Entrada 40 – Seija

Tripulante Seija, equipo de investigación, meteoróloga

Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo escrito 

No sé cómo empezar esta nueva entrada. ¿Será la última? ¿Se acabará todo cuando la lanzadera llegue a la Laestisa? Sé cómo piensan Miska y Oskari, pero no sé de qué lado estarán Jorma e Ingria. Escribo por tranquilizarme, por no mirar a Viljo, ni contemplar Valmeri desde la ventanilla. No, no quiero volver a ver este lugar jamás.

¿Cómo empezar? ¿Cómo informar de lo que ha pasado allí abajo? ¿Y para quién? Para mí, supongo, para que dejen de temblarme las manos mientras pulso la pantalla del panel. Por miedo a lo que pase cuando lleguemos a la Laestisa. Por el mensaje que ha dado Viljo al salir de Valmeri. Por Kaarle, por todo.

Nuestro nuevo refugio daba al agua. Estaba en esa gran calle amplia en la que empezó todo, desde las ventanas podíamos ver el edificio antiguo donde Seppo y los demás se encontraron con los unaitis por primera vez. Parece que hayan pasado ciclos desde entonces… Gracias a las indicaciones de Miska, salimos de nuestro anterior escondite sin que el enorme grupo de unaitis, atraídos por la explosión de Lumi, se percatase de nuestra presencia. Llovía, mucho, y el rugido del agua contra el suelo ocultó nuestra huida. Llevábamos a Seppo con nosotros, inconsciente gracias a la Madre, en una camilla improvisada con mantas y madera astillada. Miska nos dirigió por las calles flanqueadas por las enormes torres de viviendas valmeris, evitando a los unaitis rezagados. Hizo un gran trabajo, no vimos a ninguna de esas criaturas.

Cuando llegamos a la gran calle a orillas del agua, no podíamos más. La presión, el miedo, la angustia, y el cansancio por cargar con el equipo y con Seppo, podían con nosotros. Kaarle encontró la puerta de un edificio destrozada, y perdidas las comunicaciones con Miska, nos decidimos a entrar. La torre era amplia y libre de unaitis. Serviría hasta que volviese Viljo.

Seppo descansaba a nuestro lado, y Kaarle y yo nos tumbamos el uno al lado del otro, en silencio, disfrutando de la sensación que nos había dejado el agua sobre nuestra piel. El agua estaba allí, a un solo paso, una vasta cantidad de agua, pero intocable para nosotros. Evitábamos mirar hacia el mar, y era tal el sufrimiento, que no tratamos de secarnos. Estábamos tan cansados… tan angustiados, que de pronto, y sin ningún motivo, arrancamos ambos a reír. Kaarle acarició mi piel, recogió las gotas de lluvia, y se humedeció los labios con ellas. Quise sentir el frescor del agua sobre mí, y me abracé a él. Rodeó mi cuerpo con sus brazos, y hundió la cara en mi cuello, besando, bebiendo el agua de lluvia. Encontramos consuelo el uno en el otro, por todo el sufrimiento vivido, nos permitimos un momento de intimidad único, nos olvidamos de los unaitis, de Viljo, de Valmeri, de la misión…

Me desperté tiempo después, ya de noche. Miré a Kaarle busqué en su cuerpo algún resto de humedad, pero su piel estaba tan seca como la mía. Me levanté tiritando, me vestí, comprobé la posición de la Laestisa y llamé a Miska. Kaarle me había proporcionado el consuelo que tanto buscaba, pero la conversación con Miska me calmó del todo. Siempre lo ha hecho, aunque ella crea que soy yo quien la tranquiliza a ella. Cuando la comunicación se cortó, Kaarle se acercó a mí. No sé cuánto tiempo llevaba despierto, pero poco importaba. Volví a besarle, me desnudó, y yo me dejé llevar.

Kaarle… Kaarle… ¿Por qué tardamos tanto en darnos cuenta?

Con la primera luz de Novena, Oskari llamó a Kaarle. Le ordenó que volviésemos a la lanzadera, asegurásemos el lugar de aterrizaje, y esperásemos a que volviese Viljo con Vellamo. O cualquiera de los dos, si es que se habían decidido a matarse el uno al otro. Seppo estaba despierto, pero no hablaba. Nos miraba como si fuésemos extraños, y se sobresaltaba de vez en cuando, contemplándonos con pavor. Por si acaso, Kaarle le amordazó. No podíamos arriesgarnos a que tuviese un acceso de locura. Todo irá bien, me dijo Kaarle, te lo prometo. Estúpido, estúpido…

Salimos del edificio cargando con Seppo en la precaria camilla. La calle estaba despejada, hacía frío, pero la lluvía había dejado una humedad deliciosa. Andamos hacia el edificio antiguo al final de la calle, con paso ligero, vigilando todos los ángulos tan bien como pudimos. Ni rastro de unaitis.
Pero al llegar al edificio antiguo… Encontramos al primero devorando los restos de lo que parecía ser otro unaiti. Más tarde comprendí que era un valmeri… Quizás uno del grupo que encontró a Vellamo. Dejamos a Seppo en el suelo con suavidad, y Kaarle desenfundó su cuchillo y se acercó a la criatura. Logró clavarle la hoja sin que se diese cuenta de que estábamos allí. El unaiti giró en redondo, sin sentir dolor, extendió los brazos hacia Kaarle y quiso gritar, pero un gorgoteo de sangre se lo impidió. Trastabilló, cayó, y no volvió a levantarse. Kaarle se acercó al unaiti, se agachó para recuperar el cuchillo, y entonces un grito agudo nos sobresaltó. Tres criaturas salieron del edificio, corriendo, y nos alcanzaron antes de que pudiésemos reaccionar. Uno de ellos tiró a Kaarle al suelo, mientras otro corría hacia mí. Perdí de vista al tercero. Saqué mi pistola y disparé varias veces sobre el unaiti, que siguió corriendo hasta que cayó, muerto, sobre mí. Me hizo caer. Angustiada, me zafé del cadáver, y me levanté a tiempo de ver cómo una de esas cosas golpeaba frenéticamente a Kaarle mientras él luchaba por evitar que el tercer unaiti le mordiese. Traté de mantener la calma. Respiré hondo, tratando de aislarme. ¿Cómo podía tranquilizarme cuando una de esas bestias le estaba destrozando el pecho a Kaarle? El rugido de la pistola valmeri no logró acallar un aullido que ya conocía muy bien, y que se repitió a lo largo de la ciudad. En el mismo lugar que la primera vez, sentí un escalofrío, y estuve a punto de gritar histérica.

Muertos los dos unaitis, ayudé a Kaarle a levantarse. Tenía el cuerpo lleno de contusiones, y el brazo con el que había contenido a una de las criaturas estaba magullado y tembloroso. Teníamos que marcharnos. El origen de los disparos podía pasar desapercibido, pero no el aullido de un unaiti. Kaarle me aseguró que podía continuar. Con el gesto desencajado por el dolor, me ayudó a cargar la camilla de Seppo calle arriba, hacia el cerro donde estaba la lanzadera y nuestra salvación.
Empezamos a escuchar los gritos de los unaitis cuando superábamos el último tramo de la calle. Corrimos, corrimos hasta desfallecer. Cuando llegamos a la lanzadera, dejamos caer la camilla sin miramientos, y nos preparamos para recibir a los unaitis.

El primer grupo llegó tan pronto como levantamos las armas. Eran cinco, al menos, y recorrieron media distancia hasta nosotros antes de caer muertos con más agujeros de los que podía contar. Esas cosas solo se detienen al morir… No sienten dolor, siguen caminando, corriendo hacia ti hasta que su vida se apaga. Recargamos, nos miramos, y recibimos al segundo grupo, más numeroso esta vez.

Tras el tercer grupo, la munición escaseaba. Tuvimos un momento de descanso, suficiente para subir la camilla de Seppo a la lanzadera. El cuarto grupo fue demasiado numeroso. Sin tiempo de coger un último cargador, tiré de la correa del rifle de precisión de Vellamo, que todavía llevaba conmigo, y seguí disparando. Oh, Madre, fue… largo. Muy largo. Ni siquiera recuerdo bien cómo sucedió todo, solo sé que cuando Viljo llegó, nos encontró recostados en la lanzadera, jadeando y llorando, heridos y sin resuello. Creo que lancé un cuchillo tan lejos como pude en cuando le vi llegar, así que supongo que llegamos a combatir cuerpo a cuerpo, a la desesperada. No debieron ser muchos, quizás solo uno al que tuve que matar con mis propias manos. Soy una científica, no un soldado, no habría podido sobrevivir. Pero… lo hice.

Ahora desearía no haberlo hecho.

Viljo llegó con paso decidido, cargando con una bolsa de tela valmeri que se revolvía. Por un momento pensé en Vellamo… Pero cuando dejó caer la bolsa no escuché ningún gemido de dolor, ni siquiera una queja, solo ese continuo grito ahogado. Le miré, inquisitiva, y él abrió la bolsa por toda respuesta. Era un unaiti, atado y amordazado. El hijo de Aisyva había capturado a una de esas cosas. Cuando le pregunté por Vellamo, él ni siquiera me miró. Volvió a cerrar la bolsa y la arrojó dentro de la lanzadera, al lado de Seppo.

– Espera –dijo Kaarle de pronto-. ¿Se puede saber qué pretendes?

– Llevar a una de estas cosas a la Laestisa, por supuesto –respondió Viljo con naturalidad.

– ¡¿Te has vuelto loco?! –le increpó Kaarle.

Apenas podía tenerse en pie. Le ayudé a levantarse, y me mantuve a su lado mientras discutía con
Viljo.


– Nos pones a todos en peligro si subes a un unaiti a la Laestisa, Viljo –dijo Kaarle-. Piensa en todo lo que hemos pasado, maldita sea.

– Todo ha sido por la misión –se limitó a contestar Viljo-. Y la misión exige reunir muestras de vida de todos los mundos que hemos visitado. Esta es la más importante, ¿verdad?

– ¡No! ¡Esto es de lo que hay que huir, Viljo! –Kaarle estaba desesperado-. ¡Si subes una de estas cosas a la Laestisa, el traidor a la misión serás tú!

– He aguantado demasiadas estupideces por tu parte, Kaarle –dijo Vellamo-. Satu te tenía por un traidor inofensivo. ¿Has envenenado la mente de todos? ¿También te ha convencido a ti, Seija, con su superioridad moral?

Me mantuve en silencio, mirándole. Estaba perdiendo el control de la situación… Los unaitis volverían de un momento a otro, y había que salir de allí cuanto antes. Pero llevar a un unaiti a la Laestisa… No respondí. Sujeté a Kaarle, que estaba a punto de desfallecer.

– No me hables de Satu –dijo de pronto Kaarle-. Ella es la que te ha envenenado la mente, la que te ha construido. La locura de nuestros padres ha llegado demasiado lejos. Tiene que parar. Te lo explicaré todo cuando volvamos, Viljo, pero tienes que dejar a esa cosa aquí…

Entonces Viljo cambió el gesto. De pronto parecía estar comprendiendo algo. Asintió en silencio, se mordió el labio, se pasó una mano por la cara con cansancio. Suspiró, y sus movimientos fueron lentos. Tanto que ahora no me explico mi nula reacción. Sacó una pistola, y sin contemplaciones, disparó.

Kaarle se encogió al recibir el proyectil. No pude sostenerle. Cayó en redondo, sin poder encajar ese último golpe. Kaarle, Kaarle, tan bien lo hiciste, tanto aguantaste, tanto ímpetu por hacer que los demás comprendiésemos la situación… Y al final… Oh, Kaarle…

Creo que grité. Que lloré. Sentí cómo se me desgarraba la garganta por un llanto profundo e incrédulo. Caí con él, de rodillas, me abracé a él, temblando con violencia, sin acertar a acariciarle el rostro. Kaarle, que me había devuelto a mí misma. Que me había dado el consuelo y el afecto que nunca tuve, tan solo unos momentos atrás… No, no puedo creerlo, todavía no. Kaarle, mi querido Kaarle…

Le odio, le odio. Odio a Viljo. No dejo de mirarle ahora, quiero saltar sobre su espalda, apuñalarle, destrozarle. Vellamo, no sé cómo pudiste soportar tanto dolor. Quiero matarle. Voy a matarle. Cuando lleguemos a la Laestisa, le cortaré la garganta en cuanto tenga oportunidad. Maldito hijo de Aisyva.

Viljo me separó del cuerpo de Kaarle con violencia. Me levantó como si fuese un muñeco, y me obligó a entrar en la lanzadera, tirándome sobre la bolsa del unaiti, que seguía contorsionándose, intentando escapar. Antes de que pudiese salir y volver junto a Kaarle, Viljo cerró el portón de la lanzadera. Seguí gritando y gritando conforme la lanzadera ascendía, alejándonos de Kaarle, de Lumi, de Vellamo y de Satu.

