Entrada 39 – Viljo

Oficial primero Viljo, piloto

Ciclo 87

Sistema: 9º

Valmeri

Archivo escrito

Sin duda, Valmeri es un mundo extraño. No solo por sus habitantes, por la similitud con Mermoa, sino por el agua. Incluso su comportamiento escapa a mi comprensión. Aquí el nivel del agua sube y baja conforme pasan las horas, y las playas desaparecen, y las rocas contienen el ímpetu y el rugido de las olas. Las torres valmeris, ahora ya conocidas, observan la crecida del agua como guardianes silenciosos, testigos de la catástrofe que ha asolado esta ciudad, imperturbables al paso del tiempo, albergando ahora criaturas siniestras y enloquecidas.

Y allí encontré a Vellamo. Frente a las torres blancas, observando la subida del agua que había anegado la playa, con la mirada perdida en el horizonte nuboso. Estaba apoyado en la barandilla de metal blanco, tan clara como se había convertido la piel de Vellamo. Sin duda había estado nadando en el agua corrupta de sal. Fue extraño encontrármelo así, y no acechando como había supuesto.

Era la oportunidad perfecta para acabar con él y salvar la misión. De espaldas a mí, desarmado, distraído. Saqué la pistola valmeri, tiré de la corredera, y el chasquido hizo que Vellamo levantase la cabeza. Se dio la vuelta con parsimonia, y me miró con ojos cansados. Tenía en la cara la marca de mi cuchillo, la carne blanquecina por la sal alrededor de la herida que le cruzaba el rostro de parte a parte. Y entonces me habló.

[Reproducción de grabación: Oficial primero Viljo]

– ¿Qué haces aquí?

– Voy a matarte, Vellamo. Eres un peligro para la misión.

– ¿Yo? Ya… No, yo no soy ningún peligro. Al menos para la misión… Nuestra misión.

– Nuestra misión, la de todos. Tú la pones en peligro. Has enloquecido, igual que Seppo, pero tú te has contagiado de la locura de los unaitis. Nos has puesto en peligro a todos, Vellamo, más de una vez, tú y Lumi casi hacéis que fracasemos.

– No te atrevas a pronunciar su nombre…

– Ambos sois traidores. Ella pagó con lealtad sus errores sacrificándose por la tripulación. Tú, en cambio, has intentado matarnos a todos.

– Eso es mentira…

– ¿De verdad? Entonces, dime, ¿qué es esta herida? Mírame. ¡Mírame! Casi acabas conmigo, pero debiste cortar más arriba.

– Cállate…

– ¿Por qué estás aquí, Vellamo? ¿Tratas de planear tu próximo ataque? Has escogido un escondite pésimo. ¿Tan loco te has vuelto como para nadar en agua salada?

– Yo… Solo quería alejar a Lumi de ellos. Y de ti. De todo. La he entregado a Aitivera, y he dejado que ella me juzgue a mí también.

– Has perdido la cabeza si aún crees en los cuentos de Kalevi. El cuerpo de Lumi se corromperá, se volverá quebradizo por la sal, y desaparecerá en un mundo que no es el suyo. Debería haber descansado en Mermoa.

– No… Mermoa no era su mundo. Tampoco lo es este. Eres demasiado inocente, Viljo. Satu te engañó igual que a todos, con sus cuentos de honor, de la vuelta a casa. No tenemos casa, Viljo, quizás jamás llegues a pisar Mermoa. Y aunque lo hicieses, será un lugar tan extraño como lo han sido todos hasta ahora. Aquí al menos, algunos despertamos.

– Traidor.

– Satu fue la traidora. Traicionó a todos al evitar que supiésemos quiénes somos. Nos arrancó la vida de las manos, toda intimidad, todo momento realmente único y nuestro, lo aplastó con indiferencia. Satu era una asesina de mentes, y contigo hizo un trabajo espléndido.

– ¡Cállate! ¡Cómo te atreves a hablar así de ella!

– No he dicho ninguna mentira. Todos lo piensan, Viljo, en el fondo todos saben que no tenemos esperanza de llegar a casa, porque no existe. Aunque… Yo sí que tenía un hogar… entre los brazos de Lumi. Y tú me lo quitaste. Tú me lo quitaste. Me has quitado la vida. Maldita escoria, ¡tú mataste a Lumi!

– Salvé lo que pude de la misión. Aseguré la vuelta a la Laestisa quitando el elemento que desestabilizaba nuestra precisión contra los unaitis. Fui práctico, al contrario que tú. Habrías dejado que muriesen todos si con eso hubieses podido salvarla. Por eso murió Satu, porque mis dos mejores tiradores estaban demasiado centrados en salvarse el uno al otro.

– Eres tan egoísta como lo fuimos nosotros. ¿No te das cuenta? Pero no importa… Eres el yarvi perfecto, Viljo, el fruto de tantos ciclos, de tanto trabajo, de dos generaciones sacrificadas por la tiránica evolución impuesta por unos pocos. Eres un ser triste y sin esperanza, sin vida. Voy a ahorrarte ciclos de sufrimiento…

– Atrévete.

