habían condenado al concebirnos.

– Pero, ¿y lo del experimento del Triunvirato?

Esa historia se la contó su madre a Satu. Era el impulso necesario para que ella se empeñase más que nadie en cumplir su tarea, la más importante de todas. Controlarnos, vigilarnos, hacer que la tripulación mantuviese su colectividad, eliminar las muestras de individualidad, protegernos. Satu resultó ser taimada y fría, así que su madre hizo que se sintiese superior a nosotros. Le contó la verdad, su verdad, y le dio el puesto de poder que haría que se empeñase en su tarea más que nadie. Ella era la herramienta directa del Triunvirato para el futuro de Mermoa. Un orgullo para Satu. El problema es que acabó por ser más inquisidora que psicóloga, y al final muchos escapasteis a su control.

– ¿Y qué hay de ti?

Mi madre me contó la verdad a espaldas de todos. Para ella lo más importante eran sus estudios… Biología, avances científicos con las muestras de otros mundos… Quería que yo continuase su obra. Pensó que era peligroso que su hijo se hubiese distraído con otras tareas que exigía la colectividad, así que me regaló la individualidad. Eso sí, a cambio me condicionó para que no me importase nada salvo su estudio. No ya la misión, sino la misma tripulación. No contó que al hacerme inmune a la colectividad, también hizo que sus pretensiones fuesen inútiles. La admiro como bióloga, pero como madre dejaba mucho que desear. Por suerte para ella, me gusta la biología así que me centré en sus estudios, que estaban muy avanzados, para desarrollar mi propia teoría. Y respecto a vosotros… Bueno, vuestra servicial atención a la misión se me antojaba ridícula y molesta, me hacía sentirme superior a vosotros, porque yo sabía que estabais engañados. Fui un cínico y algo desagradable a veces. No me arrepiento, en ese momento era lo que pensaba.

– Ya… Entonces, lo que me contó Satu, ¿no es verdad?

Oh, no, no. La única verdad es que somos la muestra de hasta dónde puede llegar el amor de un padre por su hijo. Nos esclavizaron por nuestro bien. Tierno, pero a la vez… No sé, si las cosas hubiesen sido diferentes, quizás Lumi todavía estuviese viva, y yo me habría cargado a Viljo antes de que hubiese salido en busca de Vellamo.

– Tenéis que salir de allí.

Lo sé.

– Viljo va a matar a Vellamo.

Eso espera hacer.

– Y tú…

Aún tengo mucho que contar, capitán. Pero confío en ti. Sé que no permitirás que nos pase nada.

– ¿Por qué?

Tú eras la perfección yarvi. Si lograste escapar, y lo máximo que pudo lograr Satu fue Viljo… Entonces hemos ganado.

– Tú mismo lo has dicho, Kaarle. No des nada por sentado. Hazme un favor, ¿quieres? Mantente con vida. Tenemos mucho de qué hablar.

Por supuesto. Aún tengo que decirte el regalo que trae la mordedura de un unaiti consigo. Sé que te va a encantar.


[Comunicación interrumpida]