Atrás quedaban los unaitis, la ciudad de torres silenciosas. El agua corrupta por la sal. Los valmeris, y su trágico destino. Sus secretos y enseñanzas sobre una vida en común y personal. Atrás quedaba la vida, y allí yace mi pasado y mi futuro. Mi hogar, que tan tarde encontré, no volverá a levantarse jamás.

Cuando abandonamos la atmósfera de Valmeri, Viljo se comunicó con la Laestisa. Anunció nuestra llegada, y exigió la presencia del capitán y de un oficial en la cubierta inferior del muelle principal. Oskari encajó bien la exigencia. El capitán de la Laestisa II acudirá a su encuentro, oficial primero; respondió recordándole la cadena de mando. Una insubordinación… Viljo debe querer hacerse con el mando de la misión. ¿Acaso no es eso una verdadera traición? Este maldito asesino merecer quedarse en Valmeri por siempre.

El unaiti sigue moviéndose, rueda de vez en cuando y se golpea contra las paredes de la lanzadera. Prefiero no tener que mirarlo. Seppo continúa inconsciente, por suerte para él. No tiene que ver nada de esto, ni su desenlace…

Estamos llegando a la Laestisa. Viljo carga su pistola de tierra valmeri. ¿Permiso para…? Permiso concedido, primer oficial.

Viljo está nervioso. Y a mí, de pronto, me invade una gran calma.

Entrada 39 – Viljo

Oficial primero Viljo, piloto

Ciclo 87

Sistema: 9º

Valmeri

Archivo escrito

Sin duda, Valmeri es un mundo extraño. No solo por sus habitantes, por la similitud con Mermoa, sino por el agua. Incluso su comportamiento escapa a mi comprensión. Aquí el nivel del agua sube y baja conforme pasan las horas, y las playas desaparecen, y las rocas contienen el ímpetu y el rugido de las olas. Las torres valmeris, ahora ya conocidas, observan la crecida del agua como guardianes silenciosos, testigos de la catástrofe que ha asolado esta ciudad, imperturbables al paso del tiempo, albergando ahora criaturas siniestras y enloquecidas.

Y allí encontré a Vellamo. Frente a las torres blancas, observando la subida del agua que había anegado la playa, con la mirada perdida en el horizonte nuboso. Estaba apoyado en la barandilla de metal blanco, tan clara como se había convertido la piel de Vellamo. Sin duda había estado nadando en el agua corrupta de sal. Fue extraño encontrármelo así, y no acechando como había supuesto.

Era la oportunidad perfecta para acabar con él y salvar la misión. De espaldas a mí, desarmado, distraído. Saqué la pistola valmeri, tiré de la corredera, y el chasquido hizo que Vellamo levantase la cabeza. Se dio la vuelta con parsimonia, y me miró con ojos cansados. Tenía en la cara la marca de mi cuchillo, la carne blanquecina por la sal alrededor de la herida que le cruzaba el rostro de parte a parte. Y entonces me habló.

[Reproducción de grabación: Oficial primero Viljo]

– ¿Qué haces aquí?

– Voy a matarte, Vellamo. Eres un peligro para la misión.

– ¿Yo? Ya… No, yo no soy ningún peligro. Al menos para la misión… Nuestra misión.

– Nuestra misión, la de todos. Tú la pones en peligro. Has enloquecido, igual que Seppo, pero tú te has contagiado de la locura de los unaitis. Nos has puesto en peligro a todos, Vellamo, más de una vez, tú y Lumi casi hacéis que fracasemos.

– No te atrevas a pronunciar su nombre…

– Ambos sois traidores. Ella pagó con lealtad sus errores sacrificándose por la tripulación. Tú, en cambio, has intentado matarnos a todos.

– Eso es mentira…

– ¿De verdad? Entonces, dime, ¿qué es esta herida? Mírame. ¡Mírame! Casi acabas conmigo, pero debiste cortar más arriba.

– Cállate…

– ¿Por qué estás aquí, Vellamo? ¿Tratas de planear tu próximo ataque? Has escogido un escondite pésimo. ¿Tan loco te has vuelto como para nadar en agua salada?

– Yo… Solo quería alejar a Lumi de ellos. Y de ti. De todo. La he entregado a Aitivera, y he dejado que ella me juzgue a mí también.

– Has perdido la cabeza si aún crees en los cuentos de Kalevi. El cuerpo de Lumi se corromperá, se volverá quebradizo por la sal, y desaparecerá en un mundo que no es el suyo. Debería haber descansado en Mermoa.

– No… Mermoa no era su mundo. Tampoco lo es este. Eres demasiado inocente, Viljo. Satu te engañó igual que a todos, con sus cuentos de honor, de la vuelta a casa. No tenemos casa, Viljo, quizás jamás llegues a pisar Mermoa. Y aunque lo hicieses, será un lugar tan extraño como lo han sido todos hasta ahora. Aquí al menos, algunos despertamos.

– Traidor.

– Satu fue la traidora. Traicionó a todos al evitar que supiésemos quiénes somos. Nos arrancó la vida de las manos, toda intimidad, todo momento realmente único y nuestro, lo aplastó con indiferencia. Satu era una asesina de mentes, y contigo hizo un trabajo espléndido.

– ¡Cállate! ¡Cómo te atreves a hablar así de ella!

– No he dicho ninguna mentira. Todos lo piensan, Viljo, en el fondo todos saben que no tenemos esperanza de llegar a casa, porque no existe. Aunque… Yo sí que tenía un hogar… entre los brazos de Lumi. Y tú me lo quitaste. Tú me lo quitaste. Me has quitado la vida. Maldita escoria, ¡tú mataste a Lumi!

– Salvé lo que pude de la misión. Aseguré la vuelta a la Laestisa quitando el elemento que desestabilizaba nuestra precisión contra los unaitis. Fui práctico, al contrario que tú. Habrías dejado que muriesen todos si con eso hubieses podido salvarla. Por eso murió Satu, porque mis dos mejores tiradores estaban demasiado centrados en salvarse el uno al otro.

– Eres tan egoísta como lo fuimos nosotros. ¿No te das cuenta? Pero no importa… Eres el yarvi perfecto, Viljo, el fruto de tantos ciclos, de tanto trabajo, de dos generaciones sacrificadas por la tiránica evolución impuesta por unos pocos. Eres un ser triste y sin esperanza, sin vida. Voy a ahorrarte ciclos de sufrimiento…

– Atrévete.

– Tú mataste a Lumi.

– Y volvería a hacerlo si con eso asegurase el regreso a casa, maldita escoria. Tú mataste a Satu.

– Y volvería a hacerlo sin con eso pudiese traer de vuelta a Lumi.

[Fin de la reproducción]

Esa maldita escoria… Ese hijo de Aisyva. Sus mentiras, su tranquilidad al hablar de la muerte de Satu, su indiferencia respecto a la misión. No podía aguantarlo más.

Levanté la pistola y disparé mientras él corría hacia mí. Sé que le di, pero se abrazó a mí y ambos caímos al suelo. Perdí la pistola, y él, sentado a horcajadas sobre mí, gritó como un animal desesperado. El agua rugía a su espada, y una ola rompió contra el muro. Y cuando las gotas de agua cayeron sobre el suelo, él comenzó a golpearme con furia. Con los ojos encendidos de cólera, me asaltó la imagen de un unaiti con forma yarvi, y el sobresalto fue tan grande que no pude reaccionar a sus golpes. Con la cara y el pecho doloridos, le rodeé con las piernas y giré sobre mí mismo, sentándome yo sobre él. Desenfundé mi cuchillo, pero él aferró mi mano con una fuerza inusitada, y me golpeó el rostro con la cabeza. Caí hacia atrás, y por un momento perdí la noción del tiempo.

Él se levantó, agarró mi cuello y me obligó a levantarme. Aún no alcanzo a comprender de dónde sacó esa fuerza y esa furia, pero yo estaba al borde del desmayo, y él seguía sin darme oportunidad de contraatacar, aun cuando le había alcanzado mi disparo. Me lanzo contra la barandilla y choqué contra el metal con estrépito. Aún mareado, no pude evitar su patada que volvió a lanzarme contra la barandilla. Herido, apaleado y sin resuello, estaba desesperado. Y entonces, como un relámpago, por mi mente cruzó un recuerdo. Vellamo jamás pudo vencerme en los entrenamientos en el agua.

Vi venir su siguiente embestida, me abracé a él y salté hacia atrás aprovechando su impulso, cayendo ambos por la barandilla y zambulléndonos en el agua. Estaba helada, pero al principio la recibí con placer. Hacía tanto que no nadaba… Luego comencé a sentir la picadura de la salitre en mi piel, y apenas podía abrir los ojos. Salí a la superficie, tomé una bocanada de aire, y volví a sumergirme. La fuerza del agua me arrastraba contra el muro de piedra, pero tras unos momentos pude moverme con libertad. Y Vellamo seguía sin aparecer… Entonces algo chocó contra mí, y volví a sentir los golpes de Vellamo. A pesar del dolor, abrí los ojos y le vi. Esquivé su siguiente embestida, y nadé a su alrededor impulsándome con la cola. La piel empezaba a tirarme, la sensación era terrible, y cada vez sentía más sequedad pese a estar en el agua.

Sabía que no podía verme, daba vueltas en rededor buscándome, pero yo me movía más rápido que él. Me lancé contra él, saqué su propio cuchillo, y lo hundí hasta la empuñadura en su cola. Soltó un grito bajo el agua, y me alejé de él. Era patético verle tratando de nadar solo con las manos y los pies. Salí a la superficie, y aproveché el impulso de una ola para saltar sobre el muro y agarrarme al borde. Trepé por la barandilla, cansado y dolorido, y me arrastré hasta la pistola.

Por Isholvi, la piel empezaba a clarearse, y sentía con dolor que me tiraba, penetrando la sal en mi interior. Los ojos me ardían, y apenas podía mantenerme en pie por los golpes de Vellamo. Me dejé caer sobre la barandilla, herido como estaba, y vi a Vellamo gimiendo de dolor, liberando el cuchillo de su carne mientras trataba de mantenerse a flote con los pies. Pude decirle algo. Pude reírme de él, decirle que tenía el final merecido. Pero la imagen era tan lamentable, tan triste, que simplemente levanté la pistola y disparé sobre él.

El agua se tiñó de sangre, y él yació boca arriba flotando inmóvil, boqueando en sus últimos estertores. Guardé la pistola y me apresuré a marcharme antes de que el ruido de los disparos atrajese a los unaitis, que sin duda darían buena cuenta de su cuerpo cuando bajase el nivel del agua.

Estoy malherido, pero el cumplimiento de mi misión me da fuerzas para continuar. Satu está vengada. Con la muerte de Lumi y Vellamo, la misión está a salvo. He contactado con Oskari, y él ha dado orden al resto del equipo de que se dirijan a la lanzadera y me esperen allí. Y cuando vuelva, relevaré al capitán del mando, y el trabajo de Satu continuará.

Volveremos a Mermoa, a casa. Y yo sobreviviré.

Entrada 38 – Seija

Tripulante Seija, equipo de investigación, meteoróloga

Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo de audio [Transcrito]

Seppo ha enloquecido. Delira, pero no tiene fiebre. Gime angustiado tan pronto como parece querer gritar. Se agita en sueños, susurra palabras que no entiendo, incoherencias, locuras. Hace un rato creí que estaba hablando conmigo, manteniendo una conversación corriente, hasta que me llamó “padre”. Cuando le dije que yo no era Kalevi, me miró como si fuese yo la que hubiese perdido la cabeza. Luego se recostó dándome la espalda, musitando algo acerca de que “siempre le hacía lo mismo”. Se echó a llorar y volvió a quedarse dormido.

Kaarle y yo hablamos siempre que podemos. Me lo ha contado todo. Dice que el capitán también ha hablado contigo. Suena extraño, ¿verdad? Ya no sé quién soy, ni qué hago aquí. Bueno… En realidad, nunca he sabido por qué estaba aquí. Ni siquiera cuando dormía en la inocencia de Satu, en la misión, en el mundo de la Laestisa. Cuando Kaarle terminó de hablar, apenas me sorprendió lo que me contaba. Raro, sí. Pero me quedé sumida en mis pensamientos, adivinando que siempre había sabido que había un yo y no un nosotros. Que todo esto es injusto, que no nos lo merecemos. Pero la mentira era tan agradable… Daba paz, acallaba los pensamientos angustiosos, permitía que me centrase en la misión silenciando la pregunta que trataba de matar cada vez que enviábamos un diario a Mermoa. ¿Por qué? Entonces llegaban las felicitaciones de Satu, su mirada orgullosa, lo juegos en el agua y la celebración, el homenaje a nuestros padres y su sacrificio.

¿Qué queda ahora? No sé qué pensarás de mí, pero preferiría seguir siendo ignorante. La verdad es demasiado… Demasiado real. No sé cómo expresarme. Es superior a mí. No sé, ¿tú quieres regresar? Mermoa no es ningún hogar. A decir verdad, quiero salir de aquí, salvar la vida, seguir pensando ya libre del sueño de la misión. Pero cuando volvamos… ¿Qué será de nosotros? ¿Qué nos queda allí? No podemos regresar. No podemos reclamar nada allí que una vez fuese nuestro. Ni siquiera de nuestros padres… Podemos construir un hogar, hacer de Mermoa nuestro lugar, pero ni siquiera sabemos cómo es eso. Si podremos vivir en los lagos, si nos tratarán como a seres extraños, venidos de otro mundo… Que al fin y al cabo es lo que somos. ¿Cómo habrá cambiado en ochenta y siete ciclos? Sería un mundo nuevo incluso para nuestros padres.

– No lo sé… No tengo respuestas. Tú siempre me las dabas, ¿te acuerdas? Yo solo quiero que regreses sana y salva. Aquí, con todos. Quiero que volváis.

Estamos listos.

– Lo de ayer casi puede conmigo… Tener que mantenerme serena para indicaros el camino a seguir, los movimientos de los unaitis, perderos de vista cuando os metisteis en ese edificio…

Lo hiciste muy bien, Miska. Conseguimos salir, los unaitis no nos vieron. La distracción de Lumi funcionó.

– Pobre Lumi… Aún no sé cómo pudisteis evitar la concentración de unaitis sin que os viesen. Era un suicidio.

Lo hiciste bien.

– Fue suerte. Al menos vuestro camino estará más despejado… Casi todos los unaitis de los alrededores debieron acudir al reclamo de la explosión. Había tantos…

Suerte…

– Mira a Seppo, por ejemplo. Quién iba a decir que sobreviviría a sus heridas tanto tiempo.

Seppo… No… No sé qué va a pasar con él. Le mordieron, Miska.

– Sí, eso dijisteis.

No, no lo entiendes. Kaarle me lo contó también. Y hay tantas cosas que tengo que contarte… A ti, y a Oskari. Oh, ¿por qué he estado hablando de tonterías?

– ¿Qué pasa?

Kaarle y Vellamo estaban seguros de que los valmeris… es decir, los unaitis, están enfermos. Que sufren de alguna enfermedad nerviosa que les empuja a comportarse de manera agresiva e instintiva.

– No lo entiendo.

Te lo contaré con detalle cuando volvamos. O mejor, que te lo cuente Kaarle. El caso es que se trata de una enfermedad, y por tanto es contagiosa.

– Quieres decir que…

¿Cómo se comportaba Satu cuando hablabais con ella?

– Igual que lo que me has contado de Seppo. Oh, Madre…

Sí… Seppo está tiene la enfermedad de los unaitis.

– Pero, ¿ha intentado atacaros?

No, no. Kaarle dice que es posible que el virus, o lo que sea, no debe de afectar a los yarvis de la misma forma. Somos muy parecidos a los valmeris, pero hay diferencias. Puede que la enfermedad no se haya adaptado a tiempo a nuestro cerebro, pero habría dañado el cerebro de Satu y Seppo.

– Suponiendo que no se haya adaptado.

Sí. Teniendo en cuenta lo que hemos visto aquí abajo, los unaitis arrasaron la ciudad como una plaga, apenas hay signos de combate en las calles. Si el proceso de contagio fuese tan lento y evidente, deberían haber contenido a los unaitis. No, no creo que sea una enfermedad tan lenta. Es decir, Kaarle no lo cree.

– Subir a Seppo a la Laestisa es un riesgo entonces…

No podemos dejarle aquí.

– No, claro que no. Pero…

No hay más que hablar.

– De acuerdo. ¿Qué hay de Vellamo?

Oh, por Aitivera, parece que sea yo la enferma. Miska, Vellamo ha encontrado valmeris.

– ¿Valmeris? ¿Reales? Quiero decir, ¿no unaitis?

Sí, sí. Hablé con él poco después de que llegásemos a este edificio. Fue a buscar el cuerpo de Lumi, y lo encontró. Cargó con ella hasta la playa, dijo no recordar cómo lo hizo ni cómo se orientó, pero lo logró. Estaba allí, llorando por ella, con las piernas y la cola secas por la sal del agua de Valmeri, cuando se le acercaron.

– Pero eso es… ¡Seija! ¿Por qué no me lo dijiste antes?

Son tantas cosas… Pero él apenas me ha dado detalles. Está obnubilado… Destrozado por la muerte de Lumi. Me lo contó como si no fuese con él, como si no le importara lo más mínimo. Ni siquiera cuando me contó que uno de ellos hablaba nuestra lengua.

– ¿Hablaba en lengua de los lagos? ¿Cómo es posible?

No lo sé. Dice que solo uno de ellos comprendía algo de lo que él les decía, y que se expresaba de forma extraña. Apenas entendía lo que le decía, solo algunas palabras. ¿No es extraño? En comparación con los demás valmeris, dice, este era más alto, y el vello de la cara y la cabeza era claro, amarillo. Eso es todo lo que pude sacarle.

– ¿Qué le hicieron? ¿Qué le dijeron?

Cree que nos llevaban siguiendo un tiempo, quizás desde el primer día. No parecían muy sorprendidos de verle, aunque sí extrañados. Les comparó con la de Kaarle ante un nuevo planeta, con esa mirada perdida y escrutiñadora. Le invitaron por gestos a salir del agua, le cubrieron el cuerpo con una manta, y le lavaron la herida de la cara con agua salada.

– ¿Con agua salada? ¡Qué horror!

Eso pensé yo. Parece más una tortura… Pero él ni siquiera parece tomarlo como una opción. Está arrasado por el dolor, Miska. No es él… Parece un… un unaiti.

– Me pregunto… cómo debe ser amar así a alguien.

Sí… Al final le alimentaron y se marcharon. Por gestos y apenas alguna palabra entendible, el valmeri alto y pelaje claro le indicó que les esperase en la playa, y se marchó. Es entonces cuando conseguí hablar con él.

– Entonces, ¿sigue allí? ¿Iréis a buscarle?

No lo sé. Es arriesgado… Pero quiero tenerle de vuelta. Y Viljo le está buscando para acabar con él. No es ningún peligro, al menos no para nosotros. Puede que ni siquiera lo sea para Viljo. Me dio la impresión de que Vellamo solo quiere estar solo.

– No volverá, al menos mientras Viljo esté con vosotros.

Desde luego, es imposible congraciarles. Y no es para menos…

– Ya… ¿Vais a estar bien?

Estaremos aquí hasta que vuelvan. Cualquiera de los dos. Si no tenemos noticias de ellos en un día, Kaarle y yo hemos decidido que saldremos hacia la lanzadera por nuestra cuenta, con Seppo. Podríamos pilotar la lanzadera, aunque preferiría que lo hiciese uno de ellos…

– Tened cuidado, por favor. ¿Estáis armados?

Sí. Vellamo dejó su rifle de precisión en su huida, así que lo llevo conmigo. Kaarle tiene una pistola también, y un fusil que dejó Viljo. Estaremos bien, no te preocupes.

– Hablaremos mañana, ¿de acuerdo? Volveré a guiaros, con Viljo, Vellamo, o a vosotros tres. Pero quiero que salgáis de allí de una vez.

Gracias Miska. Por todo… No podría seguir cuerda sin ti.

– Seija…

¿Qué?

– Es Viljo. Oskari ha logrado contactar con él.

¿Qué dice? ¿Dónde está?

– Ha encontrado a Vellamo.


[Comunicación interrumpida]

Entrada 37 – Kaarle

Tripulante Kaarle, equipo de investigación, biólogo
Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo de audio [Transcrito]

Viljo va a matar a Vellamo. No sé qué pensarás al respecto, pero el oficial primero se merecía la puñalada más que nadie. Traicionó la confianza de ambos. Llevó a Lumi a morir, esa fue la acusación de Vellamo, y él no la negó. Por eso no traté de separarles… Confiaba en que Vellamo no fallaría. Pero entrenaste muy bien a Viljo, mejor que a Vellamo.

– Él no recibió la instrucción militar completa. Cambió por la medicina.

Y eso le ha salvado el cuello a Viljo. Literalmente. A Vellamo le bastó una membrana para rebanarle la garganta. Estaba furioso… fuera de sí. Viljo le rajó la cara de lado a lado, y Vellamo escapó.

– ¿Hacia dónde?

¿Cómo quieres que lo sepa? Yo estaba todavía pensando si debía meterle un proyectil en la cabeza al primer oficial.

– Kaarle…

Lo siento, capitán. Pero esto se le ha ido de las manos. Mira, sé que no soy el más indicado para decir esto, pero su sentimiento de superioridad está llevando a que nos trate como a carne de cañón. Nos ve como oportunidades para distraer a los unaitis, no como yarvis.

– Es el yarvi perfecto para cumplir la misión…

¿Cómo dices?

– Kaarle, ¿sabes cuál es el propósito de la misión?

¿Lo sabes tú?

– Satu me lo contó. Y creo que tú lo conocías desde el principio y escapaste del control de la misión. Por eso tu conducta ha sido tan… ajena al resto.

Capitán…

– El Triunvirato tiene planeado gobernar los lagos. Pretende utilizar la unión de recursos económicos y yarvis, para crear un avance social y tecnológico en todo Mermoa. Eliminar la individualidad, crear un objetivo común, controlar el cumplimiento de una misión. ¿Te suena de algo?

La Laestisa.

– Exacto. El diario de la misión es un experimento. Nosotros somos un experimento. Y Viljo es el resultado.

Capitán, ¿sabes qué significa Vellamo?

– ¿Cómo? ¿Qué tiene eso que ver?

Que si sabes qué significa el nombre de Vellamo.

– No. No siquiera sé qué significa mi nombre. A eso me refiero, ni siquiera…

Vellamo es un nombre femenino.

– ¿Femenino? ¿En serio?

Sí. Los padres de Vellamo esperaban una hija, y eligieron el nombre mucho antes de concebirle. Cuando descubrieron que no era mujer, bueno… Decidieron mantener ese nombre. De todas formas, ninguno de nosotros tenía por qué saber que Vellamo es nombre de mujer. Igual que muchas otras cosas. Ese era el mayor miedo de nuestros padres.

– ¿A qué te refieres?

A que no puedes estar seguro de todo lo que das por sentado. Satu te contó la historia que jamás podía contar. Su madre se lo hizo jurar cientos de veces, por Aitivera, por Aisyva y por Isholvi. No debía hablar de ello nunca, solo llevar a cabo un seguimiento, controlar que no nos desviásemos de la verdad.

– El experimento del Triunvirato.

No, capitán. De la crueldad del Triunvirato. Del horrible destino que nos esperaba.

– Explícate.

¿Cuántos ciclos lleva viajando la Laestisa?

– Ochenta y siete, estamos cerca del comienzo del ciclo ochenta y ocho.

Eso es mucho tiempo. Nuestros padres embarcaron en la Laestisa II con unos… veintitantos ciclos, ¿no es así?

– No lo sé exactamente, pero sí, creo que sí.

Nuestros padres iban a morir en su viaje. Lo sabían, sabían que el viaje era solo de ida. Engendrarían a la siguiente tripulación y la prepararían desde que naciesen para llevar a cabo la misión más ambiciosa de toda la historia espacial yarvi. Todo un honor servir así al Triunvirato. Sus hijos serían héroes. Ya, sí, embarcaron con mucha confianza y felicidad. Pero tras los primeros ciclos, con la madurez, y fuera del control del Triunvirato, llegaron las dudas. Morir allí arriba, tan lejos de casa… Y la obligación de procrear. Aquello fue demasiado para ellos. Con los hijos, llegaron las emociones, las ilusiones y los sueños de futuro; pero todo ello se golpeaba de frente con la inevitabilidad del destino. Nosotros jamás seríamos niños normales. No tuvimos una infancia para recordar, la libertad de decidir qué hacer con nuestras vidas. Por no hablar de que no contaríamos con la posibilidad de ver las cosas que ellos vieron, de hacer las cosas que ellos hicieron, de conocer a las familias que ellos quisieron. Si lográbamos sobrevivir al viaje, nuestra visión de Mermoa jamás sería la misma.

– Nunca me lo había planteado así… No entiendo lo que quieres decir. O sea, sí, lo entiendo, pero…

Tú también lo has pensado, ¿no es así? Jamás habría apostado por ti, la verdad. Sabía que Lumi era diferente, me sorprendió que Seija también reaccionase ante la mentira de nuestros padres. Pero de ti, francamente, no me lo esperaba.

– No podía arriesgarme a que Satu me denunciase a Mermoa. Estaba cometiendo traición con mi forma de pensar. Tenía miedo.

Satu no hacía nada. No podía hacer nada. Si sobre algo tengo curiosidad, es sobre qué pensarán en Mermoa acerca de esta segunda tripulación. Pero para que lo entiendas… Verás, nuestros padres sufrieron mucho por no poder mantener esa inocente ilusión de servidumbre. Lo pasaron mal, muy mal. Pero luego se desesperaron al pensar qué podríamos llegar a pensar nosotros. Al fin y al cabo, ellos subieron a la Laestisa por sus propios medios, a nosotros nadie nos dio a elegir. Tuvimos la mala suerte de ser hijos de nuestros padres. Así que a la madre de Satu se le ocurrió una idea… Utilizar esa ignorancia servicial a su favor.

– Espera, ¿ellos se inventaron la misión?

Sí, más o menos. La importancia última de la misión, el potenciar el pensamiento grupal, lo colectivo por encima de lo individual, era nuestra única escapatoria a nosotros mismos. Si tuviésemos las mismas inquietudes que nuestros padres, acabaríamos por volvernos locos. Lo mejor era cumplir con la misión en el plazo establecido y enfrentarnos a la verdad en Mermoa. Odiar a nuestros padres tras haber terminado la misión sería más sencillo que hacerlo en otros mundos, sin posibilidad de regresar a casa, si es que la tenemos. Nos educaron desde que tuvimos uso de razón con un único objetivo, cumplir la misión, enterrar la individualidad, trabajar en equipo, favorecer únicamente nuestro fin último como yarvis… Terminar nuestra tarea, regresar a Mermoa, y escapar del destino al que nos habían condenado al concebirnos.

– Pero, ¿y lo del experimento del Triunvirato?

Esa historia se la contó su madre a Satu. Era el impulso necesario para que ella se empeñase más que nadie en cumplir su tarea, la más importante de todas. Controlarnos, vigilarnos, hacer que la tripulación mantuviese su colectividad, eliminar las muestras de individualidad, protegernos. Satu resultó ser taimada y fría, así que su madre hizo que se sintiese superior a nosotros. Le contó la verdad, su verdad, y le dio el puesto de poder que haría que se empeñase en su tarea más que nadie. Ella era la herramienta directa del Triunvirato para el futuro de Mermoa. Un orgullo para Satu. El problema es que acabó por ser más inquisidora que psicóloga, y al final muchos escapasteis a su control.

– ¿Y qué hay de ti?

Mi madre me contó la verdad a espaldas de todos. Para ella lo más importante eran sus estudios… Biología, avances científicos con las muestras de otros mundos… Quería que yo continuase su obra. Pensó que era peligroso que su hijo se hubiese distraído con otras tareas que exigía la colectividad, así que me regaló la individualidad. Eso sí, a cambio me condicionó para que no me importase nada salvo su estudio. No ya la misión, sino la misma tripulación. No contó que al hacerme inmune a la colectividad, también hizo que sus pretensiones fuesen inútiles. La admiro como bióloga, pero como madre dejaba mucho que desear. Por suerte para ella, me gusta la biología así que me centré en sus estudios, que estaban muy avanzados, para desarrollar mi propia teoría. Y respecto a vosotros… Bueno, vuestra servicial atención a la misión se me antojaba ridícula y molesta, me hacía sentirme superior a vosotros, porque yo sabía que estabais engañados. Fui un cínico y algo desagradable a veces. No me arrepiento, en ese momento era lo que pensaba.

– Ya… Entonces, lo que me contó Satu, ¿no es verdad?

Oh, no, no. La única verdad es que somos la muestra de hasta dónde puede llegar el amor de un padre por su hijo. Nos esclavizaron por nuestro bien. Tierno, pero a la vez… No sé, si las cosas hubiesen sido diferentes, quizás Lumi todavía estuviese viva, y yo me habría cargado a Viljo antes de que hubiese salido en busca de Vellamo.

– Tenéis que salir de allí.

Lo sé.

– Viljo va a matar a Vellamo.

Eso espera hacer.

– Y tú…

Aún tengo mucho que contar, capitán. Pero confío en ti. Sé que no permitirás que nos pase nada.

– ¿Por qué?

Tú eras la perfección yarvi. Si lograste escapar, y lo máximo que pudo lograr Satu fue Viljo… Entonces hemos ganado.

– Tú mismo lo has dicho, Kaarle. No des nada por sentado. Hazme un favor, ¿quieres? Mantente con vida. Tenemos mucho de qué hablar.

Por supuesto. Aún tengo que decirte el regalo que trae la mordedura de un unaiti consigo. Sé que te va a encantar.


[Comunicación interrumpida]

Entrada 36 – Vellamo

Tripulante Vellamo, auxiliar de medicina
Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo de audio [Transcrito]

Me has arrebatado lo que más quería. No tenías ningún derecho a hacerlo, ninguno. Me mentiste, sabías que me mentías, y solo miraste por ti mismo.

Pensaste, quizás, que me ahorrarías más dolor. Un dolor físico, porque el sufrimiento que nace del corazón no tiene cabida en ti. Tenías la llave para detener esta situación. Vayamos por ella, ayudémosla, puede regresar. Pero no contaba con que tú jamás quisiste que regresara.

Se había acabado, para ti ya estaba muerta, ¿desde hacía cuánto? ¿Desde cuándo lo sabías? Me has mentido desde hace tanto tiempo… Y yo confié en ti. Estúpido, estúpido de mí. Si lo hubiese sabido jamás habría pasado esto. No lo habría permitido. Sí, es probable que te hubiese borrado de mi vida en ese mismo instante. Mi ira habría hablado por mí, y aunque no físicamente, para mí habrías muerto. Tomaríamos caminos separados, volveríamos a nuestras vidas, sobreviviríamos y quizás, algún día, explicadas las razones de cada cual, se podría haber rescatado algo de una relación rota por una acción desafortunada.

Pero ahora… Tras tanto tiempo de engaño, por darme cuenta de tus maquinaciones a espaldas de todos, ya nada queda. Nada posible, nada rescatable. Ahora he de matarte, he de cerrar la puerta. Quisiera que fuese algo simbólico. Quisiera decirte que te equivocaste, que hablases conmigo, que me dijeses la verdad, tus planes para el futuro de todos pues la última palabra siempre fue la tuya. Pero has matado algo tan bello… Una oportunidad única, tan bonita. Has matado a Lumi. Nos has matado a ambos, siendo consciente de lo que hacías, aun pensando que lo hacías por el bien de algo mucho mayor. Queriendo ahorrar un dolor, has provocado un sufrimiento absoluto que solo llevará a más muerte.

Voy a acabar contigo, Viljo. Voy a salvaguardar el recuerdo de Lumi, de aquello que una vez fue bello, y aprender de mis errores. Pero, ¿qué hay de los tuyos? ¿Aprenderás? ¿Serás realmente consciente de que los has cometido? No, probablemente tengas la conciencia tranquila. Y, si Seija o Kaarle se interponen entre ti y tu objetivo, los desecharás de la misma forma que hiciste conmigo y con Lumi. Porque, al fin y al cabo, tu personalidad es la más fuerte de toda la tripulación. Tú eres el yarvi perfecto, pues no cuentas con la debilidad que nos ha hecho a nosotros ser seres reales. Tú eres una marioneta. Una imitación sencillamente superior al original. Eres el futuro que Satu quería, según me ha dicho Oskari.

Tú eres el futuro y la condena del mundo a ser perfecto. Contigo como ejemplo, el Triunvirato creará un Mermoa que sobrepasará sus propios límites, una cohesión social imposible de igualar. Ni siquiera por los valmeris, ya perdidos, que tanta ventaja nos llevaron en ese aspecto. Pero yo no quiero ser partícipe de ello. No a este precio.

Te odio, te odio tanto. Quiero verte morder el polvo, quiero que pagues por el sufrimiento que me has causado, por acabar con lo más hermoso, con Lumi, con todo. Por lo que representas. Aún no sé si tendré el valor para hacer lo que debo hacer, pero acabaré eliminándote de mi vida, por siempre. No… No voy a matarte. No, solo quiero que te marches. No volver a verte nunca más. Vete, vete a tu mundo feliz y olvídate de que una vez existimos. Yo aprenderé. No cometeré el mismo error, no volveré a un lugar en el que estés tú.

Escoria de Aisyva. Me has destrozado por dentro, y no lo harás por fuera. Me recuperaré de mis heridas, al igual que tú tendrás que hacerlo de las tuyas. Creo que llegué a apuñalarte, que el acero valmeri mordió tu carne seca, antes de que me rajases la cara. Al menos te acordarás de mí cuando regreses a Mermoa, dudo que lo hubieses hecho si no te hubiese infringido alguna herida. Para ti, yo no soy nada, tampoco lo era Lumi. Ninguno lo somos… Vuelve, vuelve a tu mundo sin ética ni moral, en cualquier otro lado serías considerado un monstruo. Si es que lo hay…

¿Lo hay? ¿Habrá esperanzas de sobrevivir en Valmeri, de encontrar algo más cercano a nosotros que el extraño Mermoa? Lumi así lo creía, o al menos lo esperaba. Oh, Lumi… Lumi… En estas mismas puertas tuviste la esperanza de salvarte. Debiste tener mucho miedo, pero tus deseos de vivir eran tan fuertes… Qué bien lo hiciste. La entrada del edificio está sembrada por cadáveres de unaitis, y aquí abajo no disparaste ni una sola vez. Allí está tu cuchillo, frío y muerto.

¿Cuántos pisos dijiste que habías subido? ¿Dos, tres? Creo que eran dos. Cariño… Mi amor… No sé si quiero verte. Pero tengo que hacerlo. Quiero volver a abrazarte, besarte una última vez y maldecir a esta muerta tierra por permitir sembrar un horror como el de estas criaturas. La impotencia es… Viljo, Viljo, maldito, mereces la muerte más que nada ni nadie. Aquí caíste, en este rellano, el segundo. Te arrastraste herida… Mi vida, cuánto debiste de sufrir. ¿Por qué no hay unaitis? ¿He matado a alguno de camino a aquí? No lo recuerdo… Te metiste en esta habitación, y te encerraste.

Lumi. Mi amor. Mi vida. Lo siento… Debí llegar mucho antes, estar aquí contigo antes de que apretases el gatillo y te arrebatases la vida. Tan temprano, tanto por vivir, juntos. Y te han apartado de mi lado, obligándote a… a… algo tan terrible.

Voy a abrazarte hasta que completes tu viaje, mi amor. No permitiré que estas criaturas profanen tu cuerpo. Me quedaré contigo y te llevaré al agua, y que la sal te conserve en este lugar extraño donde depositaste tantas esperanzas. Y luego, luego, esperaré mi final en la orilla del agua. Hablaremos por los ciclos que están por venir, hasta que llegue mi hora, y yo también me adentre en la sal corrupta donde descansaremos juntos por siempre.

Aquí estoy, cariño, aquí estoy. Contigo.

Entrada 35 – Lumi

Tripulante Lumi, oficial de ingeniería de comunicaciones

Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo de audio [Transcrito] 

La primera vez que le vi. Algunas novelas románticas, esas que leía mi madre, empezaban así. La primera vez que le vi, mi corazón se detuvo y sentí una vorágine, una tormenta, que ascendía por mi pecho y me hacía temblar. Yo no recuerdo la primera vez que le vi, tampoco estoy segura de si sé cuál ha sido la última. La única certeza que tengo, es que él me ha llevado a morir. Y que no lo lamento…

Lo vi en la mirada de Viljo, mientras me mostraba el cadáver de Satu. El odio en su mirada, el regocijo cuando me tendió los explosivos, y me dijo: “hazlo por salvarle a él”. Me ha condenado a morir para que Vellamo no se distraiga. Al menos él sobrevivirá. Pero yo…

Yo no quiero morir… Quiero salir de aquí. Volver a abrazarle, a besarle, a sentir sus latidos junto a los míos. Quiero nadar con él en Mermoa. Visitar nuestro mundo, hacer todas esas cosas que dijimos que haríamos. No tolero… No permito la idea de no volver a verle. De sentirle junto a mí. Es demasiado fuerte. No, no. Tengo que sobrevivir. No quiero morir. No voy a morir.


¿Es posible volver junto a él? Antes tengo que detonar los explosivos. Si lo consigo, podríamos aprovechar la confusión y el ruido para correr hacia la lanzadera, o al menos avanzar sin que nos presten atención. Pero, ¿cómo? ¿Cómo evitar que la explosión, o los unaitis, puedan conmigo? Oh, ojalá estuviese aquí conmigo… O Jorma. Alguien, quien sea.


Tengo miedo… Oigo su respiración agitada tras la puerta, sus gruñidos, las pisadas, duras, sobre el suelo que parecen hacer retumbar todo el edificio. En la oscuridad más absoluta no dejo de imaginar a esas criaturas entrando si cierro los ojos. No puedo dormir. De vez en cuando alguno golpea la puerta, y yo me muerdo la mano para no gritar. Tengo que salir de aquí, como sea. Quiero nadar, quiero agua. Quiero volver a verle…


No creo… No creo que me estén escuchando. No puedo escribir, no quiero apartar las manos de mi arma. Pero necesitaba hablar, aunque fuese conmigo misma, con el diario. Dejar constancia de que Viljo me ha enviado aquí a morir, solo por preocuparme por Vellamo. O porque él se preocupa por mí… Oh, Madre, gracias. Gracias por no haber permitido que le eligiese a él. Al menos él verá los lagos de Mermoa. Haz que salga de esta tierra de Aisyva.


[Comunicación entrante: intercomunicador 6. Tripulante Vellamo]


– ¿Lumi? ¡Lumi! ¿Puedes oírme?


… ¿Vellamo?


– Cariño, gracias a la Madre, estás viva. Sí, sí, está viva, está viva. ¿Estás bien? ¿Dónde estás?


Estoy… Estoy bien. Vellamo, Vellamo, no sabes cuánto me alegra oírte.


– A mí también, mi amor. Háblame. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estás?


Estoy en el edificio contiguo al refugio… Creo. No lo sé, he corrido mucho, sin ninguna orientación. Creo que no he salido del edificio, pero…


– ¿Y ahora? ¿Dónde estás ahora?


No lo sé… Está muy oscuro. Es una habitación pequeña, muy pequeña, me he quedado en un rincón esperando a que se marchasen.


– ¿Cómo estás? ¿Te han hecho algo?


Algún golpe, creo… Me duele la mandíbula y la boca me sabe a sangre. Me duele el pecho al respirar, tanto que he tenido que quitarme la pechera de defensa. Había muchos, muchos… No sé, no lo sé, me han hecho daño, Vellamo…


– No llores, no llores. Lo vas a conseguir, ¿de acuerdo? Vas a salir de allí. No sé por qué te presentaste voluntaria, deberías habérmelo dejado a mí.


… ¿Voluntaria?


– Sí. Pero no te preocupes, no pienses en eso. Vas a conseguirlo, ¿de acuerdo? Tú solo tienes que hablarme, buscar…


¿Viljo está contigo?


– Sí, está aquí. Pero escúchame. Busca las escaleras, todos estos edificios tienen unas, como las del segundo refugio, ¿te acuerdas?


Vellamo, Viljo no…


– Solo tienes que bajar, bajar sin pensar en nada más, ¿de acuerdo? No te preocupes por los explosivos, tú solo sal a la calle. Yo te crearé una distracción.


No… No. Cariño, Viljo, no te fíes de él. Él…


– ¿Qué? Me ha dicho que saldría conmigo a ayudar en la distracción, no pienses en eso. Céntrate en salir de allí con vida.


Estoy haciendo mucho ruido… Viljo… me ordenó… que entrase aquí…


– … ¿Cómo?


Espera, espera. No hagas nada…


– Repite eso…


No. Cuando salga… nos ocuparemos de eso… entre los dos… Disimula.


– … ¿Los tienes cerca?


Sí…


– ¿Tienes tu arma contigo?


Sí…


– Estoy contigo, mi amor. ¿Preparada?


Lista…


– Fuerza, cariño. Estoy contigo. Por favor, no dejes de correr.


Allá voy…


– ¡Mierda, esa máquina hace un estruendo horrible!


Es antigua, al menos el sistema. Es como las primeras pistolas de metralla yarvi. Pero muy optimizadas… A distancias cortas provocan heridas terribles.


– ¿Te has librado de ellos?


De los dos que estaban en la puerta sí. En este pasillo no hay ninguno más, pero el ruido habrá atraído a todo el edificio…


– ¿Dónde estás?


En una vivienda valmeri. Estoy saliendo. ¡Mierda!


– ¿Lumi?


Muertos. Tres, los he visto por poco. Les oigo subir…


– Sí, Seija. Estamos oyendo gritos. Y hemos oído tus disparos.


Estoy haciendo mucho ruido… Mierda…


– Debería salir a disparar al aire. Darte una distracción.


Ni se te ocurra, Vellamo. Ni se te ocurra. Dos más.


– ¿Tienes suficiente luz?


Me he acostumbrado a la oscuridad, pero apenas distingo siluetas. Es… Da miedo. Veo sombras acercándose a mí por las escaleras, y cómo se ilumina todo con cada disparo. No sé quién grita y no puedo evitar que lo hagan. Pero lo mismo da, los disparos atraen a todos… ¡¡Joder!!


– ¡Lumi!


Lo tenía encima, maldita sea. Estaba agarrándome la pierna… No puedo más, cariño, no puedo más…


– No te derrumbes. Sigue, puedes conseguirlo. ¿Dónde estás?


No lo sé, no lo sé. Estoy bajando las escaleras… ¡No! ¡Mierda, mierda!


– ¡Háblame!


Se arrastran por el suelo, no mueren… Oh, Madre, oh, Madre…


– Lumi… Vamos, cariño, puedes hacerlo.


Es… No…


– ¿Lumi?


No sé cuántos son…


– ¡Lumi, corre! ¡Sal de ahí!


[…]


– ¡Lumi! ¡¡Lumi!! ¡Háblame, por favor! Lumi…. Dime algo, dime algo… ¡No! ¡Cállate! ¡No está muerta! Lumi, Lumi, vamos…


… Vellamo…


– ¡Está viva! ¿Qué ha pasado?


… Eran demasiados. No me queda munición…


– ¿Estás bien?


No lo sé… Espera… Creo que puedo levantarme. Pero les oigo ahí abajo… Cariño, no puedo más…


– No te rindas. Puedes conseguirlo, vamos. Levántate. ¿Estás de pie?


Sí… Pero me tiemblan las piernas… No han dejado de golpearme… Creo que me han mordido y arañado.


– … ¿Te han mordido?


Creo que sí… No veo mis heridas. Eran muchos, y yo solo disparaba… No puedo más, no aguanto más…


– Tranquila. Si puedes caminar, estarás bien. ¿De acuerdo?


Sí…


– ¿Aún tienes los explosivos?


Los tengo.


– Vas a tener que detonarlos. Lo más lejos que puedas. ¿Tienes alguna ventana cerca?


Sí… estoy terminando de bajar… las escaleras. Allí hay una ventana…


– Muy bien. ¿Tienes algún unaiti cerca? ¿Y algún arma?


Me queda una pistola valmeri… No, al menos no oigo a ninguno aquí… Pero están subiendo…


– No vas a tener que usarla, ¿vale? ¿Sabes cómo funcionan los explosivos?


Sí. Son bombas de mano… Se accionan con una especie de palanca, creo… Con detonar una debería bastar para hacer estallar las demás. Debería dar tiempo a accionar la palanca y lanzarlas…


– Siempre se te han dado bien estas cosas. Confiamos en tu intuición, ¿no?


Sí… Están subiendo.


– Lánzalas, rápido. Lo más lejos que puedas.


[…]


– ¡Eso es! ¡Menuda explosión! Ha temblado todo el edificio. Distracción de sobra. Vamos, rápido, sal de allí. Avísame en cuanto estés al aire libre. ¿Ves algún unaiti?


No… No. Tampoco estoy segura de si les oigo… Me pitan los oídos…


– Ten la pistola preparada y baja con cautela, pero deprisa.


Oye… Vellamo… Lo de Viljo. Él me ordenó venir aquí. ¿Recuerdas lo que hablamos?


– Sí…


Creo que sé por qué es. Le estorba nuestra relación… Debió de estar pensando cómo conseguir separarnos… Creo. No sé, parece descabellado… Pero cuando me ordenó venir aquí… Y el hecho de que te mintiese…


– Puede tener sentido… Pero no pienses en eso ahora.


No, quiero que lo tengas en cuenta. Si es así, no le gustará que sobreviva… Ten cuidado, cariño…


– De acuerdo. Pero ahora tienes que concentrarte en salir, ¿vale? ¿Cómo vas?


Veo la puerta principal… Oh, Vellamo, veo la calle…


– ¡Fantástico! ¡Eh, lo va a lograr, Seija!


Hay mucho humo, no puedo ver bien… Voy a salir. La explosión ha debido reunir a todos los unaitis… Ya casi estoy en la puerta, y no he visto a ninguno…


– ¿Puedes correr?


No lo sé… Me duele todo el cuerpo… Empiezo a estar muy cansada… ¿Tenéis agua?


– Tenemos agua, tranquila.


Viljo se va a poner furioso… Ten cuidado, Vellamo, ten cuidado.


– Ya lo discutiremos cuando hayas descansado. Podremos con él. Tú solo camina, sin que te vean…


Vale… Estoy fuera… No veo nada…. Voy a intentar seguir adelante… ¡Espera!


– ¿Lumi?


Oh, no…. No, no, no, por favor, no.


– ¡Lumi!


Ya vienen… Oh, Vellamo, ayúdame, por favor…


– ¡Lumi, corre! ¡Corre!


¡Están muy cerca! ¡Quietos! ¡¡Fuera, malditas escorias, fuera!!


– ¡No dispares! Atraerás a los demás! ¡Intenta despistarlos!


¡¡Fuera, fuera, fuera!! Oh… por favor… basta ya… ¡Basta ya!


– ¡Lumi!


No quiero seguir cariño. No puedo más…


– ¡Dónde estás! ¡Voy a buscarte, maldita sea! ¡Suéltame, voy a ir a buscarla! ¡¡Lumi!!


Me he encerrado en el edificio… Creo que he subido un piso o dos… No vengas, cariño, por favor.No puedo más…


– ¡¡No te atrevas a tocarme!! ¡¡Suéltame!! ¡¡Lumi!! ¡Lumi, no!


Lo siento, mi amor… Lo siento…


– ¡Lumi! ¡Maldita escoria, suéltame! ¡Tú la has matado! ¡Apártate de mí! ¡¡Lumi!!


Te quiero mi amor. Por favor, sobrevive… Cuídate mucho…


– ¡¿Qué estás haciendo!? ¡Lumi, por favor, no!


No voy a poder seguir… Lo siento tanto… Cuida de todos, de Seija, de Seppo, de Jorma y de Miska. Por favor, no te fíes de Viljo, cariño. Mi amor, te quiero, te quiero tanto…


– ¡¡Lumi!! No, cariño, por favor, no lo hagas. Mi amor, aguanta, iré a buscarte, iré…


Adiós, mi vida. Te quiero… Lo siento… Lo siento… Adiós.


– ¡¡No!! ¡Por favor! ¡No! Estoy yendo, estoy yendo a por ti, voy a salir, vas a volver a…


[Comunicación interrumpida]

Entrada 34 – Viljo


Oficial primero Viljo, piloto

Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo escrito

Lumi y Vellamo no han dejado de ser un problema desde lo del segundo refugio. Lumi se bloqueó al ver a Vellamo en peligro y casi nos lo hace pagar a todos. Con el paso de los días, la situación se ha agravado.

No pensarán jamás en el resto si uno de los dos está en peligro. Vellamo responde de forma agresiva y eficaz cuando Lumi está amenazada. Ella se desespera y pierde la concentración. Pero, respondan como respondan, lo preocupante es que olvidan a los demás. Si Lumi hubiese estado alerta, quizás Seppo no hubiese sido herido en el refugio y no habría salido corriendo al despertar desorientado. Si Vellamo no se hubiese centrado en salvar solo a Lumi, yo no habría tenido que soltar mis armas para poder salvarme cuando huíamos del muro de contención. Y lo más importante de todo. Si él hubiese hecho su trabajo, Satu no habría muerto.

Lo comprendí al momento, en cuanto Seija anunció por el intercomunicador que los unaitis habían cazado a Satu. Días de cavilación, de apartarme del grupo para buscar una solución al problema. Los dos mejores tiradores con los que cuento, anulándose el uno al otro. Y ese extraño afán de supervivencia que muestran todos. Incluso Oskari se preocupó por sacarnos del muro de contención. ¿Tendrá que ver con lo que me dijo antes de bajar a Valmeri? Tomé mi decisión, decidí que había llegado el momento de cumplir con mi parte de la misión: asegurar la supervivencia del equipo para que llevasen un unaiti a la Laestisa. Y todos se pusieron en mi contra. ¿Es que no lo ven? ¿No son conscientes de que para esto hemos sido entrenados y concebidos? Tenemos en nuestras manos el mayor descubrimiento de la historia. Vida inteligente, en otro mundo. Hay que llevar a una de esas cosas a la Laestisa, y ellos solo piensan en su fútil supervivencia. Satu los habría llamado traidores, y ciertamente lo son. Ahora que ella no está, soy yo quien debe asegurarse de que entren en razón.


Vellamo gritaba por Lumi. Ella se concentraba en que los unaitis no la arrollasen mientras se retiraba al refugio. Yo buscaba a Satu, mientras todos hablaban atropelladamente por el intercomunicador. Y entonces todo quedó en silencio. Satu ha muerto, dijo Seija. Y comprendí que el equipo había fallado. Vellamo no había hecho su trabajo, Lumi tampoco, incluso Seija perdió de vista a Satu. Y Kaarle… esa escoria probablemente ni se enteró de lo que pasaba. Ni siquiera Oskari estuvo a la altura de las circunstancias, nuestro propio capitán. Tenía que tomar el control, era la única opción.


Vacié otro cargador, tiré el fúsil valmeri y corrí hasta donde estaba Satu. Con las comunicaciones perdidas con la Laestisa, Oskari no podría incordiar llevándome la contraria. Ordené a Lumi que se reuniese conmigo, y a Seija que cerrase las ventanas. Vellamo protestó, por supuesto, pero Lumi, por una vez, fue participativa y le insistió en que obedeciese. Tarde para ella. Mi decisión ya estaba tomada.


Dos de los asesinos de Satu habían sido abatidos por Vellamo. Una vez más, demasiado tarde. Otro estaba sentado a horcajadas sobre ella, abriéndole la garganta a mordiscos. Con repugnancia, le disparé a la cabeza con una de las pistolas de tierra. Maté a otro más, y cubrí la posición hasta que llegó Lumi.


Le obligué a que contemplase el cadáver de Satu, y ella comprendió al instante mi mirada incriminatoria. No habían estado a la altura, y el resultado era ese. Una bella yarvi, tendida en el suelo bajo un charco de sangre, el cuerpo repleto de contusiones y magulladuras, y la garganta abierta en canal a dentelladas. Me hubiese gustado estar así más tiempo, dejando que la consternación se apoderase de ella. Pero los unaitis se acercaban a nosotros. Apagué mi intercomunicador y le obligué a que hiciese lo mismo. Ella dudó, pero no se atrevió a desafiarme como hizo en el muro de contención.


Habíamos llamado la atención de todo unaiti a nuestro alrededor, una vez más. Necesitábamos una distracción, y cambiar de refugio para confundir a las criaturas. Y yo tenía que poner punto y final a la ineficacia del equipo. Creo que acabé con ambos problemas en ese mismo instante.


En la misma plaza en la que estábamos hay un edificio antiguo, semejante al que Seppo describió como un lugar sagrado, donde se produjo el primer contacto. Este es algo más grande, y de construcción más elaborada. Y lo más importante, se podía entrar. No habíamos visto salir ni un solo unaiti de allí, y de haberlo hecho, con el estruendo que estábamos causando no quedaría ni uno en su interior. Mientras no se calmase la situación, sería un refugio ideal. Le dije a Lumi que yo limpiaría el camino hasta allí, mientras ordenaba a los demás que bajasen con Seppo. Lo lógico habría sido dejarlo a su suerte… pero es necesario para investigar a los valmeris. De momento, intentaré que sobreviva. En cambio, Lumi…


Ella será nuestra distracción. Me quité el cinturón de explosivos que encontramos en el muro de contención, y le pedí su fusil. Ella se quedó con ese arma extraña que encontró en nuestra huida al refugio. Dispara muchos proyectiles de una sola vez, provocando muchísimo daño a distancias cortas. Le valdrá con eso. Aunque ya sabía lo que le iba a ordenar, se mantuvo serena. Eso se lo reconozco. Los unaitis estaban ya casi sobre nosotros, y no había tiempo de discutir. Le ordené que entrase en el edificio contiguo a nuestro refugio, atrajese al mayor número posible de esas cosas, y detonase los explosivos.


Ella cargó su arma, y me dirigió una mirada penetrante. Sin discusión, le dije. Soy la máxima autoridad aquí. En esta ciudad, yo soy Mermoa. Maldita sea, lo soy. Y se niegan a verlo. Yo soy la misión. Yo soy el diario. Yo soy Satu. Me obedecerán, o aplicaré la regla básica de la misión: todos son prescindibles.


Por supuesto, me bastó solo con recordarle mi rango y su deber. Mientras me colgaba la correa del fusil, quise darle una motivación extra. Si no lo haces por nosotros, hazlo por salvarle a él. Y con eso bastó. Maldita escoria egoísta. Salió rauda como un torrente hacia el edificio.


No he oído ninguna explosión. Apenas algún disparo de esa máquina infernal suya. Supongo que seguirá viva… O más nos vale. Logramos llegar hasta el nuevo refugio, en el edificio antiguo. Según Vellamo, tiene símbolos y motivos similares a la otra construcción. Otro lugar sagrado. Algún unaiti ha aporreado nuestra puerta, y con cada golpe, se le unen más y más. Es irónico que ahora mis esperanzas estén en Lumi.


Vellamo está lleno de ira. Me sorprende que aún no haya intentado matarme. Le dije que la idea había sido suya, que ella decidió ser la distracción. Ante todo, necesito que Vellamo dirija su furia hacia los unaitis una vez haya muerto Lumi.


Sí, Lumi ya no es prescindible. Ahora es una de las piezas básicas de la misión. Su sacrificio hará posible que el equipo se salve. Llegaremos a la lanzadera con una de esas cosas, y suplantaré a Oskari. Haré una acusación formal de traición, y le relevaré del rango de capitán. Si es el yarvi que creo que es, no se resistirá. Una vez en Mermoa, será juzgado como el Triunvirato crea conveniente. Y la Laestisa logrará cumplir su misión. Y yo sobreviviré.

Entrada 33 – Oskari

Capitán Oskari, piloto principal
Ciclo 87
Sistema: 9º
Laestisa II: órbita de Valmeri
Archivo de audio [Transcrito]

He decidido grabar todas las conversaciones a partir de este momento. Después de todo lo que recogió Satu sobre mí, poco importa ya. Quede testimonio pues del desenlace de vuestra tripulación perfecta.

Si Satu sobrevive, no descarto resarcirme con ella una vez esté en la Laestisa. Pero está confusa y enferma. Y vuestro proyecto, vuestro maldito experimento… Quiero comprobar si Satu puede cambiar de parecer. Para detener el adoctrinamiento del Triunvirato sobre la población, pensé en un principio. Luego llegué a la conclusión de que me mataréis en cuanto ponga un pie en Mermoa. Por ello me serviré del diario, por si alguien ajeno al Triunvirato leyese esto.

Satu apenas responde al intercomunicador, pero he podido hablar con ella lo suficiente para saber que sigue en condiciones de seguir mis indicaciones y llegar al refugio del resto del equipo. Ya he contactado con Viljo para que cubran su huida en cuanto llegue a la plaza.

La tripulante Miska me ayudará. Miska buscará rutas alternativas y mantendrá vigiladas las cercanías de la plaza. Ella informará al equipo de tierra, mientras yo me ocupo de dirigir a Satu.
Allá vamos.


[Estableciendo comunicación: intercomunicador 4. Tripulante Satu]

Tripulante Satu, aquí el capitán Oskari. ¿Me recibes?

– …

Satu, aquí el capitán Oskari, ¿me recibes?

– No mintáis. No mintáis.

Satu, soy yo, Oskari.

– Me da igual. Seas quien seas, estoy cansada de oíros. Parad, dejadme en paz, el agua está cerca. Soy Aitivera, mis hijos me llaman y he de acudir, o de lo contrario el capitán se enfadará. Le engañé, ¿sabes? En el fondo me daba igual.

No me lo pongas más difícil…

– Ya voy, ya voy. Mis hijos me llaman. Dicen que el agua está cerca. Que los unaitis mienten, porque quieren ser hijos míos. Debería abrazarles también.

Satu, ¿recuerdas lo que hablamos antes? Te llevaría a un lugar seguro. Dijiste que querías ir.

– ¿Me necesitan en otro lado? ¿Te lo han dicho mis hijos? La Madre ha de responder.

Sí, te necesitan. ¿Vas a escucharme? ¿Harás lo que te diga?

– Sí, capitán. Sácame de aquí.

Miska, contacta con el equipo de tierra. Aprovechemos que empieza a tener momentos de lucidez.

– Recibido.

Satu, escúchame. Tan solo tiene un cuchillo, así que mi primer orden es que no te detengas por nada. No mates a ningún unaiti a no ser que lo tengas encima. No te pares, no dejes de correr en línea recta hasta que te indique otra dirección. Acabaremos pronto, ¿de acuerdo? No estás muy lejos de su posición. Ellos te ayudarán.

– Ellos, claro.

Sal del edificio.

– Pero entonces no podré escucharos.

Satu, soy Oskari. ¿Me reconoces?

– No te creo. Pero me ayudaste ahí dentro, cuando todo estaba oscuro. Me dijiste que solo podía confiar en ti. A mamá no le hice caso. Y al final le conté a Oskari su secreto. Me dijiste que no lo hiciese, pero que era decisión mía. ¿Me equivoqué?

No, no te equivocaste. Y ahora, ¿me seguirás haciendo caso?

– Estoy fuera del edificio. Oigo el agua… Está cerca, ¿verdad? El suelo y las paredes están mojados, y hace frío. Hay agua. Déjame ir.

No, no. Tienes que llegar a la plaza, ¿me has oído? Soy lo que quiera que sea que has estado escuchando antes. Obedéceme.

– Pero quiero oír el agua. Voy a quitarme este aparato, no me deja oír bien.

¡No! No te quites el intercomunicador, o no podrás escucharme. ¿Me has entendido?

– Pero me habláis desde dentro. A mi cabeza. Esto no me deja escuchar el agua. Al menos quitaré esto, me molesta al hablar.

¿Qué has hecho? ¿Satu? ¿Me escuchas?

– Creo que ha arrancado el micrófono, capitán.

Mierda… Satu, si aún puedes oírme, empieza a andar. Tienes que correr en línea recta por la calle hasta que llegues a una pequeña plaza, ¿de acuerdo? ¡Ya!

– Se mueve. Pero va muy lenta, creo que está andando.

Satu, tienes que correr, o te alcanzarán en cuanto te vean. Si me estás escuchando, ¡corre! ¡Corre por tus hijos, por Aisyva!

– Has debido asustarla. Ahora corre como si estuviese nadando.

Muy bien, muy bien. Llegarás en seguida. Ahora verás dos calles, una que sigue recto y otra que baja a tu derecha. Sigue por la derecha. Y no dejes de correr.

– De momento está obedeciendo… Debería llegar en breves a la plaza. Equipo de tierra, aquí tripulante Miska. Informe de situación.

– Aquí oficial primero Viljo. Oímos aullidos de unaitis a lo lejos. Creo que haber escuchado un grito yarvi, aunque no estoy seguro. Estamos listos y a la espera de órdenes.

¿Se ha detenido?

– Sí… Creo que la han cogido. ¡Espera, se mueve!

Pasa a imagen real.

– Madre… Está rodeada. Creo que ha matado a uno.

¡Satu! ¡Corre, no te pares, corre! ¡¡Corre!!

– Está avanzando. Ha tumbado a un unaiti y sigue corriendo. La señal es muy mala…

Pásame el comunicador. Viljo, aquí el capitán Oskari. Quiero a Vellamo listo para disparar desde la ventana de vuestro refugio. Tú bajarás inmediatamente a la plaza, proteged a Satu desde dos alturas. Y quiero a alguien más describiéndome cada detalle de lo que suceda. ¡Ahora!

– Recibido, capitán. Seija, ponte junto a Vellamo e informe a la Laestisa. Tú, dispara a todo unaiti que veas con el rifle de aumentos. Lumi, tú bajas conmigo. ¡Adelante, vamos, vamos!

Satu, no sé si me oyes, pero no pares de correr. ¡Ya falta poco!

– Se está desviando…

¡Satu! ¡Continúa recto! ¡Que no te acorralen!


[Comunicación interrumpida]

¡¡Satu!!

– La señal se mantiene activa, señor, pero se ha detenido.

¿Tienes forma de rastrearla a ella en lugar de al intercomunicador?

– No… Se lo ha debido quitar. No lo sé.

– Esperamos órdenes, capitán. Oímos a los unaitis corriendo y gritando cerca de aquí. Cada vez más cerca de la plaza.

Oficial primero, Satu cambió de recorrido. Puede aparecer por cualquiera de las dos calles que entran a la plaza, a vuestra derecha según habéis salido del edificio. Que cada uno cubra una de las dos entradas, y abra fuego en cuanto vea a un unaiti. No corráis más riesgos, si Satu no aparece, volved de inmediato.

– Recibido, capitán. Lumi, tú la primera, sigue esta calle. Yo iré a la siguiente.

Seija, ¿puedes verles?

– Sí, capitán.

¿Vellamo?

– Puedo cubrir ambas entradas desde aquí, señor.

Intenta ayudar también a Viljo. Seija, quiero una descripción detallada de todo lo que suceda, nuestra visibilidad es mala.

– Se oyen a los unaitis, señor. Viljo y Lumi están protegidos en las esquinas del edificio que forma las dos calles de entrada a la plaza. De momento solo se escucha el rugido de las criaturas, y la persecución. Satu aún debe resistir…

¿Oficiales?

– Capitán, tengo unaitis a tiro. Se dirigen hacia la plaza, o en dirección a Satu.

Distráeles Lumi. Dispara.

– A la orden.

Seija, continúa.

– Ya no oigo a los unaitis, solo cuando gritan llamando a otros. El rugido de las armas valmeris es espantoso… Vamos a tener a todas esas cosas golpeando nuestra puerta otra vez.

– ¡La veo, capitán! ¡Está viva!

¡Viljo, cúbrela, ya!

– ¡Son demasiados, señor! ¡He atraído a demasiados!

– Lumi retrocede, capitán. Madre… Hay demasiados para ella. Viljo está empezando a retroceder también. ¡Todos los unaitis que se agolpaban en nuestra puerta se escondieron por aquí cerca! ¡Los hemos vuelto a atraer a todos!

Lumi, busca cobertura. Vellamo, ayúdala a retirarse.

– Vellamo lleva un rato disparando, señor. Veo a Satu. Se mueve como el agua… Pasa junto a Viljo, que ahora se mantiene en su posición. El oficial primero está recargando… Madre, van a desbordarles. Tiene que volver, capitán, ¡tienen que volver!

– Capitán, vamos a perder la conexión. Podríamos tratar de igualar la velocidad orbital a la de la rotación de Valmeri…

Espera. Gastaríamos mucho combustible sin una órbita estacionaria. Espera un poco más…

– ¡¡No puede más, capitán!! ¡Sáquela de allí!

– Vellamo tiene razón, señor. O suben, o les superan.

¿Qué hay de Satu?

– Está corriendo por la plaza, no sabe a dónde ir. No podemos comunicarnos con ella… No me había fijado… Intenta salir de la plaza. Le cortan el camino. No, no, por ahí no, ¡por ahí no! ¡Que alguien la ayude!

¡Seija, baja!

– No llegaré a tiempo, la han cogido, y… Oh, Madre, oh, Madre…

¡Vellamo! ¡Dispara, a lo que sea!

– ¡No tengo tiro, podría darle a ella!

– Madre…

¿Seija?

– Está muerta, capitán. Satu está muerta…

[Comunicación interrumpida]

Entrada 32 – Kaarle

 

Tripulante Kaarle, equipo de investigación, biólogo
Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo de escrito


El plan me pareció una locura desde el principio. Pero, ¿quién soy yo para cuestionar órdenes? Al menos las estratégicas.

Lumi está despertando. Quizás desde hace mucho tiempo, pero seguía teniendo miedo a mostrar sus preocupaciones para con la misión. Contando a Seija, ya van dos. En otra situación, la idea de una tripulación consciente de sí misma, de las mentiras que les contaron sobre la misión, me habría atemorizado. Pero gracias a eso, hemos salido con vida del muro de contención valmeri. Y gracias a Oskari.

Cuando se hizo evidente que los unaitis iban a continuar alimentándose de carroña, no quedó más alternativa que salir y abrirnos paso hasta el refugio. Al menos, Lumi y yo pensamos en esa última parte. Viljo se comunicó con Vellamo, y le dijo que no íbamos a regresar. Que, ya que él tuvo entrenamiento militar y por tanto sabe pilotar una lanzadera, aprovechase el estruendo que causaría nuestro enfrentamiento con los unaitis para escapar con Seija y Seppo. Cuando le ordenó que capturase a un unaiti con vida y lo llevase a la Laestisa, todos saltamos al unísono. Vellamo, desesperado, le gritó por el intercomunicador que ni se le ocurriese sacrificar al equipo – es decir, a Lumi –, Lumi y yo, aunque asustados por la nueva demencia suicida de Viljo, le dijimos que llevar un unaiti a la Laestisa era una locura.

Entonces el oficial primero calló y nos miró. Con esa mirada que tiene desde hace unos días, analítica y perturbadora. Contrajo el rostro en una mueca de asco, nos llamó escorias, y apagó el intercomunicador. Discutimos. Lumi se mantuvo apartada, vigilando la puerta y mandándonos callar. Yo me desesperé. Con esa reciente faceta fría y calculadora, Viljo me dijo que era un miserable por pensar en mi vida antes que en nuestro objetivo final. ¿Y cuál podía ser sino llevar a una de esas cosas a Mermoa? Una locura, una estupidez solo fruto de las mentiras de nuestros padres. Aquello había llegado demasiado lejos. Quise decir la verdad, explicarle que todo era un engaño fruto de un plan demasiado elaborado para explicarlo con los unaitis empezando a husmear nuestro escondite. Viljo hizo oídos sordos a mis súplicas, y me apuntó con una de las pistolas de tierra valmeris. Eres una vergüenza, me dijo mientras cargaba el arma. Eres más prescindible que ninguno de nosotros. En honor a la verdad, reconozco que me quedé paralizado. Pero Lumi no. Desde la puerta, y con gesto incrédulo, levantó su arma en dirección a Viljo.

Esa era nuestra situación, querida Mermoa. Un yarvi dormido, una yarvi recién despierta, y un insomne entre dos cañones. ¿Qué os parece? Seguro que os morís de ganas por saber el desenlace. ¿Consideraríais apasionante que uno de los dos pulsase el disparador? Lamento decepcionaros.

Oskari llamó a Viljo, y Lumi suspiró aliviada. Yo tenía el corazón a punto de estallar. Me había visto con los sesos esparcidos por el suelo. El capitán pidió un informe de situación, y cuando Viljo reconoció que estábamos asediados – callando los últimos acontecimientos – el bueno de Oskari trazó un plan para sacarnos de allí con vida. Me sorprendió. El máximo exponente del lavado de cerebro de la Laestisa, salvándonos el pellejo. Inaudito. Me he estado perdiendo muchas cosas.

El plan era, como digo, una locura. Al menos en lo que a mí respecta. Aprovecharíamos las explosiones de las armas de propulsión valmeris para atraer la atención de los unaitis, tal y como Viljo había pensado en un principio. El muro de contención valmeri, aunque en mal estado, todavía era defendible. Esa era la peor parte. Lumi y Viljo se quedarían llamando a todo unaiti de la ciudad con el reclamo de la pólvora, mientras yo me escabullía por las calles libres hasta el refugio, cargando con una de las bolsas de armas. Una vez estuviese a una distancia suficiente, avisaría a los dos suicidas para que corriesen hacia mi posición. Cuando llegase al refugio, tenía que darle el rifle con visor de aumentos a Vellamo y uno de los fusiles de tierra a Seija, para que cubriésemos la retirada de Lumi y Viljo desde lo alto. Solo había un pequeño problema. Que entonces tendríamos a una masa enfurecida de unaitis golpeando la puerta de nuestro escondite. Improvisad, dijo Oskari. Maldito cabrón.

Tratando de dejar a un lado el arrebato asesino de Viljo, nos pusimos manos a la obra. Viljo se guardó dos pistolas de tierra, un fusil de tierra y un cuchillo de combate. Lumi se pertrechó con lo mismo. Yo, que no podía con tanta carga, me llevé solo una pistola y un cuchillo, además de la dichosa bolsa. Respiramos hondo, nos dirigimos una última mirada de odio, y abrimos la puerta.

Viljo y Lumi barrieron a los primeros unaitis con varias ráfagas certeras. Por Aisyva, cuánto ruido hacen esas dichosas armas. Al momento, todos los unaitis de la zona se dirigieron a nuestro encuentro. Lumi y Viljo los abatieron mientras avanzaban con paso firme hacia el muro de contención. Aunque Lumi ya había advertido sobre ello, observé que acusaban el retroceso de los fusiles. Cuando llegaron al muro de contención, habían matado a todos los unaitis que se habían congregado en el lugar para alimentarse. Aprovecharon para rematar a las criaturas más cercanas, y levantaron las vallas y paneles de metal caídos. Los aullidos terribles de los unaitis se extendieron por toda la ciudad. Aparecieron por fin, y les recibió el estruendo de los fusiles vomitando fuego. Disparaban a las piernas para hacerles caer y frenar su avance, cuando no al pecho, directo al corazón. Al dejar de acudir criaturas desde la calle por donde habíamos llegado nosotros del refugio, me tocó el turno a mí.

Corrí como no recuerdo haber corrido en mi vida. La bolsa, cargada a mi espalda, daba bandazos de un lado a otro golpeándome la cola y las costillas, pero no me importó. No había recorrido ni la mitad del camino, cuando tres unaitis se abalanzaron sobre mí. Uno me derribó, y sentí un crujido en la espalda. Gritando de dolor, saqué la pistola y le disparé al vientre mientras trataba de evitar que me clavase los dientes. El olor fétido de la criatura me inundó las fosas nasales, y sentí nauseas. Me mareé, y cuando creía que iba a desfallecer, algo me agarró por los hombros y me arrastró por el suelo quemándome la cola. El unaiti al que había disparado se levantó y fue dando tumbos hasta mí. Pero yo estaba ocupado intentando sujetar a la criatura que me había agarrado. Tendido sobre mí, me golpeaba con los puños en la cabeza y en las costillas, y las armas a mi espalda se me clavaban en el cuerpo. Sin aliento, rodé sobre mí mismo, me puse de rodillas y disparé varias veces sin saber muy bien a dónde. El retroceso de la explosión de pólvora desvió los disparos, lo suficiente para que mis tiros errados diesen en el pecho y en la cabeza del unaiti.

No tuve tiempo para maravillarme por la suerte que había tenido. En seguida el unaiti al que había herido me dio alcance. Me agarró de la cabeza y me arrastró hacia atrás. Debía de estar perdiendo mucha sangre, porque sus movimientos eran torpes y sin fuerza. Pude zafarme y, esta vez tratando de contener el retroceso, le volé la cabeza de un disparo. Lo que a mí me parecieron ciclos, debió transcurrir en un suspiro, porque el tercer unaiti estaba terminando su grito de caza. Sin tener en cuenta la suerte que habían corrido sus compañeros, corrió hacia mí. Le disparé a las piernas, y le rematé. Tres de esas cosas me habían dejado al borde del desmayo. Y yo estaba armado en todo momento. Por la Madre, qué criaturas.

A lo lejos oía los disparos de Lumi y Viljo. Aprovechando que la distracción continuaba, y que tanto mis detonaciones como el grito del unaiti apenas habrían llamado la atención, seguí corriendo como buenamente pude. Cada reflejo en los cristales era un sobresalto. Lumi me gritaba por el intercomunicador, suplicándome que me diese prisa. Y cada vez que oía su voz, me giraba imaginando a un unaiti hablándome al oído. Desorientado, sangrando profusamente por la brecha reabierta de la cabeza, fue un milagro que llegase a la plaza. Les di la señal para que volviesen al refugio, y grité a Seija y Vellamo que abriesen la puerta.

Una sobresaltada Seija me recibió. Me dejé caer sobre ella, y me ayudó a subir hasta el refugio. Le explicaba atropelladamente la situación, y respondió a la perfección. Me quitó la bolsa sin más miramientos, le tendió el rifle a Vellamo y ella se colgó un fusil con la correa. Les expliqué brevemente cómo funcionaban las armas, tratando de recordar las instrucciones que me dio Lumi. En la bolsa había munición suficiente para lo que tenían que hacer, ya reunida en cartuchos. Abrieron las ventanas que daban a la plaza, y esperaron. Aproveché el instante de descanso para atarme una cinta de tela valmeri arrancada sobre la cabeza, y así evitar que la sangre me cegase. Sin saber muy bien dónde estaba ni lo que hacía, cogí un fusil de la bolsa y me puse junto a Seija en una de las ventanas. Y esperamos.

Seija se mordía los labios. Vellamo temblaba de rabia, supongo que recordando la conversación con Viljo y el miedo que había sentido – y sentía – de perder a Lumi. Sonaban ráfagas de disparo a lo lejos, y los gritos de los unaitis, algunos cortados en seco. Entonces aparecieron.
Les perseguía un gran número de criaturas. Enorme. Pensé en cómo tuvo que haber sido para los valmeris resistir la oleada de muerte que se derramaba por la plaza como agua embravecida. Al momento, Vellamo comenzó a disparar. Cada detonación, un unaiti muerto. Es un gran tirador. Seija tardó unos momentos en acostumbrarse al retroceso del fusil, y junto a mí, pronto bañamos la plaza de ráfagas certeras. De algo tenían que seguir las clases de tiro en la Laestisa.

Viljo y Lumi disparaban a ciegas, cargando ambos con sendas bolsas. Estúpidos. Deberían haberlas dejado. Lograron llegar a la puerta, sí. La cerraron justo a tiempo, y apuesto a que casi se mean encima cuando los unaitis se estrellaron contra la puerta de hierro.

Aún a sabiendas de que atraeríamos a más de esas cosas hasta la plaza, Vellamo y yo continuamos disparando desde las ventanas, acabando al menos con los unaitis que habían visto dónde nos refugiábamos. Seija bajó a ayudar a Viljo y Lumi, que nada más llegar se unieron a nuestro particular tiro al blanco.

¿Y ahora? Ahora tenemos agua embotellada y agua de lluvia. Un yarvi infectado con la enfermedad que condenó a los unaitis, por una mordedura que sin duda era contagiosa. Armas que son un reclamo para toda la ciudad. Viljo y Lumi tienen contusiones severas por todo el cuerpo, pero aguantan en pie. Yo, por mi parte, no sé cómo sigo con vida.

Creo que lo único que me mantiene despierto ahora es escribir esto, para que seáis testigos del horror que estamos viviendo, aderezado con ese fanatismo yarvi del que sin duda estáis disfrutando. Eso, y la sombra proyectada del unaiti que mi imaginación se esfuerza en construir sobre la puerta, por la luz del satélite de Valmeri.

Me toca guardia a mí, mientras Vellamo atiende a Seppo que vuelve a delirar. Le hemos tenido que amordazar. De lo contrario, los unaitis que corretean por el interior del edificio se pararán frente a nuestra puerta. Ya les oigo en el rellano, cada paso es una punzada a mi corazón y a mis nervios. Tengo la pistola conmigo, mi nueva y fiel compañera.

Y en estos momentos de angustia, solo deseo que esto estalle de una vez. Que reviente la puerta y entren en tropel, y que la furia y liberación del combate rompa con esta angustiosa espera.

Venid, maldita sea, venid. No puedo más.

Entrada 31 – Satu

Tripulante Satu, encargada de personal y salud mental
Ciclo 87
Sistema: 9º
Valmeri
Archivo de audio [Transcrito]

¿Capitán?

– Te recibo. Sigues sin moverte, ¿cuándo vas a ir con los demás?

Cuando esas cosas dejen de aporrear la puerta.

– ¿Estás bien?

Llevo un día entero esperando tu llamada. ¿Por qué no has llamado?

– Estaba coordinando al resto del equipo. Viljo y los demás se han separado, y él necesita un camino alternativo para llegar a su refugio. Los unaitis los han asediado.

Yo estoy sola, Oskari. ¡Estoy sola! Oh, oh, creo que me han oído…

– Te estoy localizando. Estás lejos del grupo. Tienes que moverte, Satu.

Tengo la entereza suficiente para aguantar aquí el tiempo que haga falta.

– Te tiembla la voz. Estás hablando en susurros. No es hora de mostrar orgullo, Satu. Tienes que sobrevivir.

Estoy en un refugio, ¿sabes? Uno de verdad. Hay una cama raída, con mantas sucias y malolientes. Restos de comida podrida, papeles con imágenes de la ciudad, ropas valmeris que apenas abrigan. El techo ha comenzado a gotear, y el agua sabe a tierra y a podredumbre. Y está oscuro. Se filtra luz bajo la puerta, pero no es suficiente. Me siento observada, y noto una respiración en la nuca, un aliento frío que me hace tiritar.

– Sabes mejor que nadie que son…

¡Son ilusiones! Por supuesto que lo sé… Calla, no me hagas gritar… Silencio…

– … ¿Satu?

Están arañando la puerta. Chillidos agudos y algo rasgando la madera húmeda. Y el continuo repiqueteo. Parece que haya cientos de ellos, por toda la habitación, golpeando el refugio por todas partes.

– Tan solo es lluvia. Está lloviendo desde ayer.

Trato de respirar con normalidad y tranquilizarme. Me meto bajo las mantas, encogida, y miro hacia la luz que se dibuja bajo la puerta. Fijamente. Día tras día. Esperando que se abra y cese el ruido. Quiero que dejen de arañar la pared, Oskari. Por favor. Quiero dormir. Si cierro los ojos no veré la puerta, y si no la veo, sé que aprovecharán para entrar.

– No, no es cierto.

Claro que no. Es una locura, pero es así. Ayer cerré los ojos, y entraron. Ahora tengo que apartar el cuerpo del unaiti muerto, no me deja ver la luz de la puerta. Pero no me atrevo a levantarme, a acercarme y a volver a tocarle. Cuando le abrí la garganta salió agua, un chorro de agua que me empapó las manos. Casi llorando, apreté el cuchillo y dejé que me bañase entera por fin. El cuerpo pesaba demasiado, así que lo dejé caer, cerré la puerta y me lavé entera, agradeciendo a la Madre el agua que me traía el unaiti. Luego pensé que era sangre. Y cuando me di cuenta de que me había bañado en la sangre de esa criatura, me escondí en un rincón de la habitación. Ahora está seca, y me tira la piel.

– Tengo tu localización. Van a ir a buscarte, Satu. Tranquila, tienes que dormir. No es real, puedes dormir.

¿Y por qué no iba a poder? Claro que puedo dormir. Eres como ellos, deja de decirme lo que puedo y no puedo hacer.

– ¿Como ellos?

Los que están en la habitación. No los veo, porque está oscuro. Pero me hablan, me dicen que no me duerma. Me soplan en el cuerpo con su aliento helado y me hacen tiritar. Tengo la piel pegajosa, y seguro que también es cosa suya.

– Satu, ¿qué me acabas de decir?

Que estoy cansada, y tengo frío. Se me pegan las mantas a la piel, y no sé por qué. ¿No tenías preguntas para mí? ¿No querías interrogarme? Adelante, yo no tengo otra cosa que hacer que mirar esa maldita luz bajo la rendija de la puerta. Si no, no me dejarán en paz, y quiero dormir.

– Maldita sea…

Habla de una vez. ¡Habla! Chssst, chssst. Vuelven a chillar y a roer. Detrás de la puerta. Háblame, así yo no haré ruido, y los otros no me hablarán.

– Está bien… La otra vez dijiste algo acerca de un experimento. ¿De qué se trata?

No debería decírtelo. Claro, ya da igual. Calla, calla, ya lo sé, no pierdo nada. Muy bien, Oskari, te lo diré, pero no se lo cuentes a mamá.

– No se lo contaré.

¿A quién?

– Da igual, dime.

Somos el resultado final de un gran experimento. ¿Te creías que la misión era investigar unos cuantos planetas? Mucho esfuerzo, los yarvis no tienen tanta curiosidad. Sí, será un avance en conocimientos, en biología, quizás en tecnología gracias a Valmeri. La creación de la Laestisa II fue un impulso a la tecnología de Mermoa. Algo impresionante, se rompió el techo que había impuesto la Laestisa I tras la misión en el Sistema Isholvi. Pero, requirió tal trabajo, tal unión, que el Triunvirato vio un gran potencial en el proyecto Laestisa. ¿Y si se llevase la cohesión que había logrado el Triunvirato al resto de la sociedad yarvi? ¿Sería posible? ¿Cómo hacerlo?

– Espera. El Triunvirato no tiene poder en los lagos. Los Tres son simples representantes escogidos entre los lagos que formaron los primeros programas espaciales. El lago Vanharvi es el único que tenía un programa espacial único, así que tiene asegurado un puesto en el Triunvirato… Pero los otros dos deben ser escogidos entre muchísimos lagos. ¿Cómo iban a ponerse de acuerdo para controlar los gobiernos?

Mira lo que consiguieron, Oskari. Si pudieses verlo tan claro como veo yo la luz… Mírala, tenue, apenas entrando en la habitación. Poco a poco. ¿Lo ves? Ningún lago habría sido capaz de crear las misiones Laestisa. Necesitaban el apoyo de todos, que los yarvis fuesen conscientes de que debían continuar avanzando como especie, y el único camino que quedaba era el espacio. Así que se creó el Triunvirato, y con aportaciones de dinero, tecnología y personal, cada lago se implicó en la creación del programa espacial definitivo. No representando a un lago, sino a Mermoa. La unión, el trabajo de todos, se logró gracias a este programa que inculcó responsabilidad, acabó con el egoísmo de los lagos y dio paso a la solidaridad. Tecnológica, al menos. ¡Qué gran avance! Sí, sí, chssst. Ya vuelven a roer la puerta.

– El Triunvirato hizo posible un avance común en todas las ciencias. Sí, eso ya lo sabía. ¿Qué intentas decirme entonces?

El Triunvirato logró poder, dinero, tecnología, conocimiento. Representaba a todos los yarvis. ¿Por qué no gobernarlos también? Si todos los yarvis tuviesen un objetivo común, dejasen a un lado su individualidad y viviesen por y para el Triunvirato, estos tendrían la capacidad de lograr que Mermoa alcanzase un modelo de Gobierno tan exitoso como el programa Laestisa.

– Vivir por y para la misión.

Exacto. Exacto. Pero pocos aceptarían eso, ¿no? No hablo solo de los lagos, sino de cada individuo. Toda una vida trabajando, predestinada a cumplir con la felicidad yarvi en lugar de la propia. Qué aburrido. Qué pereza. Qué poco interés. Vagos. Traidores. Así que se creó un programa. Algo maravilloso. Un entrenamiento para formar a los yarvis perfectos, tan conscientes de su misión y fieles, que su felicidad radicaría solo en lograr la satisfacción de todos. Se aprovechó para llegar allá donde nadie pudo, para así tener un mensaje que dar a Mermoa. Esto es lo que hemos logrado gracias a esta tripulación perfecta. Funciona, aquí lo tenéis, imaginad lo que lograríamos si instaurásemos esto. Es perfecto. Tan bello.

– ¿Nuestra existencia tiene como único fin servir? ¿Eso es lo que quieres decir?

Calla, calla.

– Maldita sea Satu, te han lavado el cerebro. Nacidos sin hogar, sin más vida que la estúpida misión, de planeta en planeta, para luego llegar a nuestra supuesta casa y que nuestro sufrimiento sea extendido por todo Mermoa. Más niños sin destino. Sin capacidad de decisión. El Triunvirato está sediento de poder, Satu, tienes que verlo.

Traidor, traidor, traidor.

– ¡Escúchame!

¡No! ¡No quiero escuchar más! ¡Haz que se callen! ¡Haz que se callen!

– Satu, te van a oír.

Y a ti también, ¡y a ti también!

– ¿Quién me va a oír?

Mermoa. Te estoy grabando, Oskari. Igual que me graban ellos.

– ¡¡Maldita escoria de Aisyva! ¡Dijiste que podía confiar en ti!

Ellos me graban. Ellos me escuchan. Están aquí, están en mi cabeza, los unaitis me hablan y me dicen que abra la puerta. Que tienen más agua en su interior. Quiero agua, Oskari, tengo sed, y necesito agua. ¿Tienen razón? Su agua es dulce y cálida, pegajosa si la dejo secar, pero no me importa. Solo quiero nadar. ¿Puedo?

– Escoria…

El Triunvirato está muy lejos. No te preocupes. No te hará daño. Ellos dicen que no nos harán daño. Me hablan, me acunan. Otras veces me pinchan, y duele. Ay, como ahora. Duele, duele. Voy a salir. Quiero el agua de los unaitis, ellos me ayudarán, ¿verdad? Sí, verdad.

– La comunicación se va a cortar. Te acordarás de esto, Satu. Más te vale morir allí abajo, o que esa locura se apodere de ti del todo y no seas capaz más que de gemir atada a una cama. Hija de Aisyva, escoria del agua.

¿Agua? Hay agua, afuera, seguro que sí.

– No, no, mierda, no salgas fuera.

Si no lo hago no se callarán. Me lo han dicho. Me lo han prometido.

– Espera, hablaré con el equipo. Les daré tu localización, irán a buscarte. Y luego podremos hablar con tranquilidad.

¿Hablar? No, no quiero que sigan hablando. Haz que se callen, por favor, Oskari, diles que me dejen en paz.

[Comunicación interrumpida]

Silencio, silencio. Ya vienen. Ya están aquí.