– Tú mataste a Lumi.

– Y volvería a hacerlo si con eso asegurase el regreso a casa, maldita escoria. Tú mataste a Satu.

– Y volvería a hacerlo sin con eso pudiese traer de vuelta a Lumi.

[Fin de la reproducción]

Esa maldita escoria… Ese hijo de Aisyva. Sus mentiras, su tranquilidad al hablar de la muerte de Satu, su indiferencia respecto a la misión. No podía aguantarlo más.

Levanté la pistola y disparé mientras él corría hacia mí. Sé que le di, pero se abrazó a mí y ambos caímos al suelo. Perdí la pistola, y él, sentado a horcajadas sobre mí, gritó como un animal desesperado. El agua rugía a su espada, y una ola rompió contra el muro. Y cuando las gotas de agua cayeron sobre el suelo, él comenzó a golpearme con furia. Con los ojos encendidos de cólera, me asaltó la imagen de un unaiti con forma yarvi, y el sobresalto fue tan grande que no pude reaccionar a sus golpes. Con la cara y el pecho doloridos, le rodeé con las piernas y giré sobre mí mismo, sentándome yo sobre él. Desenfundé mi cuchillo, pero él aferró mi mano con una fuerza inusitada, y me golpeó el rostro con la cabeza. Caí hacia atrás, y por un momento perdí la noción del tiempo.

Él se levantó, agarró mi cuello y me obligó a levantarme. Aún no alcanzo a comprender de dónde sacó esa fuerza y esa furia, pero yo estaba al borde del desmayo, y él seguía sin darme oportunidad de contraatacar, aun cuando le había alcanzado mi disparo. Me lanzo contra la barandilla y choqué contra el metal con estrépito. Aún mareado, no pude evitar su patada que volvió a lanzarme contra la barandilla. Herido, apaleado y sin resuello, estaba desesperado. Y entonces, como un relámpago, por mi mente cruzó un recuerdo. Vellamo jamás pudo vencerme en los entrenamientos en el agua.

Vi venir su siguiente embestida, me abracé a él y salté hacia atrás aprovechando su impulso, cayendo ambos por la barandilla y zambulléndonos en el agua. Estaba helada, pero al principio la recibí con placer. Hacía tanto que no nadaba… Luego comencé a sentir la picadura de la salitre en mi piel, y apenas podía abrir los ojos. Salí a la superficie, tomé una bocanada de aire, y volví a sumergirme. La fuerza del agua me arrastraba contra el muro de piedra, pero tras unos momentos pude moverme con libertad. Y Vellamo seguía sin aparecer… Entonces algo chocó contra mí, y volví a sentir los golpes de Vellamo. A pesar del dolor, abrí los ojos y le vi. Esquivé su siguiente embestida, y nadé a su alrededor impulsándome con la cola. La piel empezaba a tirarme, la sensación era terrible, y cada vez sentía más sequedad pese a estar en el agua.

Sabía que no podía verme, daba vueltas en rededor buscándome, pero yo me movía más rápido que él. Me lancé contra él, saqué su propio cuchillo, y lo hundí hasta la empuñadura en su cola. Soltó un grito bajo el agua, y me alejé de él. Era patético verle tratando de nadar solo con las manos y los pies. Salí a la superficie, y aproveché el impulso de una ola para saltar sobre el muro y agarrarme al borde. Trepé por la barandilla, cansado y dolorido, y me arrastré hasta la pistola.

Por Isholvi, la piel empezaba a clarearse, y sentía con dolor que me tiraba, penetrando la sal en mi interior. Los ojos me ardían, y apenas podía mantenerme en pie por los golpes de Vellamo. Me dejé caer sobre la barandilla, herido como estaba, y vi a Vellamo gimiendo de dolor, liberando el cuchillo de su carne mientras trataba de mantenerse a flote con los pies. Pude decirle algo. Pude reírme de él, decirle que tenía el final merecido. Pero la imagen era tan lamentable, tan triste, que simplemente levanté la pistola y disparé sobre él.

El agua se tiñó de sangre, y él yació boca arriba flotando inmóvil, boqueando en sus últimos estertores. Guardé la pistola y me apresuré a marcharme antes de que el ruido de los disparos atrajese a los unaitis, que sin duda darían buena cuenta de su cuerpo cuando bajase el nivel del agua.

Estoy malherido, pero el cumplimiento de mi misión me da fuerzas para continuar. Satu está vengada. Con la muerte de Lumi y Vellamo, la misión está a salvo. He contactado con Oskari, y él ha dado orden al resto del equipo de que se dirijan a la lanzadera y me esperen allí. Y cuando vuelva, relevaré al capitán del mando, y el trabajo de Satu continuará.

Volveremos a Mermoa, a casa. Y yo sobreviviré.

Anuncios

Publicado el 24 febrero, 2013 en Sin categoría y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: